lunes, 28 de noviembre de 2011

Entrevista a Libia Stella Gómez: "Soy santandereana hasta la médula".

(Escrito el 7 de septiembre de 2011 para la edición No. 2 de la Revista Cremma. Fotografías tomadas por la revista.)

Libia Stella Gómez es una de las dos mujeres en Colombia, que ha logrado la difícil tarea de realizar un largometraje en el género de ficción cuando además de dirigir, escribió el guión de La historia del baúl rosado en 2005. La primera en hacerlo fue Camila Loboguerrero.  Pero este no es el único largometraje que quedará en su filmografía. En la actualidad está en el proceso de desarrollo de su segundo largometraje de ficción llamado Matías, el titiritero que planea filmar el próximo año. Y después de éste, vendrán más, porque en su incansable disciplina para la escritura ya tiene escritos otros 10 guiones. Su carrera inició a los 12 años en Socorro, su municipio natal, como actriz en agrupaciones de teatro. A los 15 años se trasladó a Bucaramanga con su familia. Cuando tenía 17 años entró al grupo de títeres y teatro profesional llamado La oruga encantada dirigido por Ramón Latorre, en donde fue la actriz.  En los años ochenta este grupo padeció la persecución política por sus ideas de izquierda y varios de sus integrantes tuvieron que salir del país y de la ciudad. Debido a esto Libia Stella migró a Bogotá, donde reside actualmente. Allí se graduó en 1997 como realizadora de Cine y Televisión en la Universidad Nacional y en la actualidad es profesora de planta de esta misma carrera. Este año fue una de los ganadores del premio de escritura para guión de largometraje de ficción del Fondo de Desarrollo Cinematográfico FDC por la obra Ella.

¿ La historia del baúl rosado, tuvo un camino largo para llegar a la exhibición, cómo se desarrolló este proyecto?
Fernando, el padre de mi hijo, me regaló un libro llamado Crónicas policíacas de los años cuarenta y en ese libro encontré lo que podían ser 13 películas interesantes. Entre esas crónicas había una que se llamaba El cadáver viajero. Esta era la historia de una niña que había sido puesta en un baúl, enviada con cal por encima, con un letrero que decía “guárdelo en el caidiso de Luisa”. Este fue mandado hacia Barbosa, Santander y regresaron el baúl porque no encontraron al destinatario. Cuando yo leí esa historia, me enamoré de ella, dije: esto es una peliculaza.  Escribí en principio un guión para cortometraje y lo presentamos al distrito para una convocatoria de cortometraje. No nos ganamos el premio. 

En el jurado estaba Lisandro Duque y Oscar Campo quienes conceptuaron que esa historia no cabía en un formato de cortometraje. Sugirieron que se intentara la escritura en largometraje. Era 1998, el año después de que me gradué de la universidad.  Federico Durán, quien había estudiado conmigo la carrera, había regresado de estudiar en España, me pidió el guión para leerlo, le gustó, y me dijo que lo enviara a la convocatoria al Premio Nacional de Guión que estaba abierto en ese momento. Lo mandé, no tenía ninguna expectativa y gané el premio. Fue muy sorpresivo. En el 99 hice una sociedad con Federico. En 2000 nos presentamos a las Becas de Creación del Ministerio de Cultura para Ópera Prima, nos ganamos ese premio y ya teníamos 125 millones. Y a partir de ahí empezó una cadena de envíos a convocatorias de este proyecto. Del 98 al 2003 cuando se hizo la película, se presentó a todas las convocatorias y escenarios. Durante esos cinco años de desarrollo del proyecto, logramos recaudar 700 millones de pesos. La película costaba 2.000 millones pero decidimos lanzarnos al ruedo con ese dinero y en el año 2003 la película se rodó en seis semanas. Duramos posproduciendo la película dos años porque nosotros llegamos hasta ahí, con el aliento del dinero que conseguimos. En 2004 salió la primera convocatoria del Fondo de Desarrollo Cinematográfico FDC, así conseguimos 125 millones para terminar la película y en 2005 ganamos el de distribución del FDC y así se pudo estrenar.

¿Entre todos sus proyectos, cuáles son los más avanzados en este momento?
Matías el titiritero, está en desarrollo de proyecto y a punto de conseguir la financiación porque ganó también en la categoría de guión del FDC.   El otro proyectos es Un tal Alonso Quijano, que se va a realizar con la Escuela de Cine de la Universidad Nacional el año entrante, si las cosas salen bien. Tengo otro proyecto que se llama Una carta para mi amiga Alicia, otros más que se llaman Canción de cuna para dormir al niñito, El hombre que parecía un poeta y Ella. Estos dos últimos años también me he dedicado a hacer documental, uno de ellos es un musical sobre un músico chocoano llamado Aristarco Perea, que se terminó de hacer hace tres años y se estrena el 5 de septiembre. El documental se llama Arista Son. Estoy terminando también un documental político que se llama El traje nuevo del Emperador que trata sobre los últimos ocho años de la vida política y social del país.

¿Por qué no todavía no ha rodado una de sus obras en Santander?
Cuando yo hice La Historia del Baúl Rosado uno de los intentos fue buscar la financiación en Santander. La única persona que nos abrió la puerta fue Francisco Centeno cuando él era director del IMCT y nos consiguió dinero, pero era muy poco.  Hubiera necesitado por lo menos la mitad de la financiación para hacer la película en Santander.
Mi segunda película que es Matías El titiritero también quiero hacerla en Santander, es como una deuda que tengo. Yo no me fui de Santander porque me quisiera ir, yo me fui porque me tocó irme. Soy partidaria que uno narra desde donde es, desde su origen desde la esencia de uno, y mi esencia es santandereana.  Yo no huyo de eso, mi tono de voz, mi temperamento, soy santandereana hasta la médula.  Y quiero hacer la película allá, no quiero hacerla en ningún otro lado, pero si no se consigue la financiación, la película obviamente no se hará en Santander, sino en Cundinamarca en las condiciones que la pueda hacer. Lo importante es que la película se haga pronto. Ya no quiero esperar más tiempo. Ya llevo seis años en el desarrollo de este proyecto.  Duré menos años en desarrollo de El Baúl Rosado, que duró cinco años, que ya me parecía demasiado tiempo.

