domingo, 5 de diciembre de 2010

La isla siniestra: Scorsese, el mejor director de los años setenta que salvaron a Hollywood

(Escrito el 19 de mayo de 2010)


Desde que ganó el premio Oscar a mejor película y a mejor director en 2006 por Los Infiltrados, el norteamericano Martin Scorsese esperó cuatro años para realizar su siguiente proyecto de largometraje, Shutter island (La isla siniestra).   Pero eso no significó que estuviera quieto y tranquilo.  En ese periodo dirigió lo que muchos soñaron con hacer pero no pudieron, como lo fue un documental acerca de los Rolling Stones, llamado Shine a light, en el que convivió con ellos durante dos conciertos realizados en Nueva York en 2006, y asimismo dirigió el piloto de la nueva serie de televisión de HBO de doce episodios Boardwalk empire, sobre los gángsters y la prohibición de licor en el desarrollo una ciudad pecaminosa como Atlantic City.  

A sus setenta y siete años es uno de los directores más productivos, pero al mismo el más profundo de la generación de los años setentas que salvó a Hollywood en la que estuvieron Spielberg, Lucas, Coppola y DePalma.  De este notable grupo hoy por hoy, Scorsese es quien ha hecho más obras artísticas y explorativas en las últimas décadas en el cine de Hollywood, alejándose del interés comercial de estos y ha demostrado con sus recientes trabajos que cuando Spielberg, Lucas y Coppola le dieron el Oscar en 2006 por Infiltrados, le estaban dando el mensaje: “Marty, ahora eres el mejor de todos nosotros”.  Sus documentales de la vida de Bob Dylan, de la influencia del cine italiano y norteamericano en su obra y de la despedida de la banda de Bob Dylan, lo ubican como un hombre receptivo y humilde al aporte de otros grandes artistas.
 La isla siniestra no es su mejor obra, pero sin lugar a dudas estamos  al frente de una película concebida con un gran conocimiento del desarrollo de la historia del cine y usa muchas de las técnicas de la puesta en escena para hacer un relato paranoico y febril.  Iluminación expresionista en la desorientación del personaje de Teddy Daniels en el pabellón prohibido, surrealismo en los recurrentes sueños con su esposa, exploración en el thriller de Hitchcock con sus vericuetos mentales y también un aporte al mundo gótico con el recorrido a la fortaleza que es el sanatorio mental de la isla.  También hay algo maravilloso en esta obra y es la muestra conciente de las costuras de la producción y el montaje, casi como errores obvios que narran la versión que Daniels está construyendo en su cabeza. Son muestra de ello los saltos en raccord de las acciones en movimiento, la desaparición repentina de los personajes secundarios y también el rastro del uso del chroma key en estudio para las escenas de el arrivo del barco a la isla, y la llegada del precipicio que revelan el mundo onírico en que se está metiendo Daniels.  Además su maestría se despliega igualmente en la dirección de las escenas de la segunda guerra mundial, sin haber hecho ninguna anterior en el género bélico, en especial en dos momentos para la memoria: el plano secuencia de ejecución de los soldados alemanes y el descubrimiento de los cadáveres congelados de los judíos en los campos de concentración nazis.
Para hacer esta última película volvió a encerrarse en la sala de montaje durante nueve meses como el director neurótico que siempre ha sido y después de filmar varias posibilidades en producción, tomó las grandes decisiones en la edición.
Scorsese vuelve a trabajar con Leonardo DiCaprio en su cuarta película y en esta en especial, el actor despliega su momento de mayor madurez, ya que fue designado como el heredero de la corona que ostentó por mucho tiempo Robert DeNiro, el antiguo actor fetiche de Scorsese, quien se caracterizó por sus representaciones de personajes obsesivos, enloquecidos, y traumatizados en un espacio de tres décadas en grandes obras como Taxi Driver, Toro salvaje, El rey de la comedia, Cabo de miedo, Buenos muchachos y Casino.  Esta vez DiCaprio avanza en su carrera con mucha más experiencia superando su bajón con El aviador y dejando claro que la llave con Scorsese funciona y seguirá funcionando.

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