lunes, 20 de junio de 2011

Conocerás al hombre de tus sueños: enredos de parejas en Londres

(Escrito el 14 de junio de 2011)

De manera tardía llegó por corto tiempo, la penúltima película del neoyorquino Woody Allen, lo cual es una sorpresa en la cartelera local en medio de tantas precuelas, segundas partes y remakes que tanto abundan.   Por cuarta vez en su extensa carrera, el prolífico Allen trasladó las historias de su natal y amada New York a la ciudad de Londres, donde una vez más dentro del mundo burgués, que es su favorito en contextualizar, narra las desgracias amorosas de un núcleo familiar compuesto por dos envejecidos padres, su hija y su yerno.
Allen en Conocerás al hombre de tus sueños (You will meet a talk dark stranger) demuestra su especialidad en desarrollar los conflictos humanos, que por encima de su nivel socioeconómico, terminan en la desdicha por las debilidades del corazón.  En esta obra, Allen centra las motivaciones de sus personajes en las inseguridades que tienen con su vida actual.  Por esa razón, los cuatro personajes se lanzan en busca de aventuras amorosas al inicio del metraje en tono de comedia, pero que finaliza en tono de drama, dejándolos bastante perdidos con respecto a su punto original. Todos los personajes concluyen en un punto patético, en el que se enceguecen por ambicionar más amor del que tienen, pero con métodos poco amables.  En primer lugar, Alfie abandona a su esposa de toda una vida para casarse con una cara y voluptuosa ex prostituta rubia. Helena después de ser abandonada por Alfie, permite que la brújula de su vida  esté manipulada por una vidente con falsas profecías que ella sigue al pie de la letra.  Sally, la hija, tiene el sueño de despegar su carrera en el mundo de las galerías de arte, mientras flirtea en su cargo de asistente con su jefe, un hombre casado y dueño de la galería en que ella trabaja. Por último está su arrogante esposo Roy, quien sufre de un bloqueo creativo como escritor, pero que abandonado por el talento, quiere poseer a su exótica y hermosa vecina Dia, para que ella sea su nueva musa.
Conocerás al hombre de tus sueños es una muestra más de las enormes habilidades en la dramaturgia de Woody Allen, con la diferencia que este final es más abierto que los concluyentes finales de sus obras anteriores.   Los personajes son creíbles y se ven fortalecidos por sus fecundos diálogos, otra de las fortalezas de Allen. Además, su talento para la dirección de actores, logra mejorar los registros anteriores de un actor como Anthony Hopkins (Alfie), quien se ha encasillado repetidamente desde años atrás.  Allen impulsa el mejor talento de otros reconocidos actores como es el caso de Gemma Jones (Helena), quien es la de mejor interpretación de la obra, Naomi Watts (Sally), que sufre con menos dramatismo que en otras películas en que ha actuado y con Josh Brolin (Roy), quien es el personaje más ruin de la obra, sin llegar a exageraciones en que caen algunos villanos.  También es novedoso y bien logrado el aporte de la inglesa Lucy Bunch, quien hace el papel más gracioso de la película siendo Charmaine, la nueva amante y luego esposa de Alfie.
Esta no es la mejor obra de Woody Allen, pero si es una muestra más de que está en buena forma. De su ciclo de películas del siglo XXI, Conocerás al hombre de tus sueños, está por debajo de películas como Match point, la mejor en drama sin lugar a dudas y Ladrones de medio tiempo, la mejor en comedia.  Pero sí está mejor en su conjunto que otras como Melinda y Melinda, Scoop y Todo lo demás.  Está pendiente por ver de su filmografía Medianoche en París, que fue estrenada este año. Si tenemos suerte, puede ser estrenada en 2012.

martes, 7 de junio de 2011

Hangover 2: pastillas para la memoria

(Escrito el 2 de junio de 2011)

Bangkok está considerada como la ciudad de los pecados en el lejano oriente, donde los viajeros de todo el mundo, pero en especial los occidentales, van a hacer lo que no pueden hacer públicamente en sus países y lo que es mejor aun para ellos, a un bajo costo. Por eso se hospedan allí un buen tiempo mientras llevan unas vacaciones desenfrenadas y libidinosas. Claro que las políticas de “vista gorda” de las autoridades, complementada con una esmerada atención al extranjero por parte de los tailandeses, llegan a cumplir la promesa de frases como: “más allá de lo que usted se pueda imaginar”.  Pero occidente también tiene su ciudad del pecado, que es Las Vegas, en Estados Unidos, donde cualquiera que vaya a estar una temporada en sus casinos y hoteles, puede arruinarse por completo, mientras se divierte como nunca lo haya hecho en su vida. Antes esto sucedía en La Habana, Cuba, pero Fidel Castro y sus amigos cerraron las puertas del libertinaje estadounidense.