¿Desde su experiencia cómo ve el panorama cinematográfico en Santander?
Yo creo que se han dado pasos. El hecho de que existan carreras, ha puesto sobre el tapete la preocupación: ¿qué se ponen a hacer estos egresados? Si el panorama es duro a nivel nacional, a nivel regional también. Pero yo siento que es mucho más fácil encontrar allí en esos escenarios, si hay una verdadera voluntad de dar un punto de arranque. ¿A qué me refiero? El estado tiene que invertir. Yo se que existen estos premios que se crearon con el Bicentenario que son unas posibilidades enormes de realizar, pero estos premios son muy restringidos. Premiar solamente a dos documentales y un cortometraje de ficción es muy reducido. Hay muchas áreas en donde tendría que pensarse una política que fomente el cine en Santander. Santander no es un lugar que ha estado alejado del cine, siempre han estado ahí las ganas de hacer, tenemos archivo, imágenes y pruebas de que el cine ha estado presente en nosotros. 

La única forma que  tiene una población de proyectar masivamente su cultura es a través de las imágenes cinematográficas y eso es algo que deberían entender las autoridades. No es solamente sentarse a lamentarse de lo poco que hay, de los pocos escenarios que hay o como sucede a nivel nacional, pelearse entre tres gatos por un plato de sopa, esa no es la actitud. La actitud es, sentémonos a ver que se nos puede ocurrir, que podríamos sugerirle a las autoridades, cómo podríamos sacar adelante un proyecto de ley, como podríamos gestionar para que haya una verdadera conciencia de que el cine santandereano tiene que existir. 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

In time: Un autor copiándose a sí mismo

(Escrito el 16 de noviembre de 2011)


En 1997, el guionista y escritor neocelandés Andrew Niccol hizo una de las mejores películas de ciencia ficción de los años noventa llamada Gattaca.  En ella no sólo combinó una creativa historia con diálogos sugerentes, sino que contó además con excelentes actores, un diseño de producción retro y creativa, y una dirección firme para el relato.  Ésta es una película que perdurará en el tiempo por haber puesto el tema de la formación y selección de seres elegidos para que serán los mejores del mundo. No fue gratuita la nominación que obtuvo al premio Oscar por su dirección de arte. Dos años después, Niccol escribió su película más exitosa, The Truman Show, que dirigió Peter Weir, la cual logró tres nominaciones al premio Oscar y la nominación para Niccol al mejor guión original.
En la primera década del siglo XXI hizo la que era hasta ese momento su peor película: Simone.  Allí, Al Pacino hacía el ridículo papel de un director de cine que se inventaba una estrella de cine de manera digital. Luego levantó su buen nombre con la película El señor de la guerra con Nicolas Cage, de la que dejó un gran recuerdo con su escena inicial en la que se mostraba el destino de una bala desde su creación hasta su uso final.  Con este trasfondo, la promesa de una obra al menos agradable era de esperarse, pero esto no sucedió. Su última película In time (El precio del mañana) es la peor de toda su carrera.
La idea de visionar un mundo en el que los seres humanos sólo viven 25 años y a partir de ahí en adelante deben comprar el tiempo para vivir, era muy prometedora. Pero desde la escena que detona toda la acción, la obra se vuelve en primera instancia poco verosímil y posteriormente, risible. 
Por varios elementos que tiene, In Time termina siendo una pésima copia de Gattaca.  Primero, porque no es convincente la razón por la que el personaje de clase alta (Matt Bomer) le hace una donación de cien años de tiempo al personaje de clase baja (Justin Timberlake). En segundo lugar, porque hay un guardián obsesionado porque sí, que quiere atrapar al hombre que se infiltra en el mundo de los ricos. Así sucedía en Gattaca sólo que éste perseguidor era también el hermano mayor del protagonista.   En tercer lugar, la sombra de la figura mayor sobre el protagonista en In Time era el padre rebelde y en la otra era el hermano mayor. Y por último, con la misma figura femenina que se interesa por el personaje que ha llegado al mundo de los privilegiados. Niccol podía hacer algo mejor en su última obra, pero esta no le llega ni a los tobillos a la primera.
No se puede comparar la calidad de actuación de Ethan Hawke y Jude Law con la de Justin Timberlake y Matt Bomer, ni tampoco en la calidad de escritura de los personajes. Por su parte, el papel de investigador que hizo Loren Dean tenía mejores motivaciones y construcción dramática que el guardián obsesivo de Cillian Murphy, así éste último sea mejor actor.  En cuánto a los personajes femeninos, el personaje de Uma Thurman en Gattaca tenía mejor curva de cambio que el de la actriz Amanda Seyfried.  Junto con todo esto, desaprovecha de la misma manera a dos buenos actores de televisión como son Vincent Kartheiser (Mad men) y Johnny Galecki (The big bang theory).
Es una película que no sabe para dónde va.  Primero parte como un regalo de justicia divina, luego es la venganza de un hijo, más tarde es un derroche dentro del mundo de los ricos; pasa después a ser un subgénero de acción por las persecuciones y finalmente es una copia baratísima de las figuras cinematográficas de Bonnie and Clyde. Al mismo tiempo, no se resuelve el misterio inicial de los personajes oscuros que manejan el tiempo. Todos estos aspectos, rodeados por diálogos insulsos y escenas cliché, la convierten en un costoso desperdicio. 
En esta cinta, la estética tuvo prioridad por encima de la historia y terminó fracasando en ese intento.  En la gran mayoría de escenas en exteriores, parecía más la obra de un fotógrafo retro que de un director que había mostrado un perfil de autor dentro del género de la ciencia ficción . Dos escenas que dan muestra de ello: la muerte de la mamá y la salvación de la amada. En medio de la nada, ellas corren y hacen saltos para tratar de salvarse. La madre muere en los brazos del protagonista, en cambio la nueva mujer se salva. In time es también un barato psicoanálisis de saltos y de reemplazos.  Se merece un parodia que se burle de ella, porque ha dado una gran oportunidad para que esto suceda. 

