martes, 2 de agosto de 2011

Kung fu panda 2: Psicoanálisis para un panda

(Escrito el 25 de julio de 2011)



Cuando los turcos otomanos invadieron los reinos de medio oriente y en especial, la ciudad de Constantinopla, vencieron de manera aplastante a sus oponentes con cañones gigantes y los atemorizaron con estos por varios siglos. Lo mismo sucedió con Napoleón Bonaparte cuando invadió Europa. Su potente ataque con la artillería de los cañones resquebrajaban al enemigo que luego remataba con su numerosa infantería.  La Segunda Guerra Mundial, la inicio Adolph Hitler con una guerra relámpago que tenía como arma mortal los carros de combate blindados, llamados panzers, organizados en 10 divisiones de asalto que arrasaron varios países europeos con sus poderosos cañones móviles.  Así que la presencia de los cañones ha sido un factor decisivo a la hora de derrotar sin piedad al adversario.  Precisamente el reto de vencer el poderío de unos cañones es el que asume Po el panda, con su grupo de amigos en la recomendada película de animación Kung fu panda 2.
En esta segunda parte el nuevo enemigo es Lord Shen, un pavorreal heredero de un reino de la China, quien es despojado de su sucesión por sus padres, debido al uso agresivo que este ha hecho con la pólvora y los cañones.  El objetivo de Lord Shen es apoderarse de todos  los reinos y dirigir su propio imperio de terror. La secuencia de presentación del antagonista, es un homenaje a la tradición narrativa de las sombras chinescas, que la compañía Dreamworks elaboró con mucho respeto con esta tradición de China.
La película dirigida por Jennifer Yuh, quien además es la primera mujer que dirige una película de animación de estudio, es una digna continuación de su antecesora.  Yuh, quien había hecho todo el story board de la primera parte, mejoró las secuencias de acción que son sorprendentes en las escenas en que Lord Shen despliega peligrosas técnicas de combate que despojan el imaginario de la debilidad de un ave de corral como el pavorreal. Asimismo sucede con la secuencia del primer enfrentamiento de la banda de Po contra los lobos aliados de Lord Shen, en el pueblo de los músicos. Este robo del metal de los instrumentos musicales, es una mezcla de comedia, música y acción simultáneamente.  Por su parte, el diseño de producción de las viejas ciudades chinas es igualmente de admirar, porque mantuvo la arquitectura y la iluminación de estos. Los efectos de fuego de los disparos de los cañones, logran también transmitir el temor inicial de las víctimas, ante la aparición de estas sonoras y mortíferas armas de destrucción.
Por otro lado, la película en la profundización de la psiquis de su personaje protagonista, tiene un elemento psicoanalítico de búsqueda del origen del panda, que aunque es un recurso recurrente, en esta obra es narrado de manera que el espectador entiende el conflicto de Po con su padre adoptivo, el ganso Mr. Ping, y que lo distrae de su tarea de héroe de defender a la población de Lord Shen y los lobos. 
Ya que la historia se concentra tanto en Po y sus problemas con el pasado, los personajes secundarios que tanto deleite causaron en la primera parte, quedan relegados y se pierde la posibilidad de disfrutar más del humor del maestro Shifu y también de las peripecias de la banda de Los Cinco Furiosos que acompañan a Po, conformada por la tigresa, la mantis, la serpiente, la grulla y el mono.
Kung fu panda 2 es una obra que reverencia la antigua cultura china, con los templos, el vestuario, los paisajes, la introspección, la comida e incluso con símbolos tan representativos como el dragón, que en una graciosa escena, este animal mitológico pareciera que se comiera a sus enemigos que luego expulsa vapuleados.
Sus seguidores, que aumentaron con esta secuela, pueden esperar más películas de este divertido héroe, porque sus creadores dejaron abierta la puerta psicoanalítica para la tercera entrega. Si mantiene el equilibrio entre humor, acción, historia y animación, será bienvenida.

martes, 19 de julio de 2011

X - Men: Primera generación. Los mutantes vuelven a sorprender.

(Escrito el 13 de julio de 2011)