Precisamente eso es lo que hacen los tres protagonistas (Phil, Stu y Alan) de Que pasó ayer 2 (Hangover 2) quienes permiten que Bangkok con su infinidad de placeres desmedidos, les permita tantos excesos, que vayan hasta el punto de la destrucción. La primera película de Hangover logró una alta carga de comedia que el público aplaudió repetidamente cuando estuvieron en Las Vegas. Fue usada como estructura, una narración detectivesca con el objetivo de descubrir los hechos de la noche anterior, con avances de pista en pista, mientras recuperaban la poca memoria en medio de una dolorosa resaca. La película además de su situación, planteó a tres personajes principales con perfiles bien definidos.  
La segunda parte logra varias escenas graciosas y también mayor espectacularidad en las escenas de acción, pero toma muchos elementos repetitivos de su prototipo original que no le permiten ser tan graciosa como su antecesora. Elementos como la despedida de soltero, la pérdida de la memoria de los tres personajes, una boda a punto de cancelarse, una prostituta en medio de la aventura, un cuarto personaje perdido al que deben rescatar, una alteración física del personaje de Stu, la culpabilidad del personaje de Alan en la pérdida de la memoria y un predecible final en el que logran efectuar la boda (no estoy arruinando nada, es de esperarse este cierre). También lo es su epílogo con los fotografías de la noche de aventuras mientras ruedan los créditos.  Hasta Mike Tyson vuelve a la escena en un cameo en el que se burla de si mismo, pero con mucho más ahínco que en la primera parte.
Sin embargo, por encima de calcar a su predecesora, los personajes secundarios logran hacer aportes al nuevo relato con sus exageraciones. En primer lugar está Mr. Chow, un personaje que fue antagónico en la primera parte y ahora es un aliado, quien en las escenas en que está presente, logra una personificación satírica de los estereotipos de los hombres rudos de las películas del lejano oriente y también de los desenfrenados capos extranjeros de la mafia en los Estados Unidos. Mientras está en pantalla, es el centro de atención y carga sobre sus hombros a los tres personajes principales. Estos tienen que darle una merecida venia.  El otro personaje es el mono pervertido quien con su chaqueta de los Rolling Stones, también sobrepasa en humor a los protagonistas.  Aunque los monos son un recurso usado muchas veces por Hollywood para alabar el exotismo de otros países o simplemente para mostrar monerías en la pantalla, en esta película es un aporte que es tomado por los guionistas  de la realidad tailandesa, donde los monos conviven en las ciudades de manera habitual, pareciéndose en sus acciones a los humanos y no precisamente en las más honrosas.  Igualmente hay que agregar a este grupo, al silencioso monje budista quien en su silla de ruedas hace las veces de testigo presencial y también partícipe de la disipación.
Hangover 2 pasa por todas las posibilidades grotescas del sexo pagado, con personajes maleables en medio de Bangkok, una ciudad que espera con los brazos abiertos llevar a sus visitantes a la perdición. Por eso el público se divierte y anima a los personaje en su exótico viaje.
De todas maneras, el equipo realizador trata de congraciarse con la cultura tailandesa con los globos y la memoria que se recupera con la meditación budista, pero a pesar de tanta burla, finalmente le hacen una gran publicidad a Tailandia, para que vayan más turistas, así se crucen con muchos peligros. Si en la película animada Río se mostraba a Brasil por medio de las playas y los animales como su sello particular, en Hangover 2, se lo dan con a Tailandia con las prostitutas y los moto triciclos.  Con esta garantía llegarán los turistas y también los espectadores voyeristas, en cantidades alarmantes.

P.D. Alguna vez, el realizador audiovisual Diego Becerra dijo que ir a ver películas un miércoles de "bambucha" era la manera de arruinar una proyección. Tiene toda la razón. Los miércoles en Bucaramanga, se concentra en las salas un público ruidoso, insoportable y simplón, que le dañan el plan de ir a cine a cualquiera.  No paran de hablar, quieren hacer su propio show mientras la proyección corre y hacen intervenciones absolutamente estúpidas en la sala.  ¿Tailandia es al lado de Japón? Bangkok se parece como al paseo del comercio pero con micos, ¿cierto? o, ¿cuál película es esa 2011? Son parte de las sandeces que se oyen en la sala.  Una vez más lo barato sale caro.  Por tener más gente en las salas, se acepta cualquier comportamiento, solo porque es económico y los grupos grandes y bullosos dicen cualquier cosa durante todo el metraje. Cobardía al fin y al cabo, práctica muy común en los espacios públicos de este país. Seguimos teniendo en Colombia problemas con la formación de públicos para el cine.  No son suficientes los pocos talleres que promueve la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura. Todavía falta mucho y los planes que hay son a corto plazo.  El problema continuo de la falta de educación y el comportamiento en grupo. Por ahora, mejor no ir un miércoles a ver películas, es garantía de salir con la sensación de aborrecer el templo del cine: la sala de exhibición.

sábado, 28 de mayo de 2011

Thor: mitología en manos de un experto

(Escrito el 19 de mayo de 2011)