lunes, 7 de noviembre de 2011

Contagio: una película con interés científico

(Escrito el 3 de noviembre de 2011)



Contagio, la última película del aclamado y premiado director norteamericano Steven Soderbergh, más parece una película hecha por un grupo científicos que por un grupo de cineastas.  La obra, escrita por Scott Z. Burns, se centra en narrar como se desarrolla una epidemia y también de que manera combaten la nueva enfermedad los científicos que la enfrentan.  Desde esta perspectiva la película es un relato diferente a lo que un espectador común esperaría.  En obras anteriores acerca de las pandemias como sub género cinematográfico, los relatos se centraron más en el heroísmo de los protagonistas y en explotar el miedo de los espectadores con imágenes escabrosas, aprovechando el inmenso temor del ser humano a ser contagiado por una enfermedad que no conoce.
La obra en general se desarrolla con mucha frialdad sin profundizar tanto en los conflictos personales de los protagonistas y avanzando de manera matemática con números y cifras a lo largo de la historia.  Esto marca la diferencia con películas anteriores como Ceguera, Epidemia, 28 días después e Hijos del hombre, entre otras, que simultáneamente hicieron reflexiones acerca de la dualidad espíritu humano, tanto de su grandeza como de su bajeza cuando enfrenta un peligro que puede extinguir la raza humana.  Contagio no hace esa reflexión, se concentra en las investigaciones para encontrar una cura y en el uso de los canales de información de los entes más poderosos.  Por eso sorprende en buena parte de la narración, pero posteriormente en su resolución, esa misma frialdad se vuelve en su contra, porque la ausencia de emoción deja al final una sensación de vacío.
De todas maneras, esta cinta es un experimento más de Steven Soderbergh quien se ha caracterizado por hacer en cada nueva obra, una ejecución diferente a las anteriores.  Ha sido director de películas taquilleras como la trilogía de Ocean´s eleven, de películas premiadas mundialmente como Traffic, de riesgos narrativos manipulados desde el montaje como The Limey y Out of sight (Un romance peligroso) y hasta de remakes con versiones renovadas como Solaris. Soderbergh ha estado en ese límite entre el arte y el entretenimiento que lo ha sostenido porque además maneja muy bien las relaciones que lleva con reconocidos actores y actrices, quienes se suman con el mismo entusiasmo tanto a sus proyectos más costosos como a sus proyectos más experimentales. Esta ha sido una de las claves para sostener su visión artística por tantos años.
Contagio no es la excepción en su relación con los actores. El reparto es totalmente de lujo e incluso logra distintos registros de varios actores como Jude Law y Gwyneth Paltrow quienes lucen diferentes a sus roles comunes. Sobresale en especial el ambiguo papel que hace Jude Law, como un reconocido blogger.  Pero esto no sucede con todos los actores. Algunos de ellos están en roles habituales y encasillados como Kate Winslet, Matt Damon y Laurence Fishburne, y otros desperdiciados como la premiada actriz francesa Marion Cotillard, que no marcaba ninguna diferencia si otra actriz representaba ese papel. 
Contagio es un ejercicio más de dirección de Soderbergh en el que la intencionada monotonía se rompe varias veces con llamativas secuencias de montaje, lo cual es una de las especialidades de este director, que lo conecta constantemente con sus inicios en el mundo del cine como editor de películas.  Asimismo, otra de sus especialidades es la brusca separación de escenas, locaciones y emociones, con la temperatura fotográfica con que los ambienta.  En esta película coral, este fue otro de sus puntos fuertes.
Aunque la historia finaliza careciendo de emotividad, tampoco es inocente en su subtexto. Queda claro el interés que tienen las compañías farmacéuticas con la aparición de nuevas enfermedades ya que les dará más ganancias con un producto nuevo de alta demanda. Pero tampoco lo hace como una gran denuncia, porque hace parte de los diversos temas que la obra presenta junto con el sacrificio, la tenacidad, el engaño y la protección.
En líneas generales, Contagio no es una cinta de entretenimiento, es una posibilidad diferente en el sub género de las pandemias orientada hacia la investigación y la divulgación de la información, que tiene muy buenos atributos, pero que no despierta grandes emociones. 

miércoles, 26 de octubre de 2011

El Páramo: expectativa cumplida

(Escrito el 18 de octubre de 2011)