En las últimas décadas del siglo pasado, los actores de cine que pasaban a trabajar en series de televisión daban el síntoma de una carrera en decadencia, que encontraba en la pantalla chica un lugar para continuar actuando.  La paga no era mala y podían mantener cierto nivel de estatus, para que el público los viera activos todavía. En las dos décadas del siglo XXI los papeles entre cine y televisión se han invertido. Un actor de televisión prefiere mantenerse en una serie de televisión porque su personaje adquiere mayor profundidad sicológica y también, porque el público se conecta más con sus acciones y pensamientos. Esto no pasa ahora en las películas de Hollywood.  Funciona más estar en una película para impulsar la carrera televisiva.  Por esta razón, que en el elenco de la precuela de X Men estuvieran dos reconocidas actrices de la televisión norteamericana, era un signo de que algún elemento confiable tuviera esta cuarta película de los X Men. Rose Byrne ha sido reconocida por su papel de abogada sagaz en las tres temporadas de la serie Damages en donde ha estado en un duelo de actuación con la experimentada Glenn Close. Junto a ella también estuvo January Jones, una de las claves del éxito de la galardonada serie Mad Men que ha recreado los años sesenta en Nueva York.  Y efectivamente no se equivocaron al ser parte de la cuarta película de la saga.  Cuando se podía creer que esta iba a ser una obra con un argumento descabellado, copia de actuaciones de las películas anteriores y un exagerado show de efectos especiales, resultó ser desde su guión, una obra de primera línea con buen entretenimiento que hay que recomendar sin temor a equívocos.
La película concentra su conflicto principal en la sicología de los dos personajes principales, Charles Xavier y Eric Lehnserr, para explicar la incubación de la visión de defensa y ataque que tomará Eric contra los humanos, cuando asuma su nuevo nombre de Magneto, como se le conoció en la primera parte de la saga de los mutantes.  El guión es respetuoso con la historia original e hila toda su trama para que se conecte con la primera que vio el público, incluyendo la creación de los dos elementos simbólicos que en el futuro representan dos personajes.  James McAvoy (Charles Xavier) y en especial Michael Fassbender (Eric Lehnsherr), son sobresalientes en sus actuaciones como los dos protagonistas sin necesidad de parecerse a los reconocidos actores Patrick Stewart y Ian McKellen. La sombra de estos dos veteranos actores no los ocultó, porque brillaron con luz propia.  Es para guardar en la memoria la escena en que Charles orienta el uso de los poderes magnéticos de Eric, con la transformación de la ira por la tranquilidad. Las otras actuaciones secundarias, incluyendo la hermosa frialdad de Emma Frost (January Jones) y la persistencia de Moira McTaggert (Rose Byrne), también están a la altura de los protagonistas.  Kevin Bacon (Sebastian Shaw) como antagonista demuestra una vez más que es un actor multifacético y verosímil.
Las escenas de acción son novedosas, como el primer ataque de Magneto al bote de Sebastian Shaw con las propias anclas de este, o el enfrentamiento final entre soviéticos y norteamericanos con el submarino elevándose fuera del agua.   Además, toda la adecuación de la dirección de arte y vestuario a los años sesenta, incluyendo las gafas de Shaw, demuestra un trabajo impecable en todos los aspectos de la producción.  El acercamiento a un periodo histórico real como la crisis de los misiles en Cuba  con su puesta en escena, genera tensión en un periodo varias veces revisado por el cine con anterioridad, y a pesar de ello, esta secuencia se convierte en la de mayor clímax de la película. 
También hubo espacio para que la obra se burlará de sí misma, con las breves aparición del malhumorado personaje de Wolverine (Hugh Jackman) o la versión de Mystique más adulta con el cameo de Rebecca Romijn.  
El director inglés Matthew Vaughn vuelve a anotarse un éxito con X Men: primera generación después de haber sorprendido con obras como Layer Cake y haberse afirmado con otras como Kick - Ass.  Ya no necesita poner en sus créditos de los trailers, que fue el productor de Guy Ritchie en Snatch y Lock, Stock and Two Smoking Barrels, estas obras son parte de un periodo diferente a su fértil presente.

martes, 5 de julio de 2011

Sin límites: egocentrismo capitalista

(Escrito el 29 de junio de 2011)
Buena parte de los estadounidenses de los grandes centros urbanos, inician su día con una inmensa taza de café - negociado a bajo precio con los países productores - para que esta taza les provea la energía necesaria para trabajar al máximo ese día y llegar a un alto nivel de productividad.  Esto se traduce al final del mes en más dólares en la cuenta bancaria. Por eso la idea de contar la historia de una pastilla que le despierta a su personaje principal toda la capacidad cerebral para que trabaje más, pelee más, consiga más mujeres y se haga rico, seduce fácilmente a aquellos con mentalidad capitalista. Sin límites ha tenido una copiosa recaudación de taquilla en los Estados Unidos, al proponer la idea de conseguir una manera rápida de llegar al éxito económico, y mejor aun, conseguirlo de manera individual.  En Colombia la película también ha tenido buena taquilla porque la mentalidad de éxito rápido está extendida en buena parte de la población colombiana.
Hay que aclarar que no es una película memorable, todo lo contrario, es de rápido consumo porque tiene muchas inconsistencias en su guión, que retuercen su trama en demasiadas ocasiones. A pesar de ello, la obra de Neil Burger es honesta en su discurso de la misión del hombre solitario que obtiene la fortuna dentro de sí mismo.  Esta vez el tesoro escondido que persigue este héroe no está escondido en ninguna isla, ni en una gruta, ni en la cima de una montaña.  El tesoro está dentro de él y por esa misma razón, no le interesa compartirlo con nadie más.  La película es una oda al individualismo, al egoísmo, la fama, la soberbia, el derroche y la lujuria. Por esa razón es consecuente no solo con los tiempos actuales sino también con el espíritu humano y sus pasiones desaforadas por el placer.  De la misma manera, ese derroche y lujuria también se evidencia en la propuesta visual que algunas veces es creativa como en el efecto bien logrado, en que la cámara avanza de calle a calle sin necesidad de acelerarla, pero otras veces cae en los efectos de montaje demasiado vistos en las dos últimas décadas de Hollywood.
Sin límites es una película desigual, pero al mismo tiempo atractiva. Sus personajes están delineados dentro de los estereotipos tantas veces presentados en otras obras. El protagonista es un escritor fracasado y vagabundo, la acompañante es la bella mujer incondicional, tiene la figura del magnate frío y calculador, el misterioso y silencioso perseguidor, e incluso en la galería de moldes prestados está como antagonista el tosco prestamista con diente de oro incluido.
La manera casual como llega la pastilla al protagonista con un encuentro callejero es poco creativa y tampoco es creíble que el secreto de la fabricación de una droga tan poderosa fuera tan esquivo para los magnates.  Sin embargo por encima de ello, el relato avanza a pasos gigantes en emoción aunque las situaciones no sean del todo verosímiles.  Con su nuevo poder, el protagonista no se cree salvador, ni redentor, ni busca las fórmulas de equilibrio ecológico, ni tampoco la manera de evitar conflictos para ayudar a la humanidad y el planeta.  Es un ser presa de la ambición que representa a cualquier ser humano y por eso, se vuelve comprensible para el público.  En su depurada narración, la película hace uso de todos los recursos posibles como la voz en off, el montaje acelerado, las persecuciones, las peleas de artes marciales y efectos de volumen de objetos en movimiento, que despiertan los instintos primitivos del egocentrismo y la ambición del espectador.
Lástima que el final sea tan débil, sustentado solo en diálogos moralistas después de una agresiva  apuesta visual. Y esta vez Robert DeNiro con su papel de vil magnate, solo detuvo un poco su carrera descendente.  Está muy lejos de ser el temeroso villano que se vio en Corazón Satánico de Alan Parker en 1987. Ese sí era un villano antológico.

