jueves, 25 de noviembre de 2010

Zodiaco: pistas que no llevan a ninguna parte

(Escrita el 29 de octubre de 2007)

David Fincher se demoró cinco años en hacer su siguiente película. Y en esta ocasión se basó en el libro escrito por el caricaturista Robert Graysmith, acerca de la obsesión real que  tuvo por seguir la pista de un asesino y que adaptó al cine el guionista James Vanderbilt.  La anterior obra de Fincher había sido La habitación del pánico que databa de 2002. Esta había sido la más indulgente de toda su carrera como director de cine. Por tal razón había que esperar que Zodiaco  su última producción fuera una reivindicación con respecto a La habitación del pánico, y lo fue, pero solo hasta la mitad del relato. Para argumentar esto, tenemos primero que remontarnos a su corta pero sustanciosa filmografía.



David Fincher acostumbró a sus seguidores a que dentro  del gastado género del thriller, caracterizado por las pocas sorpresas que estaba dando, sus películas siempre fueran sinónimo de renovación. Y cuan importante se volvió Fincher con películas como Seven (1995), El Juego (1997) y El Club de la Pelea (1999).  Estas tres se destacaron inconfundiblemente  por su fotografía, arte, movimientos de cámara, ritmo y sorprendentes finales.  Aunque ha tenido  diversos guionistas para sus seis películas, Fincher eligió muy bien sus temáticas, que han girado en torno a la relación del ser humano con sus congéneres y con el daño que les puede causar concientemente hasta los extremos más destructivos .  Por esa razón su primera película como director fue Alien 3 (1992), que  entre toda la saga se destacó por presentar el mundo más decadente de las cuatro entregas, al situarla en una prisión espacial del futuro, donde la maldad que se respiraba por todo el ambiente, no fue suficiente para oponerse a la maldad del alienígena devorador de humanos que acabó con todos sus ocupantes. Su premonición fue clara y directa: una maldad mayor solo puede acabar con una gran maldad.




Las películas del norteamericano Fincher, para nada han sido esperanzadoras, ni exponentes de la fortaleza del espíritu humano. Más bien han exhibido la debilidad humana, que en su afán por  sobrevivir se ha erigido sobre pilares como la crueldad, la paranoia, el cinismo y la soberbia.  En sus resoluciones, estás no han sido condescendientes y han señalado un posible fin de la bondad humana.  Su obra haría feliz a escritores como Schopenhauer y Ciorán, porque en sus finales el hombre ya no tiene salvación de sus semejantes ni mucho menos de si mismo.  Fincher es un heredero  de la obra inicial del británico Ridley Scott, quien había sorprendido al mundo cinematográfico por la oscuridad de sus  primeros tres trabajos: Los duelistas, Alien y Blade Runner, pero quien en la actualidad ya no volvió a andar por esos sombríos pero fascinantes caminos, y dio paso libre para que David Fincher  se erigiera como uno de los directores más sombríos en Estados Unidos.


Por eso La habitación del pánico ha sido la más relegada y olvidable de sus obras porque fue solamente un ejercicio de dirección en un espacio reducido en el que una madre defendió a su hija de unos invasores.  Por su parte Zodiaco en su presentación es brillante, con la puesta en escena de San Francisco y sus alrededores a finales de los años sesenta, con calles, atuendos y lugares propios de la época. Con unos crímenes tensionantes y sorpresivos.  Con actuaciones de alta factura desde los principales como  Jake Gillenhaal, Mark Ruffalo y Anthony Edwards, hasta los secundarios. Con una cámara que se mueve con firmeza. Con una fotografía que diseña ambientes tenebrosos con sus claroscuros. Con tantas virtudes empieza Zodiaco que sus expectativas de desarrollo se van acrecentando, pero que al ir perdiendo sus personajes todas las pistas, la estructura de la película se va diluyendo, y la duración de la obra de casi tres horas, se va sintiendo cada vez más. 



Fincher quería  hacer un thriller de asesino en serie muy distinto y novedoso, al mismo tiempo que desconcertante por la falta de concreción en las pistas encontradas por toda la gente que se involucró con la investigación del asesino del zodiaco.  Pero esta última elección finalmente descompone la visualización entera de la obra, porque se fracciona tanto en las pistas y en las obsesiones de los perseguidores, que el relato llega desgastado a su conclusión.  Tenemos como ejemplo el personaje del periodista Paul Avery, bien interpretado por el magnífico actor Robert Downey Jr., quien sencillamente se pierde en el relato, después de haber sido pieza clave en encontrar nuevas rastros del asesino.  Además el exceso de las elipsis finales con las fechas y saltos del tiempo, socavan la narración por completo.


Aunque la intención fue mostrar el sinsabor de toda esa larga investigación de más de quince años, su resultado no es satisfactorio. Zodiaco ha sido sobrevalorada por la crítica en general que ha admirado la intención de Fincher en mostrar una obra que no ha querido caer en los clichés y en las fórmulas, pero que en sus mismos caminos y recovecos pierde para el espectador todo el interés por develar la identidad de este asesino que fue real y que flageló a parte del estado California por muchos años.

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