La campaña publicitaria que los productores y distribuidores de la película El páramo hicieron en los últimos meses, generó una alta expectativa en el público nacional para ver una película de género de terror psicológico hecha en Colombia con la que podían realmente asustarse.  De entrada hay que decir, que la ópera prima de Jaime Osorio cumple con estas expectativas y logra que el público realmente se sobresalte durante toda la proyección.
El páramo no usa ningún preámbulo e inicia su relato con los personajes llegando a una base militar ubicada en condiciones muy difíciles, porque está ubicada en la cima de una fría montaña andina colombiana donde han perdido comunicación con los soldados que allí estaban. 
Uno de los elementos con que cuenta la obra para atemorizar al público es el uso de una de las leyendas sobrenaturales más conocidas, a la cual buena parte de los colombianos le teme y no tanto por que haya tenido contacto con esta, sino más bien por todo lo que han oído al respecto. Pero es mejor no revelarla, porque es parte de las sorpresas.
Otro elemento que causa asombro es la notable dirección de Osorio, quien además escribió el guión, porque en la película, rodada con cámara al hombro, usa constantemente planos cerrados en una locación predominantemente oscura y gris donde no se puede ver mucho, y en esa atmósfera, desarrolla la ansiedad para saber cuál es el mal que acecha este lugar al que  ha llegado el comando de nueve soldados especializados en la lucha antiguerrilla.
La decisión de no usar actores reconocidos también fue otro de los aciertos porque la experiencia no fue la de ver algún rostro conocido en el papel de soldado, sino que rápidamente se estableció que los nueve elegidos se asemejan a soldados colombianos porque en el grupo había una mezcla de mestizos, indígenas, mulatos y negros, como una muestra representativa de los habitantes del país. Así que son totalmente creíbles y los toscos diálogos, fortalecen más esa credibilidad, por la absurda situación en que se encuentran.
También es de aplaudir que usaron los recursos disponibles tanto en costos como en producción, para generar temor en el público, con la situación dramática de un grupo de especialistas encerrados en un espacio. Lo hicieron distinto a como lo han hecho famosas películas industriales y costosas de Estados Unidos y Europa. No era necesario tener monstruos como los de Alien de Ridley Scott, o La Cosa de John Carpenter o un espacio tan detallado de la Segunda Guerra Mundial como en El submarino del alemán Wolfgang Petersen, que necesitaron de una onerosa infraestructura y de unos elaborados efectos especiales.  El páramo se vale de recursos efectivos como una cámara nerviosa, un guión coherente, el temor a una leyenda y unas buenas actuaciones, con los que se demuestra la gran habilidad del equipo de producción de la película. Es un ejemplo de que en Colombia sí hay talento para hacer una obra diferente, usando los esquemas clásicos de los géneros de otros países, pero con una contextualización y una puesta en escena particular. Así como las tres películas anteriormente mencionadas son parte de las películas memorables de género en la cinematografía mundial, sin lugar a dudas El páramo encabezará la filmografía de género nacional, que tanta debilidad ha tenido debido a que han querido parecerse a las extranjeras y no buscaron su particularidad y diferencia que sí logra la película de Jaime Osorio.
De todas maneras hay que señalar un par de detalles por complementar. No quedó tan clara la distribución del espacio de la base militar que podía  ubicar un poco más los movimientos de los personajes, y tampoco fue explicada completamente la acción anterior del comando antiguerrilla antes de llegar a esta base, que pudo haber mejorado la carga dramática de los personajes.  Lo que sí queda claro de sobra, es que hay es un director arriesgado, con talento y futuro.  Hay que esperar ahora el siguiente paso Jaime Osorio con la segunda parte de La mujer del Presidente, una de las mejores series de la televisión colombiana. Ojalá pueda tener la libertad creativa que tuvo en su primera película y que la nueva temporada aporte algo novedoso al gran recuerdo de la originaria. 

Entrevista a Juan Pablo Barragán, protagonista de la película "El páramo"

(Escrito el 18 de octubre de 2011)



Periódico 15: ¿Cómo fue la experiencia de hacer una película en el género de terror, después de que en Colombia, otros directores ya habían incursionado como Jairo “El Loco” Pinilla, Carlos Mayolo y también los hermanos Orozco?

Juan Pablo Barragán: Los actores leímos una sola vez el guión, lo leímos todos y yo me asusté mucho sólo de leerlo. Pero cuando fuimos a rodar ya no existía ese miedo. Yo quedé con dos percepciones, una fue hacer la película y otra fue verla. Porque cuando la vi con la música, con la corrección del color, entonces empecé a sentir el suspenso, ahí sí empecé a sentir la espera y también el desespero. Fueron dos visiones, una era la película que me imaginaba y otra cuando ya la vi. Habían escenas que me asustan ahora viendo la película pero que cuando las hicimos no, entonces sí fue raro eso.
P.15 ¿Cuál fue el entrenamiento que tuvo para desempeñar el papel de soldado? ¿Qué investigación hizo?
J.P.B. Nosotros trabajamos con Manolo Orjuela quien fue el director de actores. Estuvimos trabajando casi dos meses, entrenando todas las situaciones de la película y aclarando cada una de las tareas de los personajes. Luego pasamos a un entrenamiento militar para entender todos los códigos del ejército, como trabaja un comando especial de alta montaña. Ahí tuvimos apoyo del Ejército Nacional con el mayor Barragán a la cabeza. Nos entrenaron durante un más de un mes y también estuvieron con nosotros en el rodaje. Ya después de unir estos dos elementos, lo actoral con lo técnico, nos fuimos al Gualí a 4300 metros de altura, a ponerlas en en práctica para que se viera en la cámara.
P.15¿Después de este proceso cómo fue el trabajo con el director Jaime Osorio, con todos los actores ya preparados?
J.P.B. El director nos dio un recuerdo a cada uno en el que teníamos que estar pensando todo el tiempo. Uno empezaba a actuar a partir de esa situación. Empezábamos a improvisar y cuando terminábamos el director nos decía: “quiero que hablen ustedes, que no actúen. Busqué actores que no fueran muy reconocidos en la televisión porque quiero caras nuevas y caras que parezcan soldados”.  Empezamos a trabajar así y el director nos decía: “quítale esto, eso sobra, aquí no estás diciendo nada”. Anotaba siempre en un cuaderno y luego nos decía: “Acordémonos que esta es la situación más importante, es acá el giro dramático”, y entonces cada uno empezaba a recordar con la bitácora que llevaba. Después de que hacíamos un repaso, de refrescar la situación, rodábamos.  Estábamos trabajando con dos cámaras Red One, entonces teníamos la oportunidad de alargarnos o de repetir mucho.
P.15 ¿Qué fue lo más difícil de todo el rodaje en el cerro El Gualí, en el parque de los nevados?
J.P.B. Nosotros dormíamos en un hotel en Manizales. Nos gastábamos una hora en bus y luego 40 minutos más para subir hasta la base con todo el equipo. Era muy desgastante porque era subir y bajar todos los días durante dos meses. Al tercer día, a la mayoría de gente nos tenían oxígeno porque a 4.300 metros, el cerebro estaba distinto, la respiración era otra. Hubo desmayados, casi se nos muere un asistente de cámara que le dio hipotermia. Lo salvaron unos soldados que nos ayudaron. Nos dio diarrea y gripa, y al cuarto día la gente empezó a caer. Habían dos enfermeras y un señor que cargaba una bala de oxigeno. Al mes y medio todos estábamos desesperados y cansados. Fue una película que se trabajó en una locación, donde ésta era la que se imponía. Yo creo que la protagonista de El páramo es esa montaña, porque si quería, llovía. Necesitábamos escenas con niebla y y si no había niebla ponían humo, pero el humo no tenía la misma densidad de la niebla. Había días con mucho sol, lo que varaba la filmación. Por eso empezaron a haber a modificaciones. La semana que filmamos de noche fue terrible, por el frío y por el viento. También hubo una escena muy bonita que tuvimos que hacer en un valle de frailejones. Los frailejones crecen un centímetro cada año y por eso se llaman así porque parecen personas de pie. Tuvimos una escena con niebla total que fue muy difícil porque la idea era no tocar los frailejones porque los podíamos dañar. Tú ves unos 2.000 o 3.000 frailejones en un valle, impresionante, de un silencio y nos tocaba cruzar con mucho cuidado. Fue duro pero también muy hermoso, estar dos meses por allá apartado de todo.
P.15. Hablemos un poco de su personaje el soldado Ponce. ¿Qué perfil tiene ese personaje dentro de la película?
J.P.B. Toda la historia gira alrededor de Ponce. Es un hombre que nunca toma partido de nada que siempre está ahí parado, mirando, como trabajando una doble cara. Se le percibe un poco asustado y un poco inocente, pero cuando se da cuenta, ni está asustado ni es inocente, sino que tiene un cargo de conciencia por algo que hizo. El ángel de la culpa lo está acosando todo el tiempo. Estoy muy contento porque es el protagonista de la película, nunca había visto mi cara en un afiche. Este era mi sueño, me siento ya realizado porque creo que hacer una película acá en Colombia es una cosa difícilmente maravillosa.

