lunes, 6 de diciembre de 2010

Karate Kid 2010: señor Miyagi, revuélcate en la tumba

(Escrito el 13 de julio de 2010)




La película original de Karate Kid en 1984 cambió la vida de la gran mayoría de los involucrados en su creación. El actor Ralph Macchio quien interpretó a Daniel LaRusso se convirtió en uno de los actores juveniles más importantes de los años ochenta.  Noriyuki “Pat” Morita con su papel del señor Miyagi, se inmortalizó en el cine de Hollywood con este rol. 
La actriz Elisabeth Shue demostró que además de su belleza era una actriz con mucho potencial actoral, tanto así que ganó el premio Oscar en 1995. Su director John G. Advilsen después de tres grandes fracasos con La fórmula, Vecinos y Una noche en el cielo, levantó nuevamente su carrera y recuperó su fama.  Y el guionista Robert Kramer consolidó su carrera como escritor durante esa década.  Todo esto lo lograron porque El Karate kid se convirtió en un notable ícono de la cultura popular de mediados de los ochentas, con características innegables como un sólido guión, una acertada dirección y un grupo de buenos actores.  Contaba la historia de un joven que llegaba a California y debía aprender karate para enfrentar a un grupo de jóvenes violentos que practicaban esta disciplina, mientras se debatía también por el amor de una chica.  En la segunda parte en 1986,  continúo el mismo equipo, menos Elisabeth Shue, y lograron un capítulo interesante con un viaje al Japón natal del señor Miyagi y de Daniel. Pero en la tercera parte sus cuatro grandes líderes, hicieron la peor de las sagas, sellando casi para siempre la saga en 1989.   Sin embargo esta mala experiencia dejó a Morita y a Kamen todavía con el anhelo de repetir algo de su gloria, y en 1994 hicieron el cuarto capítulo de la serie cinematográfica, el cual también fue un gran fracaso y que dejó como única sobreviviente a Hillary Swank una naciente actriz quien 10 años después ganó el premio Oscar por su capacidad física pero también por su inolvidable interpretación en Million Dollar Baby. Con estos antecedentes, fue clara la evidencia que esta leyenda de los ochentas era mejor dejarla intacta con sus dos primeras partes y olvidar las dos últimas. Pero pudo más la megalomanía del famoso matrimonio de Will Smith y Jada Pinkett para utilizar como un refrito más la popularidad de la película original, para lanzar al estrellato a su hijo Jaden Smith.
La película es insoportable de comienzo a fin. Primero, por todos los clichés forzados que utiliza en sus personajes, con Dre Parker el niño protagonista exageradamente desadaptado, con Sherry la madre histérica y gritona, con Cheng el niño antagonista que es malo porque sí y por último, con el maestro olvidado. Precisamente, da tristeza el lamentable papel de Jackie Chan como un conserje silencioso, su actuación está más cerca de la lástima que de la humildad, que era la pretensión que tenían con su personaje.  En segundo lugar, la película copia descaradamente en la gran mayoría de construcciones dramáticas y detalles de la original.  Hasta la patada de la grulla que hizo tan famoso el final de la primera, esta vez la cambiaron por la patada de la cobra, pero asemejándose más a la patada de un videojuego que es exagerada y poco creíble.  También es demasiado frívolo el acercamiento con la cultura china que se asemeja a un flojo video aficionado. Había más intención en la mediocre dirección del holandés Harald Zwart en exaltar la figura de Jaden Smith, que en hacer un acercamiento a los elementos característicos de la milenaria cultura china. La gran mayoría de tomas de contexto son paneos rápidos, zooms abruptos, tomas cortadas en la edición, que más se asemejan a un videoclip de turismo que a una película de encuentro entre dos culturas. Su propuesta rítmica de montaje es ordinaria y la espectacularidad que quieren darle en la secuencia final del enfrentamiento, produce el efecto contrario que es el de la risa no esperada.
El karate kid versión 2010 es una muestra notable de la mediocridad del cine de temporada,  de irrespeto a obras que calaron en la cultura popular, con la que se pierde ese encuentro interior del joven con el adulto que hacia Daniel Larusso en su viaje iniciático en las artes marciales, y que en esta versión con Dre Parker tratan de convertir a un niño en un hombre de espectáculo.  Tanta ramplonería incluso hace perder buenos momentos que tiene la película como la historia de amor que cuentan las marionetas chinas y el secreto oculto que tenía Mr. Han (Jackie Chan) que son arruinados en su conclusión, el primero con un beso público en un telón grande y el segundo con una cascada de lágrimas de Jackie Chan.
Incluso la música que acompaña la obra suena forzada con la versión que hace Red Hot Chili Peppers de Higher ground, el clásico de Stevie Wonder, el ininteligible fragmento de Back in black de AC/DC y la versión remix de Dirty Harry de Gorillaz. El niño Jaden Smith tiene madera de actor, ya lo demostró junto a su padre en En busca de la felicidad,  pero con tantas monerías que lo obligan a hacer, no se gana al público, más bien causa rechazo. También hay encanto en la actriz Menwen Han quien interpretó a Mei Ying, la niña de la que se enamora el personaje Dre Parker. Es lo poco que se salva de este naufragio de película en sus decepcionantes dos horas y diez minutos. El auténtico señor Miyagi, puede estar revolcándose en su tumba después de esta reciente afrenta.