Cuando la película Thor parecía un mito más de los pueblos ancestrales que Hollywood iba a arruinar una vez más con sus excesos y clichés, afortunadamente sucedió todo lo contrario. Su resultado final en términos generales es satisfactorio para el público y la crítica.  Al dios Thor se le debía un relato honroso porque en el pasado, cuando había sido llevado a las pantallas, los resultados en su mayoría resultaron decepcionantes. No fue logrado recientemente en obras recientes como la serie de televisión Poderoso Thor, ni tampoco en un pasado más lejano con la serie televisiva animada de los años sesenta de los superhéroes de la Marvel, con sus sonidos exagerados, lentos movimientos de animación y onomatopeyas traspasadas a texto con bordes de colores.
Detrás de este acierto está el nombre del director británico Kenneth Branagh, quien se ha caracterizado no sólo por ser un actor de carácter, sino también por ser un director exigente con la dramaturgia de sus obras. Sus películas en su gran mayoría han sido puestas en escena de las obras teatrales de William Shakespeare, caracterizadas por tener el sello de una libertad creativa en su realización, que se llevaron aplausos varias de ellas.  Branagh ha sido el director que en las últimas décadas ha heredado el paso de las obras de Shakespeare a la pantalla grande, lo cual en el pasado hacía Sir Laurence Olivier, uno de los más importantes directores – actores del mundo.  Así que difícilmente podría esperarse un fracaso cinematográfico, al menos en lo referente a dramaturgia y actuaciones.
De todas maneras Branagh ya había manejado antes una obra con muchos efectos especiales con mezcla de ciencia ficción, en una arriesgada adaptación de Frankestein, la novela de Mary Shelley que se apegaba a la historia original del siglo XIX.
Actualmente la nueva versión de Thor respeta el planteamiento mitológico del héroe nórdico con un primer acto que se contextualiza en Asgard, el reino de los protegidos de Odín, donde sus guerreros libran una lucha eterna con sus enemigos, los gigantes de hielo. Con la tecnología 3D y los efectos especiales, la serie de secuencias se puede disfrutar mucho más, porque junto con la dirección de arte, vestuario y maquillaje hacen un deleite visual al servicio del conflicto principal acerca de la arrogancia y sus consecuencias.   Incluso Anthony Hopkins, quien últimamente ha hecho varias actuaciones predecibles y parecidas entre sí,  representa con verosimilitud a Odín, el rey de Asgard.
Los conflictos en el reino de los cielos estuvieron desarrollados con mucho oficio, tanto así que en el momento del contacto de Thor con el mundo de los humanos, las acciones se desarrollan con soltura.  No hay disparates, ni exageraciones.  Las escenas de acción con el poderoso martillo son impresionantes. 
El nuevo actor australiano Chris Hemsworth le da su propia identidad a la caracterización de Thor, cuando por la cantidad de millones de dólares invertidos podía predecirse que se contrataría a algún actor famoso para que su nombre trajera más público. Ojalá hubieran hecho lo mismo con la película Troya, que protagonizó Brad Pitt. Pero igualmente Hollywood no se detiene en dejar su marca y estropea parte del relato con sus injerencias.  Una de ellas es reducir al personaje de la científica Jane Foster (Natalie Portman) a solo decir líneas de temor, mientras huye del peligro, en varias escenas, a tal punto que el personaje abandona la inteligencia planteada inicialmente. Es el cliché de la mujer desamparada que necesita de su héroe para salvarse.  La figura obligada del agente principal del FBI (Clark Gregg ), quien es el antagonista de Thor en la tierra, no infunde ningún temor con sus forzadas líneas de tipo duro con traje impecable y gafas oscuras.  Pero en especial lo que más falla son los diálogos finales en el momento del clímax del enfrentamiento de los dioses, que desnivela lo logrado en casi toda la narración.  Los diálogos de esas escenas pueden ser los mismos de cualquier otra película de aventuras de ciencia ficción de alto presupuesto.  La marca de la diferencia que había logrado Thor se pierde en esa secuencia.  Ya en su epílogo, la obra queda abierta para que haya una segunda parte. Se tienen confianza la compañía Paramount Pictures por lo hecho en esta primera cinta y ojalá sea otra vez Kenneth Branagh quien la vuelva a dirigir. Inspiraría confianza. En manos de otro, se perdería la secuela de una película que sí logró acercar el mito de Thor al público masivo. 



lunes, 2 de mayo de 2011

Lecciones para un beso: publicidad matando cinematografía

(Escrito el 25 de abril de 2011)

Durante la denominada época dorada de Hollywood entre los años treinta y sesenta del siglo pasado, una de las características de su ritmo narrativo era el denominado montaje invisible. Este se construía en la sala de montaje para que la historia fuera lo más pulcra posible, sin que hubiera alguna interrupción en la unión de planos que entorpeciera la narración de la historia y que mucho menos le diera tiempo al espectador de poner en tela de juicio la puesta en escena de la película.
La película colombiana Lecciones para un beso  del cartagenero Juan Pablo Bustamante, es narrada de manera clásica como el antiguo Hollywood, pero muestra las costuras de su construcción, visibilizando problemas en su dirección y también en su guión.   Con respecto a su dirección, la película en su gran mayoría de minutos y en especial en el cierre de su tercer acto, tiene una puesta en escena más cercana al lenguaje de la publicidad que a un lenguaje narrativo para una historia cinematográfica. Por momentos parece más una extensa coreografía que se adecua para la acción de unos modelos entrando a escena, que a personajes de una obra movidos por sus motivaciones para tratar de resolver sus conflictos. Se notan las marcas que les dieron a los actores, para su desplazamiento dentro del encuadre de la cámara.
Con respecto al guión, tenía una historia que a pesar de lo predecibleque se trazaba desde su trailer, podía explorar las relaciones entre los personajes, pero se orientó más por darle prelación a la conclusión de la acciones, descuidandolas motivaciones como punto de partida. Aquí, otra vez entrometieron el lenguaje publicitario, con acciones mecánicas, carentes del espíritu de las personalidades.   Sus diálogos aunque son abundantes son superfluos y en muchas tomas, las acciones de los personajes se adelantan a los diálogos que originan esas acciones.   El papel principal de Alejandro el adolescente, debió ser el de mayor cuidado en su construcción, pero fue el más abandonado.  Lo ridiculizan desde el inicio, paseándolo durante varias secuencias con un maletín de viajero con ruedas, que contradice su interés por ser tomado como casi un adulto.  
Acerca de la interpretación el joven actor José Julián Gaviria poco podía hacer ante la malograda construcción de un personaje que está la mayor parte del metraje mostrando solo sus molestias y exagerando su emotividad.  Un personaje construido como el hombre de hojalata de El Mago de Oz, que se puede ver, pero que no hay ninguna emoción dentro de él.  
El papel de Antonia, la mamá, interpretado por Cristina Umaña, tampoco logra crear el parentesco con Alejandro y más bien sus diálogos parecen los consejos de una tía o una vecina que ha conocido al joven por un buen tiempo.  En cambio, el personaje de Guillo, interpretado por el cubano Bárbaro Marín, es el más logrado de todos porque transmite el carácter de mujeriego y mentiroso, uno de los tantos estereotipos del hombre de la costa Atlántica colombiana. Las situaciones en que se ve envuelto y su interpretación, son lo mejor de la película, junto a la pareja que hace con Catalina Londoño, quien lleva el papel de Mónica, la víctima de una de las apuestas.  
La dirección de arte es un acierto de la obra, porque recrea el mundo burgués de Cartagena y se complementa con el buen trabajo de selección de locaciones de la ciudad amurallada.
Lecciones para un beso es una película en la que finalmente prevaleció un interés por agradar a un público con todo su colorido fotográfico pero que en los trazos de su historia y sus personajes,  esos colores quedaron nebulosos.