lunes, 10 de octubre de 2011

Póker: demasiado aire dentro de los personajes


(Escrito el 5 de octubre de 2011)

Entre toda la decepción que logra generar la película colombiana Póker, el defecto que más sobresale en ésta, es la deficiente construcción de su guión. Si su columna vertebral falla, los demás defectos que tiene, se le notan aun más. No logra maquillarlos ni con una cámara en continuo movimiento, ni con recurrentes flashbacks, ni con un montaje agresivo, ni con una música original pesada, ni con exceso de diálogos y gritos.
El final de la película es una clara muestra de ello, es la entrada de un deux ex machina (intervención sustancial de un elemento externo a la lógica narrativa de la historia), porque aunque hayan pistas de la importancia que puede tener cierto personaje, al final, es como si sólo hubiera importado éste y no el desgaste anterior que tuvo la obra al contar la historia de los cinco personajes principales. Incluso el tono de la película cambia, porque viene construyéndose una película en el género de suspenso, pero termina con un romanticismo infundado que no va acorde con la propuesta de género cinematográfico.
La película se desarrolla como un espiral de destrucción de cinco personas en un crescendo de emociones, que al final, deja a los espectadores con la mala sensación de que les dieron el final de otra película distinta a la que entraron a ver.
Con respecto a la construcción de los protagonistas, la película tampoco es sólida. Hace una apuesta por elaborar perfiles traumatizados por conflictos emocionales, económicos y sociales, y pasa primero a crear el estereotipo y luego a la truculencia.  Los personajes no pueden salirse de su molde inicial del estereotipo, el hombre que pierde a su familia, la mujer violada, el cura tramposo, y luego el asunto empeora, porque en los flashbacks de sus recuerdos, se va metiendo más y más información, tanto así, que el pasado de ellos ya se vuelve truculento. El objetivo de la narración, era llevarlos a la mesa de póker con tanta presión que al final estallaran ahí, pero con estos personajes sucedió como pasa con las bicicletas antes de una competencia, que se les inyecta tanto aire en las llantas que cuando empiezan a rodar en la carretera, se estallan antes de tiempo.  A los protagonistas se les rellenó con mucha información, lo cual hace más delusorio su incoherente final. Hay demasiada información del argumento que se entromete en la historia.
Otro punto débil, es el escenario principal de la obra: la mesa de póker.  Este lugar donde los intereses de los cuatro hombres y la mujer van a chocar, primero con diplomacia y luego con violencia, no es presentado como el coliseo romano donde se devorarán los contendientes entre sí.  En el tercer acto, llega tan agotada la construcción de las intenciones, que su entrada al casino es por simple inercia, porque es un casino y ya, porque en éste hay un cuarto que es el número 7 y ya. ¿Y dónde está el ritual previo al enfrentamiento?  Faltó el preámbulo desafiante del lugar donde se jugarán sus vidas a todo o nada. Este lugar es presentado con irrespeto y poca verosimilitud.  Es un casino en el que cualquiera puede entrar armas; un casino en que se le puede embutir a la fuerza y con violencia un trago a la mujer que reparte las cartas sin que aparezca un guardia de seguridad; un casino en el que las cámaras de vigilancia están sólo de adorno narrativo para insertar una imagen y un sonido distorsionado que manipulen más la emoción del suspenso.
Las actuaciones son pobres también y por partida doble. Primero, porque el guión no daba para que pudieran ofrecer algo más, pero también porque el casting estuvo deficiente.  Los actores nuevos como Javier Ortiz quien interpreta al antagonista principal no convence para un papel con tanta exigencia, ni tampoco Angélica Prieto, como la talladora de la mesa, quien es la más fácil de olvidar. Por su parte, los experimentados Luis Fernando Hoyos y Juan Sebastián Aragón, no podían hacer mucho con sus papeles tan esquemáticos, y la corta aparición de Alejandra Borrero, más que temor, provoca risa. El único actor que sale bien librado es Rafael Novoa en su primera incursión en el cine.  Lástima que sea para una película tan pasajera.  Los personajes femeninos son débiles en general y los diálogos de toda la obra suenan impostados.
A esta película se le nota que le hizo falta la asesoría de expertos en guión que le hubieran dado un mejor resultado a la obra. En conclusión, en Colombia es mejor quedarse con la cerveza Póker que con la película Póker.


viernes, 30 de septiembre de 2011

Pequeñas voces: Colombia sigue perdiendo su campo

(Escrito el 21 de septiembre de 2011)