lunes, 20 de junio de 2011

Conocerás al hombre de tus sueños: enredos de parejas en Londres

(Escrito el 14 de junio de 2011)

De manera tardía llegó por corto tiempo, la penúltima película del neoyorquino Woody Allen, lo cual es una sorpresa en la cartelera local en medio de tantas precuelas, segundas partes y remakes que tanto abundan.   Por cuarta vez en su extensa carrera, el prolífico Allen trasladó las historias de su natal y amada New York a la ciudad de Londres, donde una vez más dentro del mundo burgués, que es su favorito en contextualizar, narra las desgracias amorosas de un núcleo familiar compuesto por dos envejecidos padres, su hija y su yerno.
Allen en Conocerás al hombre de tus sueños (You will meet a talk dark stranger) demuestra su especialidad en desarrollar los conflictos humanos, que por encima de su nivel socioeconómico, terminan en la desdicha por las debilidades del corazón.  En esta obra, Allen centra las motivaciones de sus personajes en las inseguridades que tienen con su vida actual.  Por esa razón, los cuatro personajes se lanzan en busca de aventuras amorosas al inicio del metraje en tono de comedia, pero que finaliza en tono de drama, dejándolos bastante perdidos con respecto a su punto original. Todos los personajes concluyen en un punto patético, en el que se enceguecen por ambicionar más amor del que tienen, pero con métodos poco amables.  En primer lugar, Alfie abandona a su esposa de toda una vida para casarse con una cara y voluptuosa ex prostituta rubia. Helena después de ser abandonada por Alfie, permite que la brújula de su vida  esté manipulada por una vidente con falsas profecías que ella sigue al pie de la letra.  Sally, la hija, tiene el sueño de despegar su carrera en el mundo de las galerías de arte, mientras flirtea en su cargo de asistente con su jefe, un hombre casado y dueño de la galería en que ella trabaja. Por último está su arrogante esposo Roy, quien sufre de un bloqueo creativo como escritor, pero que abandonado por el talento, quiere poseer a su exótica y hermosa vecina Dia, para que ella sea su nueva musa.
Conocerás al hombre de tus sueños es una muestra más de las enormes habilidades en la dramaturgia de Woody Allen, con la diferencia que este final es más abierto que los concluyentes finales de sus obras anteriores.   Los personajes son creíbles y se ven fortalecidos por sus fecundos diálogos, otra de las fortalezas de Allen. Además, su talento para la dirección de actores, logra mejorar los registros anteriores de un actor como Anthony Hopkins (Alfie), quien se ha encasillado repetidamente desde años atrás.  Allen impulsa el mejor talento de otros reconocidos actores como es el caso de Gemma Jones (Helena), quien es la de mejor interpretación de la obra, Naomi Watts (Sally), que sufre con menos dramatismo que en otras películas en que ha actuado y con Josh Brolin (Roy), quien es el personaje más ruin de la obra, sin llegar a exageraciones en que caen algunos villanos.  También es novedoso y bien logrado el aporte de la inglesa Lucy Bunch, quien hace el papel más gracioso de la película siendo Charmaine, la nueva amante y luego esposa de Alfie.
Esta no es la mejor obra de Woody Allen, pero si es una muestra más de que está en buena forma. De su ciclo de películas del siglo XXI, Conocerás al hombre de tus sueños, está por debajo de películas como Match point, la mejor en drama sin lugar a dudas y Ladrones de medio tiempo, la mejor en comedia.  Pero sí está mejor en su conjunto que otras como Melinda y Melinda, Scoop y Todo lo demás.  Está pendiente por ver de su filmografía Medianoche en París, que fue estrenada este año. Si tenemos suerte, puede ser estrenada en 2012.