lunes, 11 de abril de 2011

Los ojos de Julia: Sobre ciegos e invisibles

(Escrito el 5 de abril de 2011)



Hay películas que es mejor esperar a que lleguen a su tramo final, para saber si tienen alguna novedad o sorpresa al menos en su culminación.  Eso sucede con la película española Los ojos de Julia de Guillém Morales. Los dos primeros actos son soporíferos, predecibles, con muchos lugares comunes, con clichés en sus diálogos, sonidos y efectos de terror. Pero falla principalmente en la construcción dramática de la historia de amor que proponen desde el inicio, con una pareja de casados que no encaja, porque las acciones que suceden alrededor del misterioso suicidio de la invidente Sara, van pisoteando la construcción del mundo íntimo de Julia e Isaac.  La muerte de Isaac de la misma manera que lo hizo Sara, no despierta ninguna emoción y deja la simple premisa tantas veces vista de que la protagonista puede estar enloqueciéndose, pero debe demostrarle a las autoridades y a quienes la rodean, que la intuición de ella no puede estar equivocada con respecto al conocimiento emocional de sus dos seres más queridos.  
Hasta ahí la película no ofrece nada nuevo y en propuesta lo único que inquieta es la teoría de que existe un grupo de gente que se vuelve invisible para los demás, porque su baja autoestima los va convirtiendo en etéreos. Parecía sólo una película española tratando de hacer terror como las flojas películas norteamericanas de estudio.

Pero por fortuna toda la narración cambia cuando se revela el modus operandi del asesino después de la operación de los ojos de Julia, porque ella al igual que su hermana gemela Sara, tiene una enfermedad degenerativa que la va dejando ciega poco a poco.   Desde este punto, la película incluso parece otra distinta a la planteada al inicio.  El tercer acto se toma bastante tiempo en toda su conclusión porque el estar Julia temporalmente ciega , el microcosmos de Iván (Pablo Derquí), el hombre que se siente invisible, se devela en una secuencia tensionante de convivencia entre el asesino disfrazado con piel de oveja y su nueva víctima, quien también es la más hermosa que ha tenido hasta el momento. Por eso fue llamada Belén Rueda para los papeles de bella adulta atormentada como lo hizo antes en El orfanato. El papel le talla bien.
La desequilibrada relación iniciada en el encierro de Julia e Iván, va en un crescendo dramático con pulso firme en su manejo del tiempo.  Antes de la revelación de la identidad, el encuadre de la cámara no había mostrado con anterioridad la cara de Iván,  ni siquiera al espectador,  así que su tranquila y aparente dulce voz que propone momentos de anti clímax, después irrumpe con una gran fuerza cuando es revelado el rostro de este personaje y empieza el carrusel enfermizo de persecución del aparente invisible contra la aparente ciega.
En su mejor momento hay un enlace del guión que por querer hilar todos los personajes con las acciones, arruina la persecución, al correr la cortina de quien es la madre abandonada por Iván. Por otro lado, el epílogo de la obra tiene una carga poética conmovedora pero incompleta, ya que debido a la endeble construcción de la relación entre Isaac y Julia no logra entrar con la toda la emotividad que podía hacer un mejor cierre.

Podría ser que los guionistas de Los ojos de Julia, el mismo Guillém Morales y Oriol Paulo, no hayan tenido ningún interés político en su temática de la dependencia, pero una lectura un poco más retorcida podría arriesgarse a decir que esta película es una alegoría acerca del manejo político de gobernantes que enceguecen a sus pueblos, para luego en su momento más oscuro ofrecerles la mano para ayudarlos. Su verdadero objetivo es aprovecharse de ellos y mentirles acerca del mundo que existe alrededor, porque como no pueden verlo solo se conforman con la información que cuenta la voz manipuladora del gobernante. De esta manera actuaba Iván con sus víctimas.  Podría ser esta una lectura más.  Pero para teorías retorcidas del enceguecimiento, siempre se podrá tener al escritor argentino Ernesto Sábato con su Informe sobre ciegos.

sábado, 26 de marzo de 2011

Los colores de la montaña: los sonidos del desplazamiento

(Escrito el 23 de marzo de 2011)