Cuando una tragedia nacional como el desplazamiento interno de campesinos,  se ha comunicado por los medios masivos con tanta asiduidad, desafortunadamente el público ha llegado al punto de insensibilizarse ante este cruel fenómeno y ha asumido la posición de sobrellevarlo como un problema más de los tantos que hay. Se ha perdido la sorpresa por la realidad, y mucho peor, se ha perdido la vergüenza.
Al suceder esto, es cuando se hace necesaria la intervención del arte para que el asunto no sólo sea informar al público general de la situación, es decir, que se sepa que sucede, sino que emocionalmente los espectadores se conmuevan ante esta triste cadena de hechos que se ha vuelto inmanejable tanto para el gobierno como para sus habitantes.
La película Pequeñas voces de Jairo Carrillo y Oscar Andrade, afortunadamente no es ni una noticia más, ni un reportaje más, ni un documental más acerca del desplazamiento, sino que es una obra que sobresale por encima de otras, gracias a la visión proyectada desde el punto de vista de los autores.
El espectador de antemano sabe que va a encontrarse ante un relato documental acerca del salvajismo de la guerra colombiana contra los niños, pero la primera sorpresa antes de la llegada del monstruo devorador creado por los adultos, es la presentación del mundo que va a ser destruido.  En esas secuencias del primer acto, el mundo del campo colombiano es mostrado con su belleza, pero desde el punto de vista infantil. Destacan el contacto con los animales, el cuidado con los alimentos de la tierra y también con la sencilla, pero también, la cercana relación de los cuatro niños protagonistas con sus padres.  En este punto del relato, la obra es envolvente por la sensación de cercanía que tienen los niños con su entorno, incluso con los pequeños centros urbanos donde llevan en familialos productos de sus fincas. El tiempo de concentración en describir el hermoso mundo que han construido por generaciones los campesinos colombianos, es posteriormente, lo que causará dolor al espectador y más aun, al espectador colombiano, de ver y oír como la belleza de las montañas y riberas y también de las personas que las habitan, son destruidas  mientras sus pobladores son sacados a la fuerza.
Esta parte de Colombia está intencionalmente construida a partir de dibujos de los propios niños. La dirección de arte de la animación es una artesanía en general en todas sus generalidades y detalles. La mirada infantil es la que dicta el concepto de convivencia: los papás cuidando de cerca a los niños, los niños ayudándole a los papás a cuidar el hogar y la desinteresada amistad con los otros niños de la región.  No hay que esperar que el largometraje tenga las exigentes características técnicas de animación que tienen los estudios de Hollywood. Son diametralmente opuestas y con objetivos distintos. Además, Pequeñas voces no necesita está alta factura. Su fuerte discurso, paradójicamente construido con ternura, sostiene la sencillez de las animaciones.  La belleza natural de los paisajes de Colombia se reduce a su mínima sencillez y esto es un punto a favor de la narración. Traduce muy bien, lo que es una animación hecha en Colombia, mostrando lo que le pertenece en primera instancia, que es su belleza natural y la calidez de sus habitantes.  Además propone una animación hecha desde el punto de vista campestre, no desde los adelantos tecnológicos de las grandes ciudades.
Siguiendo con los escenarios, las que si no quedan bien paradas en el relato, son las ciudades colombianas, o Bogotá sólo para este caso, y no porque no sean bonitas, sino porque se han convertido en el rudo espacio final para los desplazados. Son lugares agresivos, grises y peligrosos para ellos. Y esto sucede porque son el destino obligado de los maltrechos desplazados que deben someterse a las duras reglas de supervivencia en las ciudades.
Al final, la película deja una doble sensación incrustada en el pecho. Primero, el dolor de un país que se está autodestruyendo pasando por encima de sus pequeños hijos, pero también queda la sensación de querer ver como sus creadores hilaron este hermoso relato e indagar como fue hecha toda su manufactura. Es una película para sentir orgullo por su relato, pero tristeza, por la realidad de las historias.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Entrevista: los hermanos Orozco saludan al diablo desde Bucaramanga

 (Escrito el 8 de septiembre de 2011)


