lunes, 6 de diciembre de 2010

El secreto de sus ojos: muchas gracias Campanella

(Escrito el 16 de junio de 2010)



El secreto de sus ojos es sin lugar a dudas la mejor película estrenada este año. No sólo para un circuito tan pequeño como el de Bucaramanga, ni tampoco para el de Colombia. Va mucho más lejos. Cuando se presentó en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, fue la mejor película exhibida por encima de las latinoamericanas, de las españolas, de las europeas y en general, por encima de toda la muestra internacional.
Hacia mucho tiempo una película  con una historia de amor de por medio no conmovía tanto a los espectadores. Aunque no es costumbre como si lo era en el pasado aplaudir al final de la función, esta obra merece que en cada visionado el espectador se levante de su butaca para darle una venia. Merece todos los aplausos de público especializado, cautivo, masivo y también del descreído. En los premios Oscar y en los Goya, acertaron al elegirla como la mejor película extranjera y latinoamericana respectivamente.
El secreto de sus ojos deja tan buen sabor al final, que es una de las pocas películas que  inmediatamente al terminar de verla, provoca la sensación de querer repetirla. Desde lo grande a lo pequeño esta película es inmensa y al mismo tiempo íntima.  Tiene una consistente estructura investigativa que empieza con la trágica historia de un crimen cometido contra Liliana Colotto una bella y joven mujer  en el año de 1974 y por el cual la valentía de dos idealistas investigadores de la rama judicial, se enfrentará contra el corrupto sistema penal de la ciudad de Buenos Aires.  Paralelamente mientras avanza el seguimiento de las pistas, se desarrollan dos historias de amor, una de ellas dolorosa con un personaje destruido y la otra de ellas, la platónica , con un personaje soñador. Ante el poder ejecutado del sistema, el encuentro de estos dos amores son los que redimirán la historia de Ricardo Morales el esposo de la mujer violada y asesinada y Benjamín Espósito el insistente investigador judicial enamorado de su jefe Irene Menéndez – Hastings.
Los pequeños detalles del arte de los años setenta de las locaciones, los diálogos calmados y profundos, el humor que a pesar del drama llega en el momento justo y el maquillaje de todos sus protagonistas, la convierten también en toda una experiencia de deleite visual. Pero también esta su emotiva música en los encuentros claves de los personajes que tardan 25 años en resolver sus deudas que más allá de si mismos, son deudas que tienen con los seres que aman y que amaron.
Esta magnífica película esta basada en la novela La pregunta de sus ojos del escritor Eduardo Sacheri, quien también escribió el guión con el director Juan José Campanella, tal y como lo hicieron al inicio de los años setenta Mario Puzo y Francis Ford Coppola con El padrino y se puede notar sin leer la novela, que reconstruyeron una estructura sólida, que permite disfrutar de los personajes, otro de sus puntos fuertes. Los diálogos permiten entrar en las profundidades de sus pensamientos y sus sentimientos. Y para lograr esto, las actuaciones han estado gigantes, y sin exageraciones. Ricardo Darín de quien dicen muchas veces que se interpreta a si mismo en todas las películas, representa con tanta humanidad a un obsesivo Espósito, que lleva sobre su piel todo el peso narrativo y lo hace con tanta fortaleza y delicadeza que se roba los aplausos. Soledad Villamil es la mujer de las miradas, esa mirada que va madurando, desde el entusiasmo, al miedo, pasando por la fe, el olvido y terminando en la esperanza. Esta película la hará inolvidable a ella. Guillermo Francella es quien tiene la reivindicación más grande en la obra. Actor de televisión, de comedias familiares, hace el papel de Pablo Sandoval, el alcohólico investigador quien con sus bromas, le da más verosimilitud a la historia. Además es quien tiene las mejores líneas de la película, en su diálogo acerca de la pasión. Por último, están Pablo Rago y Javier Godino, el primero haciendo el personaje más contenido y sorpresivo de la obra, el segundo, la encarnación del antagonismo sin sobreactuaciones ni gritos, ni tampoco discursos ridículos. Silencioso y mortal.

Esta es una película para apasionados, pero no para aquellos que tienen pasiones cortas que se incineran y se hacen cenizas rápidamente. Es para los apasionados que viven con la pasión diariamente y que les da su razón para vivir a largo plazo, así la muerte les arrebate gran parte de sus sentimientos. 
¿Quien no quisiera tener una gran historia de amor como esta? Si desde Colombia le hemos dado al mundo de la literatura una historia de amor tan hermosa y bella como El amor en los tiempos del cólera, Argentina le ha dado ahora al mundo del cine una historia de fe, que vence el tiempo y la distancia.  Con esta obra Campanella nos hace tener fe en el cine, una fe apasionada. Muchas gracias a Campanella y a su equipo por darnos esta obra maestra.

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