martes, 7 de junio de 2011

Hangover 2: pastillas para la memoria

(Escrito el 2 de junio de 2011)

Bangkok está considerada como la ciudad de los pecados en el lejano oriente, donde los viajeros de todo el mundo, pero en especial los occidentales, van a hacer lo que no pueden hacer públicamente en sus países y lo que es mejor aun para ellos, a un bajo costo. Por eso se hospedan allí un buen tiempo mientras llevan unas vacaciones desenfrenadas y libidinosas. Claro que las políticas de “vista gorda” de las autoridades, complementada con una esmerada atención al extranjero por parte de los tailandeses, llegan a cumplir la promesa de frases como: “más allá de lo que usted se pueda imaginar”.  Pero occidente también tiene su ciudad del pecado, que es Las Vegas, en Estados Unidos, donde cualquiera que vaya a estar una temporada en sus casinos y hoteles, puede arruinarse por completo, mientras se divierte como nunca lo haya hecho en su vida. Antes esto sucedía en La Habana, Cuba, pero Fidel Castro y sus amigos cerraron las puertas del libertinaje estadounidense.

Precisamente eso es lo que hacen los tres protagonistas (Phil, Stu y Alan) de Que pasó ayer 2 (Hangover 2) quienes permiten que Bangkok con su infinidad de placeres desmedidos, les permita tantos excesos, que vayan hasta el punto de la destrucción. La primera película de Hangover logró una alta carga de comedia que el público aplaudió repetidamente cuando estuvieron en Las Vegas. Fue usada como estructura, una narración detectivesca con el objetivo de descubrir los hechos de la noche anterior, con avances de pista en pista, mientras recuperaban la poca memoria en medio de una dolorosa resaca. La película además de su situación, planteó a tres personajes principales con perfiles bien definidos.  
La segunda parte logra varias escenas graciosas y también mayor espectacularidad en las escenas de acción, pero toma muchos elementos repetitivos de su prototipo original que no le permiten ser tan graciosa como su antecesora. Elementos como la despedida de soltero, la pérdida de la memoria de los tres personajes, una boda a punto de cancelarse, una prostituta en medio de la aventura, un cuarto personaje perdido al que deben rescatar, una alteración física del personaje de Stu, la culpabilidad del personaje de Alan en la pérdida de la memoria y un predecible final en el que logran efectuar la boda (no estoy arruinando nada, es de esperarse este cierre). También lo es su epílogo con los fotografías de la noche de aventuras mientras ruedan los créditos.  Hasta Mike Tyson vuelve a la escena en un cameo en el que se burla de si mismo, pero con mucho más ahínco que en la primera parte.
Sin embargo, por encima de calcar a su predecesora, los personajes secundarios logran hacer aportes al nuevo relato con sus exageraciones. En primer lugar está Mr. Chow, un personaje que fue antagónico en la primera parte y ahora es un aliado, quien en las escenas en que está presente, logra una personificación satírica de los estereotipos de los hombres rudos de las películas del lejano oriente y también de los desenfrenados capos extranjeros de la mafia en los Estados Unidos. Mientras está en pantalla, es el centro de atención y carga sobre sus hombros a los tres personajes principales. Estos tienen que darle una merecida venia.  El otro personaje es el mono pervertido quien con su chaqueta de los Rolling Stones, también sobrepasa en humor a los protagonistas.  Aunque los monos son un recurso usado muchas veces por Hollywood para alabar el exotismo de otros países o simplemente para mostrar monerías en la pantalla, en esta película es un aporte que es tomado por los guionistas  de la realidad tailandesa, donde los monos conviven en las ciudades de manera habitual, pareciéndose en sus acciones a los humanos y no precisamente en las más honrosas.  Igualmente hay que agregar a este grupo, al silencioso monje budista quien en su silla de ruedas hace las veces de testigo presencial y también partícipe de la disipación.
Hangover 2 pasa por todas las posibilidades grotescas del sexo pagado, con personajes maleables en medio de Bangkok, una ciudad que espera con los brazos abiertos llevar a sus visitantes a la perdición. Por eso el público se divierte y anima a los personaje en su exótico viaje.
De todas maneras, el equipo realizador trata de congraciarse con la cultura tailandesa con los globos y la memoria que se recupera con la meditación budista, pero a pesar de tanta burla, finalmente le hacen una gran publicidad a Tailandia, para que vayan más turistas, así se crucen con muchos peligros. Si en la película animada Río se mostraba a Brasil por medio de las playas y los animales como su sello particular, en Hangover 2, se lo dan con a Tailandia con las prostitutas y los moto triciclos.  Con esta garantía llegarán los turistas y también los espectadores voyeristas, en cantidades alarmantes.