En el pasado festival de cine de Cartagena la película Los colores de la montaña junto con Todos tus muertos, fueron la mejor muestra del cine colombiano ante su propio público y también ante el iberoamericano, en la categoría de competición oficial en largometraje de ficción.  En la obligatoria actividad de publicidad y mercadeo de la obra, con su claro objetivo de acercar al público a las salas, los productores llevaron a los niños protagonistas al festival para llamar inicialmente la atención del público. Este encuentro en las calles de la ciudad amurallada, frente a las cámaras de los noticieros que los acompañaron durante el trayecto en que los niños conocieron el mar por primera vez, formaron un primer vínculo para que el espectador desprevenido empezara a tener cierta curiosidad por ir a ver la película.  
Y afortunadamente al ver la obra del antioqueño Carlos César Arbeláez, estos niños actores no se convirtieron en la pantalla en esos pequeños personajes sabelotodos con ínfulas de convertirse en estrellas de cine o televisión, ni tampoco en los niños acostumbrados a la ruda vida de la calle, que se defienden con sus puños, pero especialmente con groserías.   Para esta ocasión, el delicado guión escrito por la propia mano del director, nos cuenta la historia de un grupo de niños una vereda en Antioquia llamda La pradera, quienes se ven obligados a interrumpir su rutina en los espacios delimitados por el colegio, la casa y la cancha de fútbol. El nuevo balón de fútbol del grupo de niños cae en un campo minado y alrededor de este suceso, la vida de ellos  y sus familias empieza a derrumbarse por la presencia taciturna de la violencia que los va acechando poco a poco hasta desplazarlos.
La película narra con desenvoltura la vida cotidiana de estos niños campesinos, que generan un ambiente de armonía sonora en un lugar construido por sus padres y abuelos, pero que a medida que los diversos agentes de violencia se van tomando estas montañas, entra en las secuencias finales en un silencio que va arrebatando todo lo que tocan.   Esta disminución de los diálogos que son reemplazados por acciones de huida, junto a su impotente final, la convierten en una obra que nos remite al escenario que pareciera no tener solución en Colombia que es el de la apropiación de la tierra.  La obra no busca resolver este problema, ni hacer una tesis de solución, pero sí deja una importante marca que muestra la golpeada vida de los campesinos de Colombia de la zona andina en esta ocasión.
Sin llegar a puntos de manipulación que tuvieron películas anteriores como la mexicana Voces inocentes (de historia salvadoreña), ni tampoco acudir al estremecimiento de la película iraquí Las tortugas también vuelan, esta película colombiana deja una huella emotiva en la filmografía de obras que narran fragmentos de conflictos bélicos contados desde el punto de vista de los infantes.  Con esta película Carlos César Arbeláez hace un aporte universal desde Colombia, un lugar del mundo que ha sido un constante portador de malas noticias. También hay que resaltar la asesoría de Carlos Henao en el guión, actualmente uno de los mejores en este ramo de la filmografía nacional.
El acertado trabajo actoral con los niños, la compenetración con las locaciones, los pequeños detalles del vestuario de la vida rupestre colombiana, además de una fotografía que duele observar porque muestra esas partes de Colombia que se está perdiendo por la vía de las armas, son otros de los valores de esta singular película que afortunadamente por la buena respuesta del público en el festival de Cartagena, pudo llegar a las salas de las principales capitales del país. 

sábado, 12 de marzo de 2011

El "home run" del Festival de Cine de Cartagena


Desde el año 2004 en el programa de Artes Audiovisuales de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, ha sido habitual que profesores y estudiantes asistan al Festival Internacional de cine de Cartagena. Y hay que decir rotundamente que esta edición ha sido la mejor de todas las presenciadas hasta el momento.  Las razones son las siguientes: una mejor organización en las proyecciones y salas de exhibición, la fama de los invitados internacionales, una mayor convocatoria en los espacios de nuevos creadores estudiantiles y por supuesto, la alta calidad de las películas tanto en competición como en la muestra general. Desde la muerte en 2008 de Víctor Nieto, el fundador del FICCI, el festival tambaleó en sus ediciones de 2009 y en especial en la de 2010, pero ahora con la dirección de Mónica Wagenberg, junto con su equipo de trabajo, recuperó el prestigio que tuvo en décadas anteriores, de lo cual ya pocos visitantes se acuerdan.  Afortunadamente la superficialidad y ruido de los premios India Catalina de Televisión, poca intromisión tuvieron con el transcurso del FICCI.
 
No voy a incluir en este texto el palmarés completo que tanto se ha publicado en otros medios, sino un punto de vista acerca de las obras que pudieron ser vistas, aclarando que la calidad de la mayoría de las obras fue alta ya que, como le sucedió a muchos de los asistentes, no fue posible verlas todas.   La película ganadora para el jurado fue la chilena Post mortem dirigida por Pablo Larraín, que tenía en especial dos secuencias inolvidables. Una de ellas la llegada del cuerpo del presidente Salvador Allende cuando fue asesinado el 11 de septiembre de 1973, junto con otros cuerpos de gente acribillada durante el golpe militar.  La ausencia de espectacularidad y la asepsia con que se acercan los personajes a ser testigos de uno de los momentos fundamentales de la historia chilena, son de admirar. La otra secuencia, es el final con el plano secuencia en que Mario su personaje principal, toma su venganza personal lentamente.   Su gran competidora fue la película uruguaya La vida útil, que ganó para otros círculos como la crítica nacional, la crítica internacional y los cineclubistas, pero no para el jurado integrado por Arturo Ripstein, Caroline Libresco y Mike Goodridge.   

En la categoría de mejor guión la ganadora fue la película argentina Rompecabezas de Natalia Smirnoff, lo cual fue muy poco para esta obra que merecidamente podía haber sido la ganadora. Esta obra indaga el interior de una ama de casa que se obsesiona con armar rompecabezas, para encontrar en su afición, la liberación de una pasión individual lejana a las imposiciones de su vida familiar.  Además, su dirección intimista, con un personaje que narra con su mirada y sus silencios, la convirtieron en una obra que exploraba el mundo femenino de la adultez, sin necesidad de volverse un panfleto feminista.  Además hubo buenas sorpresas como 18 comidas de España y Asalto al cine de México. 