Toy story 3: una película para los niños, otra para los adultos.

(Escrito el 29 de junio de 2010)



Las trilogías en el cine obedecen en la gran mayoría de oportunidades a dos intenciones para llevar a cabo su continuación: contar una extensa historia que no podía hacerse en una sola obra o contar las nuevas aventuras de unos personajes que causaron simpatía para el público en capítulos anteriores.  La primera posibilidad da pie para la exploración de personajes con sus cosmovisiones, ideales, contradicciones y pasiones.  En la segunda posibilidad, los personajes enfrentan nuevos retos que alteran su seriedad inicial y convierte en relativos, varios de sus puntos de vista debido a los retos de las nuevas condiciones.  La primera opción tiene la tendencia a responder a motivaciones más nobles, a universos más enriquecidos, a dilemas del alma que dificultan la toma de decisiones ante la inminente finalización de un ciclo. La segunda responde más a intereses avarientos de explotar una fórmula conseguida para atraer al público con mayor rapidez a las salas de cine.
En la primera categoría hay películas inolvidables como El señor de los anillos,  Los episodios 4, 5 y 6 de La guerra de las galaxias, la trilogía Qatsi de Godfrey Reggio y un poco más abajo la trilogía de Volver al futuro. En la segunda categoría están películas taquilleras como Piratas del caribe, Matrix, Spiderman, Jurassic park, Ocean´s eleven, El silencio de los inocentes e incluso las películas españolas de Torrente. En medio de estas dos categorías, aparecen trilogías que tienen de sobra la tercera parte, porque sus dos primeras dejaron una preciada huella que su tercer capítulo desvirtua un poco la saga, tal y como sucedió con El padrino, Terminator, Alien, Shrek y la trilogía Jason Bourne entre otras.  
Con la llegada de Toy Story 3 parecía que este peligro podía sobrevenir, pero la compañía Pixar volvió a darle al público una obra conmovedora que en su trasfondo, le da un golpe inesperado a la coraza que impide recordar la niñez de un sector de los espectadores.
Toy story 3 tiene definido dos públicos, los niños que van a divertirse con los incidentes del gracioso y heterogéneo grupo de juguetes de Andy y el otro grupo, el de los adultos que recibieron una inesperada regresión.  Para los niños la película es una montaña rusa colmada de escenas de valentía, temor, separaciones y reconciliaciones, con momentos de acción magnificados en mundos diminutos.  Para los adultos, es un viaje a la niñez, para recuperar una generosa porción de la inocencia, creatividad y en especial, la ilusión de la temprana edad.  Narrativamente está tan bien contada, que los adultos pueden desbloquear los muros que los separaban de su niñez para pasar a recordar aquellos viejos juguetes que los marcaron durante la infancia y que tuvieron un vínculo cercano alimentado de mucha fantasía. Salen a flote con facilidad los lamentos por la pérdida de los viejos juguetes pero sobre todo, por el olvido al que se les condenó.
Los conflictos están bien presentados y desarrollados, los personajes exhiben más características de su amplia personalidad, la animación continúa en el alto nivel que ha caracterizado a Pixar, las secuencias de acción son novedosas y el humor es constante con personajes como Rex, el histérico dinosaurio, el señor y la señora Batata, y el marranito Hamn.   Pero un caso especial es la inclusión del mundo artificial, pomposo y frívolo de la Barbie y Ken, que en la película es replanteado con personalidad.
Esta tercera entrega hace en varios secuencias, homenajes a géneros cinematográficos como el western, a subgéneros como el cine de catástrofe, al cine disco de los setentas, al cine de latitudes musicales como el del flamenco y a la ciencia ficción de clase B. Estas reminiscencias ya las habíamos visto en varias películas de Pixar y otras compañías, pero en este colofón de los más famosos juguetes animados, si hay un homenaje gracioso y al mismo tiempo formal, con el nuevo personaje de Mr. Pricklepants y su representación de teatro de cámara de Hamlet, el personaje más reconocido de Shakespeare que ha sido llevado numerosas veces a la pantalla grande y que evoca a la inolvidable marca dejada por el actor inglés Sir Laurence Olivier en el lejano pasado cinematográfico.  También es admirable el espacio dado a juguetes aun más viejos como lo son Lotso, Bebote y el teléfono con ruedas. En este punto,  el viaje al pasado le da la entrada a un grupo de adultos mayores que tuvieron varias décadas atrás a este tipo de juguetes creados en la primera mitad del siglo XX.
Contrario a la letra de la canción de Joaquín Sabina, Eclipse de mar, que dice: “Hoy ha dicho el periódico que han hallado muerto al niño que yo fui”,  la cinta Toy story 3 resucita a ese niño que muchos adultos creían que había muerto de ellos.