P.D. Alguna vez, el realizador audiovisual Diego Becerra dijo que ir a ver películas un miércoles de "bambucha" era la manera de arruinar una proyección. Tiene toda la razón. Los miércoles en Bucaramanga, se concentra en las salas un público ruidoso, insoportable y simplón, que le dañan el plan de ir a cine a cualquiera.  No paran de hablar, quieren hacer su propio show mientras la proyección corre y hacen intervenciones absolutamente estúpidas en la sala.  ¿Tailandia es al lado de Japón? Bangkok se parece como al paseo del comercio pero con micos, ¿cierto? o, ¿cuál película es esa 2011? Son parte de las sandeces que se oyen en la sala.  Una vez más lo barato sale caro.  Por tener más gente en las salas, se acepta cualquier comportamiento, solo porque es económico y los grupos grandes y bullosos dicen cualquier cosa durante todo el metraje. Cobardía al fin y al cabo, práctica muy común en los espacios públicos de este país. Seguimos teniendo en Colombia problemas con la formación de públicos para el cine.  No son suficientes los pocos talleres que promueve la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura. Todavía falta mucho y los planes que hay son a corto plazo.  El problema continuo de la falta de educación y el comportamiento en grupo. Por ahora, mejor no ir un miércoles a ver películas, es garantía de salir con la sensación de aborrecer el templo del cine: la sala de exhibición.

sábado, 28 de mayo de 2011

Thor: mitología en manos de un experto

(Escrito el 19 de mayo de 2011)

Cuando la película Thor parecía un mito más de los pueblos ancestrales que Hollywood iba a arruinar una vez más con sus excesos y clichés, afortunadamente sucedió todo lo contrario. Su resultado final en términos generales es satisfactorio para el público y la crítica.  Al dios Thor se le debía un relato honroso porque en el pasado, cuando había sido llevado a las pantallas, los resultados en su mayoría resultaron decepcionantes. No fue logrado recientemente en obras recientes como la serie de televisión Poderoso Thor, ni tampoco en un pasado más lejano con la serie televisiva animada de los años sesenta de los superhéroes de la Marvel, con sus sonidos exagerados, lentos movimientos de animación y onomatopeyas traspasadas a texto con bordes de colores.
Detrás de este acierto está el nombre del director británico Kenneth Branagh, quien se ha caracterizado no sólo por ser un actor de carácter, sino también por ser un director exigente con la dramaturgia de sus obras. Sus películas en su gran mayoría han sido puestas en escena de las obras teatrales de William Shakespeare, caracterizadas por tener el sello de una libertad creativa en su realización, que se llevaron aplausos varias de ellas.  Branagh ha sido el director que en las últimas décadas ha heredado el paso de las obras de Shakespeare a la pantalla grande, lo cual en el pasado hacía Sir Laurence Olivier, uno de los más importantes directores – actores del mundo.  Así que difícilmente podría esperarse un fracaso cinematográfico, al menos en lo referente a dramaturgia y actuaciones.
De todas maneras Branagh ya había manejado antes una obra con muchos efectos especiales con mezcla de ciencia ficción, en una arriesgada adaptación de Frankestein, la novela de Mary Shelley que se apegaba a la historia original del siglo XIX.
Actualmente la nueva versión de Thor respeta el planteamiento mitológico del héroe nórdico con un primer acto que se contextualiza en Asgard, el reino de los protegidos de Odín, donde sus guerreros libran una lucha eterna con sus enemigos, los gigantes de hielo. Con la tecnología 3D y los efectos especiales, la serie de secuencias se puede disfrutar mucho más, porque junto con la dirección de arte, vestuario y maquillaje hacen un deleite visual al servicio del conflicto principal acerca de la arrogancia y sus consecuencias.   Incluso Anthony Hopkins, quien últimamente ha hecho varias actuaciones predecibles y parecidas entre sí,  representa con verosimilitud a Odín, el rey de Asgard.
Los conflictos en el reino de los cielos estuvieron desarrollados con mucho oficio, tanto así que en el momento del contacto de Thor con el mundo de los humanos, las acciones se desarrollan con soltura.  No hay disparates, ni exageraciones.  Las escenas de acción con el poderoso martillo son impresionantes. 
El nuevo actor australiano Chris Hemsworth le da su propia identidad a la caracterización de Thor, cuando por la cantidad de millones de dólares invertidos podía predecirse que se contrataría a algún actor famoso para que su nombre trajera más público. Ojalá hubieran hecho lo mismo con la película Troya, que protagonizó Brad Pitt. Pero igualmente Hollywood no se detiene en dejar su marca y estropea parte del relato con sus injerencias.  Una de ellas es reducir al personaje de la científica Jane Foster (Natalie Portman) a solo decir líneas de temor, mientras huye del peligro, en varias escenas, a tal punto que el personaje abandona la inteligencia planteada inicialmente. Es el cliché de la mujer desamparada que necesita de su héroe para salvarse.  La figura obligada del agente principal del FBI (Clark Gregg ), quien es el antagonista de Thor en la tierra, no infunde ningún temor con sus forzadas líneas de tipo duro con traje impecable y gafas oscuras.  Pero en especial lo que más falla son los diálogos finales en el momento del clímax del enfrentamiento de los dioses, que desnivela lo logrado en casi toda la narración.  Los diálogos de esas escenas pueden ser los mismos de cualquier otra película de aventuras de ciencia ficción de alto presupuesto.  La marca de la diferencia que había logrado Thor se pierde en esa secuencia.  Ya en su epílogo, la obra queda abierta para que haya una segunda parte. Se tienen confianza la compañía Paramount Pictures por lo hecho en esta primera cinta y ojalá sea otra vez Kenneth Branagh quien la vuelva a dirigir. Inspiraría confianza. En manos de otro, se perdería la secuela de una película que sí logró acercar el mito de Thor al público masivo. 