En cuanto a las películas colombianas fueron mayores las alegrías que las tristezas. Hay que felicitar al equipo realizador de obras como Todos tus muertos de Carlos Moreno y Los colores de la montaña de Carlos Cesar Arbeláez, que en general dejaron una grata impresión con los puntos de vista expuestos acerca de la realidad colombiana, con aportes como el surrealismo que se acercaba al absurdo en la primera y de la cándida simplicidad de unos niños campesinos en la segunda, que quieren recuperar un balón en un campo minado.  También lo hicieron en la categoría documental Pequeñas voces y Apaporis, en busca del río.  La gran decepción fue la película Karen llora en un bus de Gabriel Rojas, de la que todavía es inexplicable por qué entró a la competición oficial, siendo una obra superficial sin dimensión profunda en sus personajes y abundante en lugares comunes. Fue la peor de la competición sin lugar a dudas.

Con respecto a la muestra internacional, la elección de traer películas como También la lluvia de España, The robber de Austria, Tropa élite 2 de Brasil, Abel de México, Poetry de Corea del sur y De dioses y hombres de Francia entre otras, también engalanaron este festival, que dejó la impresión de no tener que envidiarle mucho a otros festivales latinoamericanos. Caso aparte fue la doble conferencia del mexicano Guillermo Arriaga, guionista de Amores Perros, Los tres entierros de Melquiades Estrada y 21 gramos quien acaparó la admiración de los numerosos asistentes. Una charla inolvidable así como lo fue esta edición 51 del festival.








viernes, 25 de febrero de 2011

El discurso del rey: discursos que inspiran antes de la guerra

(Escrito el 22 de febrero de 2011)


Inglaterra, un país acostumbrado a grandes guerras y batallas a lo largo de más de 20 siglos, muchas de ellas provocadas por ellos mismos al invadir a otros países cuando fueron la aplastante potencia número uno del siglo XIX, otras tantas incitadas por sus numerosos enemigos, algunas merecidas, ha tenido momentos gloriosos y victoriosos en ese largo camino de enfrentamientos por todo el globo terráqueo. Pero en algunas ocasiones, por encima de sus cañones, barcos y uniformes, lo que más ha quedado en el recuerdo de la historia han sido los intensos discursos de sus líderes que tanto ánimo dieron en esos momentos de contienda.  

Uno de ellos fue el dado por Enrique V en la batalla de Agincourt en 1415 que inmortalizó William Shakespeare en la obra que lleva el mismo nombre del rey inglés.  Con ese discurso inspiró en el campo de batalla a 5.000 soldados que vencieron a 25.000 franceses durante La guerra de los cien años.  El otro discurso, menos lejano y sin lugar a dudas el mejor de todos, fue dado por Winston Churchill en junio de 1940, acerca de la impensable rendición de Inglaterra ante el ataque alemán, en la hora más oscura que ha vivido Inglaterra en su larga historia, ante un ataque que prometía la devastación total de la isla.  Estos dos discursos inspiraron a los soldados y también a los civiles en el caso de Churchill, que los avocó al más grande sacrificio por defender su tierra.   Acerca de las palabras adecuadas en el momento más preciado, trata la película inglesa El discurso del rey nominada estos días al premio Oscar de la Academia como mejor película además de otras nueve nominaciones.   El logro del rey Jorge VI al vencer su tartamudez para dar el discurso de aliento a su pueblo cuando le declaró la guerra a Alemania por invadir a Polonia en septiembre de 1939, es muy pequeño comparado con lo obtenido por Churchill y Enrique V, pero la película no narra ningún acontecimiento de la guerra más cruenta de la que haya tenido noticia la humanidad, sino que es un relato intimista acerca de cómo un hombre de la más alta estirpe por una jugarreta del destino causado por el romanticismo de su hermano mayor, recibe la corona de rey y debe enfrentar sus mayores temores, para dar un discurso que inspire a su nación a luchar incansablemente.
Esta es una película hecha para ennoblecer la figura de los monarcas que tanto ha sostenido Inglaterra a pesar de los grandes cambios políticos, con tal de tener en la cima y también en las murmuraciones, a la familia real más famosa de todo occidente del planeta.  Y la película cumple con su cometido  de ser un relato que humaniza, es decir, muestra las debilidades de un hombre que no había sido designado para ser rey, pero que llega a este cargo en el momento más difícil para su nación, y ante la cual debe responder con la entereza y claridad de unas palabras que demuestren la grandeza de su posición. Su tartamudez es su mayor enemigo y para llevar a cabo esta lucha personal, su esposa Elizabeth (Helena Bonham Carter) obtiene los servicios de un ortodoxo terapeuta australiano para ayudarlo. El discurso del rey tiene un gran cúmulo de cualidades, como su guión que se enriquece con sus refinados diálogos, las actuaciones de Colin Firth y Geoffrey Rush en un entrañable duelo de clases sociales y nacionalidades que se convierte por los constantes roces en una entrañable amistad, la ambientación de los años treinta del siglo pasado con su vestuario, maquillaje y arte, aunque esto más que una cualidad era una obligación, y en especial los momentos de tensión que se transmiten con los silencios y titubeos del nuevo rey, que le dan mayor emoción a la superación del defecto que tiene este monarca.  
Las nominaciones que han tenido en los diversos festivales son justas, en especial la de Colin Firth, un actor que ha demostrado su carácter para papeles secundarios, antagonistas y ahora, un protagonista a la altura de un soberano.  Jorge VI no salvó a Inglaterra por este discurso, pero sí fue el representante que los ingleses esperaban oír en el momento justo para darles el coraje de iniciar el enfrentamiento a Adolfo Hitler y su máquina de guerra.  Al final de cuentas El discurso del rey es una película recomendada para revivir un drama un tanto desconocido detrás de las cortinas de la corona inglesa, esta vez sin enfatizar en los escándalos. Lástima que en cuanto a interpretaciones la que realizó Timothy Spall de Churchill, es más caricaturesca, que las demás, menos mal salió pocas veces.  Es bastante complicado interpretar a Winston Churchill. Si quieren ver una buena representación hay que ver al siempre magnífico Albert Finney en "The Gathering storm", película hecha en 2002 para la televisión inglesa.
Como un dato adicional, este rey, cuyo verdadero nombre era Albert Frederick Arthur George, Duque de York de la casa dinástica de Windsor, es el rey al que se refiere como "el amable rey Jorge" la sublime banda inglesa de rock Pink Floyd en la canción "When the tigers broke free".  Esta canción solo fue presentada para la película The Wall de Alan Parker (quien todavía afirma que no sabe de que trataba esta película) en el año de 1982. La canción originalmente hacia parte de el álbum The Wall de 1979, pero solo la publicaron para la película en uno de los momentos claves de la obra, porque durante su entrada en pantalla, se relata la muerte del padre de Waters, llamado Eric Fletcher. Es una de las secuencias más emotivas de la obra y fue este rey Jorge VI quien envío una carta prototipo que se le llegaba a las familias cuando les informaban que su padre, hijo, hermano, tío o primo, murió en la guerra defendiendo la bandera inglesa. "El amable rey Jorge VI" solo la firmaba.

