martes, 23 de noviembre de 2010

La honestidad de Satanás

(Escrita el 13 de junio de 2007)

Después de haber padecido del folklorismo de “Soñar no cuesta nada”, la futilidad de “Karmma” y la frivolidad de “Bluff”, por fin podemos apreciar una película colombiana  que pone en tela de juicio, temas que realmente puedan interesar a la sociedad de nuestro país.

Con la llegada de Satanás del caleño Andrés Báez, el tema de la incubación de la maldad nos recuerda -una vez más-  que Colombia además de estar apretada a lo ancho por todos los problemas sociales, políticos y económicos, también está siendo estrujada en la individualidad de sus habitantes y esta presión, puede en cualquier momento convertirse en una bomba de tiempo que dañará a todo lo que se encuentra cerca.

Inicialmente la novela de Mario Mendoza y ahora la película de Báez, no nos están dando ninguna buena noticia de lo que está sucediendo en Colombia.  Aunque en los noticieros se empeñen en invitar a ver la película como un plan más  de entretenimiento, como un plan de desestrés, la experiencia de ver Satanás, puede llegar realmente a estresarnos, pero este se recomienda mejor como un estrés necesario.

Hacia mucho tiempo que los espectadores de cine en Colombia necesitábamos de una película producida en nuestra tierra que se adentrara en preocupaciones honestas como el  tipo de colectividad en la que estamos viviendo y la calidad de los valores que están empujando nuestras conciencias. Y es allí donde está la gran virtud de la obra, en que con su pausado pero firme relato, logra desatar grandes inquietudes en el desarrollo de su metraje, hasta finalmente llegar a la ineludible tragedia.

Satanás tiene un final bien conocido en Colombia: la masacre del restaurante Pozzeto en 1986.  Ese es su punto final y también su punto de partida, porque nace de la pregunta: ¿Cómo pudo llegar a suceder eso?  Para responder a esto han sido construidos para esta puesta en escena, tres personajes  principales, que compartirán un destino fatal enmarcados en el triste panorama de un lugar donde no hay salida.

Precisamente, una de las tantas caras que tiene la multifacética Bogotá, su cara lúgubre, llena de oscuridad y peligro, ha sido mostrada con tanto sigilo que queda exhibida la ciudad como una trampa mortal para todos los que se encuentran desprotegidos.  Bogotá es mostrada como una capital solitaria y feroz, donde sus habitantes llegan a devorarse entre ellos sin contemplaciones.

Y devorándolos a todos tenemos al actor mexicano Damián Alcázar, quien interpreta a Eliseo el protagonista principal. Alcázar estuvo viviendo cerca de tres meses en Bogotá antes del rodaje, para conocer de cerca el acento y la cultura de la capital, objetivos que logró con grandes réditos.  Con la contención e hipersensibilidad de Eliseo, poco a poco se toma toda la pantalla con este personaje que solo podrá calmar su íntimo dolor, con la destrucción de quienes le rodean.

La actriz colombiana Marcela Gardeazábal, también hace un papel muy interesante como Paola, la tímida e inocente criminal, pero el también colombiano, Blas Jaramillo es quien no queda  tan bien ubicado como sus coprotagonistas, pero no por su representación como el atormentado padre Ernesto, sino más bien por el excesivo dramatismo de su personaje, que siempre está en constante sufrimiento incluso en sus momentos de mayor alegría.

Satanás es una película recomendada para aquellos que quieran acercarse a ver la radiografía de la procesión interna que está carcomiendo a Colombia, pero no está recomendada para aquellos que todavía ven a Colombia como en las secciones de  farándula de los noticieros, donde todo es bonito, pasajero y superficial.



Desde acá puedo decir que en casos extraños una película supera a su novela predecesora, y esto ha sucedido con Satanás, ya que la novela de Mario Mendoza cae en lugares comunes y su relato no es atrapante, lo cual si logra la película de Andy Baiz.  Esto sucedió antes en otras novelas  como la "Angel heart" del novelista William Hjortsberg, cuando Alan Parker hizo una película superior a la novela o como en la novela "Psicosis" de Robert Bloch, la cual Alfred Hitchcock convirtió en una obra maestra que esta incluida en cualquier antología que se haga de lo mejor del cine mundial.   Esta vez el cine mejoró una obra literaria. 



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