lunes, 2 de mayo de 2011

Lecciones para un beso: publicidad matando cinematografía

(Escrito el 25 de abril de 2011)

Durante la denominada época dorada de Hollywood entre los años treinta y sesenta del siglo pasado, una de las características de su ritmo narrativo era el denominado montaje invisible. Este se construía en la sala de montaje para que la historia fuera lo más pulcra posible, sin que hubiera alguna interrupción en la unión de planos que entorpeciera la narración de la historia y que mucho menos le diera tiempo al espectador de poner en tela de juicio la puesta en escena de la película.
La película colombiana Lecciones para un beso  del cartagenero Juan Pablo Bustamante, es narrada de manera clásica como el antiguo Hollywood, pero muestra las costuras de su construcción, visibilizando problemas en su dirección y también en su guión.   Con respecto a su dirección, la película en su gran mayoría de minutos y en especial en el cierre de su tercer acto, tiene una puesta en escena más cercana al lenguaje de la publicidad que a un lenguaje narrativo para una historia cinematográfica. Por momentos parece más una extensa coreografía que se adecua para la acción de unos modelos entrando a escena, que a personajes de una obra movidos por sus motivaciones para tratar de resolver sus conflictos. Se notan las marcas que les dieron a los actores, para su desplazamiento dentro del encuadre de la cámara.
Con respecto al guión, tenía una historia que a pesar de lo predecibleque se trazaba desde su trailer, podía explorar las relaciones entre los personajes, pero se orientó más por darle prelación a la conclusión de la acciones, descuidandolas motivaciones como punto de partida. Aquí, otra vez entrometieron el lenguaje publicitario, con acciones mecánicas, carentes del espíritu de las personalidades.   Sus diálogos aunque son abundantes son superfluos y en muchas tomas, las acciones de los personajes se adelantan a los diálogos que originan esas acciones.   El papel principal de Alejandro el adolescente, debió ser el de mayor cuidado en su construcción, pero fue el más abandonado.  Lo ridiculizan desde el inicio, paseándolo durante varias secuencias con un maletín de viajero con ruedas, que contradice su interés por ser tomado como casi un adulto.  
Acerca de la interpretación el joven actor José Julián Gaviria poco podía hacer ante la malograda construcción de un personaje que está la mayor parte del metraje mostrando solo sus molestias y exagerando su emotividad.  Un personaje construido como el hombre de hojalata de El Mago de Oz, que se puede ver, pero que no hay ninguna emoción dentro de él.  
El papel de Antonia, la mamá, interpretado por Cristina Umaña, tampoco logra crear el parentesco con Alejandro y más bien sus diálogos parecen los consejos de una tía o una vecina que ha conocido al joven por un buen tiempo.  En cambio, el personaje de Guillo, interpretado por el cubano Bárbaro Marín, es el más logrado de todos porque transmite el carácter de mujeriego y mentiroso, uno de los tantos estereotipos del hombre de la costa Atlántica colombiana. Las situaciones en que se ve envuelto y su interpretación, son lo mejor de la película, junto a la pareja que hace con Catalina Londoño, quien lleva el papel de Mónica, la víctima de una de las apuestas.  
La dirección de arte es un acierto de la obra, porque recrea el mundo burgués de Cartagena y se complementa con el buen trabajo de selección de locaciones de la ciudad amurallada.
Lecciones para un beso es una película en la que finalmente prevaleció un interés por agradar a un público con todo su colorido fotográfico pero que en los trazos de su historia y sus personajes,  esos colores quedaron nebulosos.

lunes, 11 de abril de 2011

Los ojos de Julia: Sobre ciegos e invisibles

(Escrito el 5 de abril de 2011)



Hay películas que es mejor esperar a que lleguen a su tramo final, para saber si tienen alguna novedad o sorpresa al menos en su culminación.  Eso sucede con la película española Los ojos de Julia de Guillém Morales. Los dos primeros actos son soporíferos, predecibles, con muchos lugares comunes, con clichés en sus diálogos, sonidos y efectos de terror. Pero falla principalmente en la construcción dramática de la historia de amor que proponen desde el inicio, con una pareja de casados que no encaja, porque las acciones que suceden alrededor del misterioso suicidio de la invidente Sara, van pisoteando la construcción del mundo íntimo de Julia e Isaac.  La muerte de Isaac de la misma manera que lo hizo Sara, no despierta ninguna emoción y deja la simple premisa tantas veces vista de que la protagonista puede estar enloqueciéndose, pero debe demostrarle a las autoridades y a quienes la rodean, que la intuición de ella no puede estar equivocada con respecto al conocimiento emocional de sus dos seres más queridos.  
Hasta ahí la película no ofrece nada nuevo y en propuesta lo único que inquieta es la teoría de que existe un grupo de gente que se vuelve invisible para los demás, porque su baja autoestima los va convirtiendo en etéreos. Parecía sólo una película española tratando de hacer terror como las flojas películas norteamericanas de estudio.