viernes, 11 de febrero de 2011

The fighter: y los ganadores son… los actores secundarios

(Escrito el 9 de febrero de 2011)



Empezaron a llegar a la cartelera local las películas nominadas para los premios Oscar siendo El Ganador (The Fighter) la primera de ellas.  Hay que decir de entrada que el final de The Fighter es innegablemente obvio y que se puede adivinar desde su tráiler, porque al estar basada en una historia de la vida real, el triunfo personal de su protagonista era casi obligatorio.  Este clásico mensaje  logra que el público norteamericano responda en taquilla y a partir de ahí, publicitan la película con un gran mercadeo por el resto del mundo a la que les suma nominaciones en los festivales de mayor fama de Estados Unidos.   La película tenía inicialmente a Darren Aronofsky (El cisne negro, El luchador y Réquiem por un sueño) como director, pero finalmente se hizo cargo de la producción ejecutiva.  The fighter distaba de los finales oscuros y destructivos de sus películas anteriores, porque el mensaje de esta era una elevación del espíritu norteamericano con el sempiterno mensaje de triunfo por encima de todas las adversidades. La dirección se traspasó a David O. Russell (Tres reyes) quien también está nominado al Oscar junto con Aronofsky, pero de los cinco nominados, Russell es quien menos posibilidades tiene de ganar. La película no da para tanto. Es exagerada esta nominación.

Pero por encima de su predecible final, la cinta tiene varios elementos que la hacen atractiva y entretenida la mayor parte del metraje. Los dos primeros son sus actores secundarios Christian Bale y Melissa Leo, ganadores recientemente del premio globo de oro al Mejor actor y actriz secundaria.  Christian Bale es reconocido por su preferencia para elegir las transformaciones físicas de sus papeles, lo que le demanda un inmenso sacrificio para subir o bajar de peso.  Primero lo hizo al fortalecerse en películas como Batman begins y Psicópata americano donde creció ostensiblemente su masa muscular, pero el que más llamó la atención fue el deterioro que se inflingió para protagonizar El maquinista, cuando rebajó 28 kilos y quedó literalmente en los huesos.  Bale ha sido criticado por esto, porque lo acusan de valerse de este recurso físico para llamar la atención, pero este actor ha demostrado en varias interpretaciones su habilidad para cambiar de registro y evitar el encasillamiento o repetición en el que caen muchos actores.  Películas como Velvet goldmine, El gran truco (The prestige) y Tren a Yuma 3:10 además de las nombradas anteriormente, dan muestra de la capacidad histriónica del galés.  En The fighter interpreta a Dicky Englund, una antigua gloria del boxeo quien es el orgullo de la ciudad de Lowell en el estado de Massachussetts.  Este boxeador de ascendencia irlandesa, logró la fama a finales de los años setenta en un combate memorable con Sugar Ray Leonard.  En el momento que inicia el tiempo narrativo de la obra es 1993, año en el que Dicky se ha convertido en un delgado adicto al crack, que lleva una vida desordenada, pero al mismo tiempo es el entrenador y mentor de su hermanastro menor Micky Ward, a quien representa mansamente Mark Wahlberg.  Bale bajó alrededor de 20 kilos para este papel, pero por encima de ello, llama la atención su interpretación como un personaje errático, fanfarrón, gracioso y autodestructivo, pero que asimismo posee una visión sagaz para el combate cuerpo a cuerpo.  Por su parte,  Melissa Leo, acostumbrada a papeles secundarios en películas como 21 gramos y Las 3 muertes de Melquiades Estrada, tuvo antes de este papel, una notable interpretación por el inquietante papel en la película independiente Río congelado, que fue ganadora en la categoría de Mejor actriz principal en el festival de San Sebastián y en el National Board Review en 2008.   

Ella interpreta en The Fighter a Alice, la dominante madre de los hermanastros boxeadores, quien es también la representante de Micky en los desastrosos combates que organiza, demostrando una preferencia por Dicky y un descuido con su hijo menor, pero quien resarce sus fallas con un chantaje emocional sobre este último y toda su numerosa familia.   
Las tensas relaciones que se establecen entre los tres personajes son lo mejor de la obra, además de la aparición de la bartender Charlene (Amy Adams) como la novia de Micky, que empeora aun más el trato entre ellos.  Esta estructura dramática sostiene la obra animosamente en los dos primeros actos, pero en el tercero cuando ya se prevé el ascenso de la carrera de Micky en un combate por el título en la categoría Welter junior, es cuando la obra pierde el terreno que tenía avanzado.   Este interés en buena parte del relato, lo logra el guionista Scott Silver quien por su acercamiento con el mundo callejero de los blancos o denominados white trash, ya había logrado un excelente guión en la película 8 Mille con el rapero Eminem como actor principal, lo cual fue una grata sorpresa, y también lo hizo en la película Johns con la que ganó el galardón como Mejor director nuevo en el festival de San Sebastián en 1996.  