Entre los invitados al III festival de cine Ojos al Aire Libre de Bucaramanga, estuvieron los hermanos Juan Felipe y Carlos Esteban Orozco, los realizadores del reciente thriller de acción Saluda al diablo de mi parte. Su película ha sido uno de los sucesos mediáticos que más difusión ha tenido en los últimos años en Colombia y precisamente en esa gira de promoción, visitaron Bucaramanga.  El par de antioqueños estuvieron invitados para hacer un master class en La Casa del Libro Total contando su experiencia cinematográfica con sus dos películas, la primera de ellas fue con la película Al final del Espectro. Ellos también estuvieron presentes como asistentes al conversatorio de crítica cinematográfica con el director Lisandro Duque y con el crítico de cine Juan Carlos González, editor de la revista Kinetoscopio. La entrevista la llevamos a cabo en las instalaciones de la UNAB, después del conversatorio.
Periódico 15: ¿Si ustedes no estudiaron cine, cómo llegaron a hacer películas?
Carlos Esteban Orozco: Siempre fuimos fanáticos del cine desde pequeños. Crecimos en Montería y como apenas había un cine, nos tocaba alquilar muchas películas en VHS. Teníamos una cámara, hicimos un cortometraje, un par de cosas de chiquitos de once años. Cuando nos decidimos por la carrera profesional, yo escogí Ingeniería de Sistemas porque me encantaba la ciencia y Felipe se decidió por Diseño Gráfico. Luego de un tiempo, Felipe empezó a interesarse otra vez en la imagen en movimiento y montó una productora llamado Paloalto Films con la intención de hacer una película que fue Al final del espectro. En ese momento yo estaba trabajando como ingeniero de sistemas en un instituto de investigación en computación, en inteligencia artificial y escribía cuentos. Un día Felipe empezó a trabajar en el guión y no le gustaba lo que estaba haciendo. Le mostré a Felipe unos escritos, entonces él me dijo que nos sentáramos a trabajar en el proyecto, y yo para descansar de la tesis, decidí apuntármele y ahí salió la película. No fue algo premeditado de por sí, ni siquiera pensábamos realmente en que podríamos llegar a hacerla, era un sueño. Miramos esta posibilidad y la mandamos al Ministerio de Cultura. En ese momento ganamos el premio de producción de largometraje y de ahí en adelante esto se empezó a crecer.
P15:¿Cómo fue el proceso para que en Colombia les tuvieron confianza para invertir en  su proyecto?
Juan Felipe 0rozco: Nos ha tocado ganarnos el respeto. Cuando arrancamos a mover Al final del espectro, la gente creyó en nosotros porque estuvimos un año conceptualizando el proyecto. Esteban por ser matemático y yo por ser diseñador, no llegamos con una idea en una servilleta. Teníamos un equipo. Por un año nos retiramos de nuestros trabajos. Todos los ahorros de lo que habíamos trabajado en la docencia, nos duraron dos meses, el resto fue sin plata, pero armamos un “combo” de ocho personas con diseñadora de producción y director de fotografía incluidos. Todavía nos recuerdan en el Ministerio de Cultura, porque entregamos un paquete gigante. Eran seiscientas páginas que tenían el guión, el story board, el shooting completo de toda la película, un libro de treinta páginas del diseño de producción, sólo para la primera convocatoria.  Y vieron que aunque no teníamos experiencia, sabíamos de lo que estábamos hablando y nos dieron el dinero, es la única vez que ellos nos han dado dinero también.  Nos metimos a internet y buscamos toda la información que podíamos como hacer una estructura de guión, qué cámara utilizar. Todo lo hicimos con internet y en ese sentido nos volvimos muy “ñoños” y fue bueno porque salió Al final del espectro. Nos dimos cuenta que teníamos una ventaja casi de diez años tecnológicos frente al resto de la gente que estaba haciendo cine en Colombia, fuimos la primera película hecha en digital en HD.
P.15. ¿Cuando obtuvieron el premio del Ministerio de Cultura, ¿Qué pasó de ahí en adelante?
C.E.O: Ahí las cosas se activaron porque yo creo que el Ministerio de Cultura, más que ese capital, que es vital, es un aval. Empezamos a reunirnos con socios inversionistas, quienes financiaron el resto. La queríamos hacer en Medellín y fue muy complicado porque la cámara con la que íbamos a hacerla que era la de Cine Alta. Había llegado un mes antes y nos daba pánico que se fuera a dañar por la humedad o por cualquier cosa. Entonces nos fuimos Bogotá, nos llevamos a todo el equipo de Medellín, alquilamos un hostal y ahí metimos a todo el mundo, fue una experiencia muy bonita. La película se filmó en veintiséis días, encerrados en un estudio armado en un edificio. Nos devolvimos para Medellín con todo e hicimos el trailer en una semana.
¿Cómo llega la historia de Al final del espectro a Hollywood para hacer un remake?
J.F.O. Se nos ocurrió una idea muy sencilla en 2007, dijimos, ¿cuáles son las páginas corporativas de los estudios, entonces pusimos entre comillas Dreamworsk.com y buscamos en Google y aparecían las actas de las reuniones de las juntas de las empresas, eso ya no pasa, Google lo bloqueó, no sabemos si por nosotros (risas)… pero aparecían actas completas con los e-mails directos de todos. Esteban y yo teníamos el e-mail personal de Steven Spielberg. Uno a veces le tiene miedo a llegarle a la cabeza al león y allá es donde hay que llegar, porque a ellos casi nunca les llega esa información y cuando les llega se sienten importantes. Cuando uno empieza a tratar de escalar por el asistente del asistente, nunca llega. Mandamos trescientos e-mails. Decía, queremos compartir con ustedes el trailer de la película que estamos haciendo y enter… De hecho, nosotros estábamos buscando vender la película, para que se viera en todas partes del mundo y obviamente acá se reían de nosotros. A los dos días empezaron a devolvernos los e-mails y nos devolvieron casi todos. En Colombia mucha gente no cree que pasen esas cosas. Nosotros cerramos con el estudio Universal porque fue el que más nos gustó, pero teníamos por lo menos diez propuestas más de vender el remake de la película. Nosotros queríamos que nos comprarán la película y ésta no estaba terminada. De hecho nosotros negociamos el remake, desde que estábamos editando la película y las negociaciones fueron por casi por un año.  Cuando por fin terminamos la película, la mandábamos a Estados Unidos para mostrárselos a ellos y ahí mismo cerramos el negocio. Aquí ni siquiera sabían que Al final del espectro existía, o sea la noticia fue grande cuando la película se estrenó, porque en esa semana, Nicole Kidman la tomó, pero tres o cuatro meses antes ya la tenía Universal. Nosotros no sabíamos ni como promocionar una película. Y así fue como, obviamente Cine Colombia y RCN se interesaron en el proyecto.
P.15. ¿Cuál es el error que cometen los productores colombianos cuando van a vender las películas fuera del país?
C.E.O. Los productores norteamericanos nos dicen que el error de los productores colombianos es el mismo siempre y es que quieren hacer las cosas baratas y los productores de Hollywood dicen que a ellos no les importan las cosas baratas, les importan las cosas buenas, después se sientan a ver como las vuelven baratas. Hay que venderles en un pitch la historia o un guión muy bueno. Ellos nos decían que los colombianos nos obsesionamos tanto por mostrar que somos mano de obra barata que no hay nadie preocupado por mostrar que es capaz de hacer las cosas mejores que ellos mismos y ahí es donde está el cambio del chip mental que  hay que hacer.
P.15. Hablemos de saluda al diablo de mi parte. ¿Cómo ha sido todo ese proceso?
C.E.O. Cuando la comenzamos, pensábamos que iba a ser fácil de hacer, porque ya habíamos hecho Al final del espectro. Teníamos negociaciones con Universal, teníamos contactos de todos los actores y fue una película que realidad se demoró tres años para terminar de rodarse. Comenzamos a filmar en 2008 e íbamos a hacer una película pequeña de quince días de rodaje, mientras salía el remake de Al final del espectro porque eso se estaba demorando y Universal seguía dando vueltas.  Arrancamos a trabajar con Marlon Moreno, pero no pudo rodar porque estaba haciendo algo con RCN. Nos quedamos sin actor. Casualmente en esos días, Édgar Ramírez vino a Colombia a promocionar Vantage Point y él es muy amigo del actor Juan Pablo Raba quien también es muy amigo de nosotros. Lo conocimos, unos días después le presentamos el proyecto. Al día siguiente nos dijo que estaría como actor. Al mes comenzamos a rodar la película, nos quedamos sin plata, la crisis de 2008 de la bolsa en Estados Unidos, los inversionistas sacaron la plata que podían y entonces nos tocó parar el rodaje. Alcanzamos a rodar 13 días y de ahí en adelante empezamos a conseguir la plata para seguir.