Pero por fortuna toda la narración cambia cuando se revela el modus operandi del asesino después de la operación de los ojos de Julia, porque ella al igual que su hermana gemela Sara, tiene una enfermedad degenerativa que la va dejando ciega poco a poco.   Desde este punto, la película incluso parece otra distinta a la planteada al inicio.  El tercer acto se toma bastante tiempo en toda su conclusión porque el estar Julia temporalmente ciega , el microcosmos de Iván (Pablo Derquí), el hombre que se siente invisible, se devela en una secuencia tensionante de convivencia entre el asesino disfrazado con piel de oveja y su nueva víctima, quien también es la más hermosa que ha tenido hasta el momento. Por eso fue llamada Belén Rueda para los papeles de bella adulta atormentada como lo hizo antes en El orfanato. El papel le talla bien.
La desequilibrada relación iniciada en el encierro de Julia e Iván, va en un crescendo dramático con pulso firme en su manejo del tiempo.  Antes de la revelación de la identidad, el encuadre de la cámara no había mostrado con anterioridad la cara de Iván,  ni siquiera al espectador,  así que su tranquila y aparente dulce voz que propone momentos de anti clímax, después irrumpe con una gran fuerza cuando es revelado el rostro de este personaje y empieza el carrusel enfermizo de persecución del aparente invisible contra la aparente ciega.
En su mejor momento hay un enlace del guión que por querer hilar todos los personajes con las acciones, arruina la persecución, al correr la cortina de quien es la madre abandonada por Iván. Por otro lado, el epílogo de la obra tiene una carga poética conmovedora pero incompleta, ya que debido a la endeble construcción de la relación entre Isaac y Julia no logra entrar con la toda la emotividad que podía hacer un mejor cierre.

Podría ser que los guionistas de Los ojos de Julia, el mismo Guillém Morales y Oriol Paulo, no hayan tenido ningún interés político en su temática de la dependencia, pero una lectura un poco más retorcida podría arriesgarse a decir que esta película es una alegoría acerca del manejo político de gobernantes que enceguecen a sus pueblos, para luego en su momento más oscuro ofrecerles la mano para ayudarlos. Su verdadero objetivo es aprovecharse de ellos y mentirles acerca del mundo que existe alrededor, porque como no pueden verlo solo se conforman con la información que cuenta la voz manipuladora del gobernante. De esta manera actuaba Iván con sus víctimas.  Podría ser esta una lectura más.  Pero para teorías retorcidas del enceguecimiento, siempre se podrá tener al escritor argentino Ernesto Sábato con su Informe sobre ciegos.

sábado, 26 de marzo de 2011

Los colores de la montaña: los sonidos del desplazamiento

(Escrito el 23 de marzo de 2011)


En el pasado festival de cine de Cartagena la película Los colores de la montaña junto con Todos tus muertos, fueron la mejor muestra del cine colombiano ante su propio público y también ante el iberoamericano, en la categoría de competición oficial en largometraje de ficción.  En la obligatoria actividad de publicidad y mercadeo de la obra, con su claro objetivo de acercar al público a las salas, los productores llevaron a los niños protagonistas al festival para llamar inicialmente la atención del público. Este encuentro en las calles de la ciudad amurallada, frente a las cámaras de los noticieros que los acompañaron durante el trayecto en que los niños conocieron el mar por primera vez, formaron un primer vínculo para que el espectador desprevenido empezara a tener cierta curiosidad por ir a ver la película.  
Y afortunadamente al ver la obra del antioqueño Carlos César Arbeláez, estos niños actores no se convirtieron en la pantalla en esos pequeños personajes sabelotodos con ínfulas de convertirse en estrellas de cine o televisión, ni tampoco en los niños acostumbrados a la ruda vida de la calle, que se defienden con sus puños, pero especialmente con groserías.   Para esta ocasión, el delicado guión escrito por la propia mano del director, nos cuenta la historia de un grupo de niños una vereda en Antioquia llamda La pradera, quienes se ven obligados a interrumpir su rutina en los espacios delimitados por el colegio, la casa y la cancha de fútbol. El nuevo balón de fútbol del grupo de niños cae en un campo minado y alrededor de este suceso, la vida de ellos  y sus familias empieza a derrumbarse por la presencia taciturna de la violencia que los va acechando poco a poco hasta desplazarlos.
La película narra con desenvoltura la vida cotidiana de estos niños campesinos, que generan un ambiente de armonía sonora en un lugar construido por sus padres y abuelos, pero que a medida que los diversos agentes de violencia se van tomando estas montañas, entra en las secuencias finales en un silencio que va arrebatando todo lo que tocan.   Esta disminución de los diálogos que son reemplazados por acciones de huida, junto a su impotente final, la convierten en una obra que nos remite al escenario que pareciera no tener solución en Colombia que es el de la apropiación de la tierra.  La obra no busca resolver este problema, ni hacer una tesis de solución, pero sí deja una importante marca que muestra la golpeada vida de los campesinos de Colombia de la zona andina en esta ocasión.
Sin llegar a puntos de manipulación que tuvieron películas anteriores como la mexicana Voces inocentes (de historia salvadoreña), ni tampoco acudir al estremecimiento de la película iraquí Las tortugas también vuelan, esta película colombiana deja una huella emotiva en la filmografía de obras que narran fragmentos de conflictos bélicos contados desde el punto de vista de los infantes.  Con esta película Carlos César Arbeláez hace un aporte universal desde Colombia, un lugar del mundo que ha sido un constante portador de malas noticias. También hay que resaltar la asesoría de Carlos Henao en el guión, actualmente uno de los mejores en este ramo de la filmografía nacional.
El acertado trabajo actoral con los niños, la compenetración con las locaciones, los pequeños detalles del vestuario de la vida rupestre colombiana, además de una fotografía que duele observar porque muestra esas partes de Colombia que se está perdiendo por la vía de las armas, son otros de los valores de esta singular película que afortunadamente por la buena respuesta del público en el festival de Cartagena, pudo llegar a las salas de las principales capitales del país. 