Silver junto con Paul Tamasy y Paul Johnson como co guionistas, logran personajes creíbles por el desenvolvimiento natural en sus entornos que se alteran por la dificultad en el manejo de sus defectos, pero que se equilibra con el uso de sus dones.    La complejidad de los vínculos familiares en la pobreza son los dramas que desarrolla Silver, y precisamente en 8 Mille el pequeño triunfo de su protagonista no quedaba tan ficticio como sí sucede en The Figther, así esta sea una película basada en un hecho real.  En este caso, la realidad arruinó el relato de ficción.    Por papeles de boxeadores ya quedaron inmortalizados actores como Robert De Niro en El toro salvaje, Paul Newman en Marcado por el odio, Mickey Rourke por El luchador y Daniel Day Lewis por The Boxer, entre otros, pero esta vez Mark Wahlberg no será recordado por representar a Micky Ward en The Fighter. Quienes sí quedarán en la retina, son los actores secundarios quienes "se roban el show".

lunes, 31 de enero de 2011

El Paseo: ¡Que viva Colombia, carajo!

(Escrito el 25 de enero de 2011)

El paseo, la última película del guionista y productor Dago García ha dividido seriamente a los espectadores colombianos. En una esquina están los más de un millón de espectadores que han ido a verla, lo que avala a Dago García como conocedor del gusto del público colombiano, al punto que puede llegar esta obra a desbancar a Soñar no cuesta nada como la película nacional más taquillera de la historia de Colombia en este siglo, y se puede acercar al millón y medio que tienen La Estrategia del Caracol y El taxista millonario.  En la otra esquina, la más pequeña, están la crítica, los académicos, los realizadores y especialistas en cine, que desprecian esta última obra dirigida por Harold Trompetero.
Al público colombiano que va a las salas de cine, le ha gustado la historia de una familia que emprende un viaje de vacaciones desde Bogotá hasta Cartagena, sufriendo varios problemas durante este trayecto en una vieja camioneta Volkswagen. La película ofrece lo que muchos colombianos degustan en su paladar de entretenimiento: exageraciones y gritos en las situaciones, sobreactuaciones de los actores, clichés de los personajes, una canción de Juanes, paisajes en abundancia, un final con todos los personajes vestidos de blanco como es la moda de los matrimonios en la actualidad,  y todo esto acompañado de las respuestas clásicas, que dan fe de la idiosincrasia nacional callejera con la que muchos se sienten identificados.  Estas mismas razones son las que han hecho detestable la obra para el público de la otra esquina.
El año anterior fue uno de los peores de la década anterior en cuanto a asistencia para las películas colombianas, aunque las cifras de asistencia para ver otras películas ascendieron ostensiblemente, en especial por la gran cantidad de cintas en formato 3D. Desde el 24 de diciembre ha sido El paseo la cinta que ha logrado que el público vuelva a ver una película nacional con mucha afluencia. ¿Pero cuál fue la fórmula para que volviera una película colombiana a tener éxito en taquilla?
Para empezar a dar una respuesta Dago García volvió a tocar los gustos y preferencias de la mayoría de los colombianos.   Este es un país que se desvive por el reinado nacional y todos los demás reinados que existen, así no se vuelva a ganar ninguna corona en Miss Universo. Un país que solo ve telenovelas con mucho folklorismo porque una serie de televisión profunda lo pone a pensar demasiado.  Es un país que mira todos los partidos de la selección Colombia en todas las categorías, incluyendo ahora a las mujeres también, aunque nunca obtenga un título.  Es un país que en todas sus ferias, a pesar de tener varias actividades, termina embriagándose y con algunos muertos de por medio.   Un país que cada diciembre tiene un gran número de niños quemados a pesar que se prohibe la pólvora, porque la costumbre es que navidad sin pólvora no es igual.   Como diría el personaje protagonista de El paseo: “Que viva Colombia, carajo”, porque así se comporta este país en general.
Durante los difíciles años noventa con el conflicto desatado de todos los diversos actores del conflicto, un corresponsal de prensa internacional decía en una entrevista cuando le pregunté por la imagen de Colombia en el exterior: “El país tiene la imagen que se merece”.  Y aplicando esta frase al cine, pues el país tiene la taquilla de cine nacional que se merece.  Como sucede con la gastronomía nacional con platos como la fritanga, la lechona, la arepaéhuevo y toda la gama de fritos, estos son los que mejor sabor tienen para sus habitantes, así al tener un excesivo consumo de ellos terminen haciéndole daño al organismo y llevando a muchos al hospital.
A El paseo hay que reconocerle que logró la afluencia de público para ver las películas nacionales nuevamente, pero al mismo tiempo la fórmula con que lo logra, no da esperanza de que pueda mejorar el nivel artístico de la cinematografía nacional.   De Dago García se extrañan obras que se acercaron bastante a la expresión de los sentimientos colectivos de una manera menos superficial en películas como Te busco o Es mejor ser rico que pobre.  Pero estas tampoco fueron las más taquilleras.  En cambio sus últimas obras, las más frívolas y ligeras de su ya extensa filmografía como In fraganti y Muertos de susto, si lograron reconocimiento en la taquilla.   Parece ser que el grueso del público colombiano sigue queriendo más de lo mismo, como en política, economía, arte, música y gastronomía, entre otras cosas.