En ese momento Édgar se fue a filmar Carlos, que fue un rodaje de 8 meses en el que terminó con 15 kilos de más. Teníamos que esperar que los bajara y en ese momento conseguimos la financiación de la película, pero afuera. En Colombia no pasamos en la convocatoria del Ministerio y conseguimos buenos socios en dos productoras en Mexico. Con eso logramos terminarla en 2010. Lo que nos faltaban eran solamente 11 días de rodaje. En total fueron 24 días. terminamos la película en el 2010 con seis meses de posproducción en Medellín, menos la mezcla y el laboratorio que los hicimos en Los Angeles. Los efectos especiales fueron hechos en Colombia y la exhibimos el 12 de agosto
P.15. ¿Qué viene ahora después de esto?
J.F.O. Ciencia ficción y una nueva de terror. La nueva de ciencia ficción la estamos mezclando con thriller y estamos esperando salir de toda esta promoción para sentarnos a escribir juiciosos.
L.J.G. ¿Y qué pasó con el remake de Al final del espectro?
J.F.O. El otro año se hará, pero cambiamos de director, lo va a dirigir James Wang, el mismo de la primera parte de Juego Macabro y Nicole Kidman lo producirá y también actuará.

martes, 30 de agosto de 2011

Super 8: hay que ver los créditos finales


(Escrito el 22 de agosto de 2011)

J.J. Abrams se convirtió en un director famoso cuando fue uno de los creadores y el productor ejecutivo de la serie televisiva Lost (Perdidos) durante seis años, en los que captó la atención de los países occidentales y buena parte de países orientales, entre 2004 y 2010. En 2008, creó y también fue productor ejecutivo, de la serie Fringe, que ha tenido también un nivel mediano de éxito. Esta en especial, recordó la serie de los años noventa Los Archivos X, por la investigación de los fenómenos paranormales.  En su reciente incursión en el cine, dirigió primero Misión Imposible 3 que recuperó parte del nivel de la saga que se había perdido con la segunda parte.  Y luego dirigió una película más de Star Trek en 2009, que también recibió buenas críticas.  Estos antecedentes demuestran que la obra de J.J. Abrams es una mezcla de talento y renovación, pero también es un realizador que levanta las viejas glorias perdidas de las obras de otros. 
En Super 8, su última película, están presentes estas dos características de su dirección.  En primer lugar, esta es un homenaje a las primeras películas de Steven Spielberg, cuando con historias de personajes sencillos, contaba sucesos fuera de lo normal.  Y en segundo lugar, porque va más allá del evidente homenaje, porque le dio vida a personajes creíbles, que desarrolló en escenas de acción novedosas. 
Super 8 tiene en abundancia, reminiscencias a películas taquilleras de los años ochenta como E.T. y Goonies. A otra entrañable, pero más íntima, como Cuenta conmigo. Y le da tiempo para hacer un homenaje también a George Romero y sus películas de zombies.  Además, esta obra que el mismo escribió, tiene una clara influencia de las narraciones del novelista de terror y ciencia ficción, Stephen King.  Un pueblo pequeño, un grupo de amigos que llevan graciosas conversaciones, malas relaciones entre padres e hijos, traumas emocionales, creatividad para las aventuras y un inmenso peligro invencible que los acecha, son parte de los clásicos elementos de King.  De Spielberg toma la vieja lección que dio en Tiburón, cuando se demoró gran parte del metraje en mostrar el monstruo que aterrorizaba a la población.  Pero por encima de todas estas influencias, J.J. Abrams logra un relato emotivo en la construcción y la relación de los personajes. Tiene una firme dirección tanto en los jóvenes actores como en las espectaculares escenas de acción.  J.J. Abrams toma los fundamentos de estos expertos del cine y la literatura de acción, y hace un relato con una alta calidad narrativa que obtiene la empatía con el público.
Logra escenas para recordar, como la primera vez que Alicia (Elle Fanning) actúa ante la cámara del pequeño grupo amateur de cine en la estación de tren.  O también, cuando ella hace su primera interpretación de zombie y muerde a Joe (Joel Courtney). Asimismo, la conmovedora escena en que se activa el proyector de Super 8  que muestra las imágenes de la mamá de Joe, y por supuesto, el desarrollo de la escena final con el símbolo más importante de la historia presente: el collar que la mamá de Joe le heredó.  Con respecto a las secuencias de acción, el choque de los trenes sigue retumbando fuera de la sala, por encima de otros momentos de espectacularidad made in Hollywood.  Los personajes adultos en general tienen desarrollado su carácter, pero sobresale el trabajo con el grupo de jóvenes actores quienes se llevan toda la atención, con sus diálogos e interpretaciones.
De todas formas la obra tiene sus defectos, porque a pesar de ser en términos generales una película entretenida y bien narrada, hay elementos que no están a la altura de los mencionados anteriormente, como el monstruo que se parece a otros ya vistos en las películas de Alien, y el problema de casting con el papel antagonista del actor Noah Emerich quien interpreta al déspota coronel Nemec, que no logra dar el suficiente temor que estaba estimado en el guión.
Igualmente, la película ofrece a los espectadores un regalo mientras ruedan los créditos finales: la ópera prima del joven Riley Griffiths en formato Super 8. Hay que verla así sea de pie, cuando el espectador ha creído que la película se ha acabado.