sábado, 12 de marzo de 2011

El "home run" del Festival de Cine de Cartagena


Desde el año 2004 en el programa de Artes Audiovisuales de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, ha sido habitual que profesores y estudiantes asistan al Festival Internacional de cine de Cartagena. Y hay que decir rotundamente que esta edición ha sido la mejor de todas las presenciadas hasta el momento.  Las razones son las siguientes: una mejor organización en las proyecciones y salas de exhibición, la fama de los invitados internacionales, una mayor convocatoria en los espacios de nuevos creadores estudiantiles y por supuesto, la alta calidad de las películas tanto en competición como en la muestra general. Desde la muerte en 2008 de Víctor Nieto, el fundador del FICCI, el festival tambaleó en sus ediciones de 2009 y en especial en la de 2010, pero ahora con la dirección de Mónica Wagenberg, junto con su equipo de trabajo, recuperó el prestigio que tuvo en décadas anteriores, de lo cual ya pocos visitantes se acuerdan.  Afortunadamente la superficialidad y ruido de los premios India Catalina de Televisión, poca intromisión tuvieron con el transcurso del FICCI.
 
No voy a incluir en este texto el palmarés completo que tanto se ha publicado en otros medios, sino un punto de vista acerca de las obras que pudieron ser vistas, aclarando que la calidad de la mayoría de las obras fue alta ya que, como le sucedió a muchos de los asistentes, no fue posible verlas todas.   La película ganadora para el jurado fue la chilena Post mortem dirigida por Pablo Larraín, que tenía en especial dos secuencias inolvidables. Una de ellas la llegada del cuerpo del presidente Salvador Allende cuando fue asesinado el 11 de septiembre de 1973, junto con otros cuerpos de gente acribillada durante el golpe militar.  La ausencia de espectacularidad y la asepsia con que se acercan los personajes a ser testigos de uno de los momentos fundamentales de la historia chilena, son de admirar. La otra secuencia, es el final con el plano secuencia en que Mario su personaje principal, toma su venganza personal lentamente.   Su gran competidora fue la película uruguaya La vida útil, que ganó para otros círculos como la crítica nacional, la crítica internacional y los cineclubistas, pero no para el jurado integrado por Arturo Ripstein, Caroline Libresco y Mike Goodridge.   

En la categoría de mejor guión la ganadora fue la película argentina Rompecabezas de Natalia Smirnoff, lo cual fue muy poco para esta obra que merecidamente podía haber sido la ganadora. Esta obra indaga el interior de una ama de casa que se obsesiona con armar rompecabezas, para encontrar en su afición, la liberación de una pasión individual lejana a las imposiciones de su vida familiar.  Además, su dirección intimista, con un personaje que narra con su mirada y sus silencios, la convirtieron en una obra que exploraba el mundo femenino de la adultez, sin necesidad de volverse un panfleto feminista.  Además hubo buenas sorpresas como 18 comidas de España y Asalto al cine de México. 

En cuanto a las películas colombianas fueron mayores las alegrías que las tristezas. Hay que felicitar al equipo realizador de obras como Todos tus muertos de Carlos Moreno y Los colores de la montaña de Carlos Cesar Arbeláez, que en general dejaron una grata impresión con los puntos de vista expuestos acerca de la realidad colombiana, con aportes como el surrealismo que se acercaba al absurdo en la primera y de la cándida simplicidad de unos niños campesinos en la segunda, que quieren recuperar un balón en un campo minado.  También lo hicieron en la categoría documental Pequeñas voces y Apaporis, en busca del río.  La gran decepción fue la película Karen llora en un bus de Gabriel Rojas, de la que todavía es inexplicable por qué entró a la competición oficial, siendo una obra superficial sin dimensión profunda en sus personajes y abundante en lugares comunes. Fue la peor de la competición sin lugar a dudas.

Con respecto a la muestra internacional, la elección de traer películas como También la lluvia de España, The robber de Austria, Tropa élite 2 de Brasil, Abel de México, Poetry de Corea del sur y De dioses y hombres de Francia entre otras, también engalanaron este festival, que dejó la impresión de no tener que envidiarle mucho a otros festivales latinoamericanos. Caso aparte fue la doble conferencia del mexicano Guillermo Arriaga, guionista de Amores Perros, Los tres entierros de Melquiades Estrada y 21 gramos quien acaparó la admiración de los numerosos asistentes. Una charla inolvidable así como lo fue esta edición 51 del festival.