El secreto de sus ojos: muchas gracias Campanella

(Escrito el 16 de junio de 2010)



El secreto de sus ojos es sin lugar a dudas la mejor película estrenada este año. No sólo para un circuito tan pequeño como el de Bucaramanga, ni tampoco para el de Colombia. Va mucho más lejos. Cuando se presentó en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, fue la mejor película exhibida por encima de las latinoamericanas, de las españolas, de las europeas y en general, por encima de toda la muestra internacional.
Hacia mucho tiempo una película  con una historia de amor de por medio no conmovía tanto a los espectadores. Aunque no es costumbre como si lo era en el pasado aplaudir al final de la función, esta obra merece que en cada visionado el espectador se levante de su butaca para darle una venia. Merece todos los aplausos de público especializado, cautivo, masivo y también del descreído. En los premios Oscar y en los Goya, acertaron al elegirla como la mejor película extranjera y latinoamericana respectivamente.
El secreto de sus ojos deja tan buen sabor al final, que es una de las pocas películas que  inmediatamente al terminar de verla, provoca la sensación de querer repetirla. Desde lo grande a lo pequeño esta película es inmensa y al mismo tiempo íntima.  Tiene una consistente estructura investigativa que empieza con la trágica historia de un crimen cometido contra Liliana Colotto una bella y joven mujer  en el año de 1974 y por el cual la valentía de dos idealistas investigadores de la rama judicial, se enfrentará contra el corrupto sistema penal de la ciudad de Buenos Aires.  Paralelamente mientras avanza el seguimiento de las pistas, se desarrollan dos historias de amor, una de ellas dolorosa con un personaje destruido y la otra de ellas, la platónica , con un personaje soñador. Ante el poder ejecutado del sistema, el encuentro de estos dos amores son los que redimirán la historia de Ricardo Morales el esposo de la mujer violada y asesinada y Benjamín Espósito el insistente investigador judicial enamorado de su jefe Irene Menéndez – Hastings.
Los pequeños detalles del arte de los años setenta de las locaciones, los diálogos calmados y profundos, el humor que a pesar del drama llega en el momento justo y el maquillaje de todos sus protagonistas, la convierten también en toda una experiencia de deleite visual. Pero también esta su emotiva música en los encuentros claves de los personajes que tardan 25 años en resolver sus deudas que más allá de si mismos, son deudas que tienen con los seres que aman y que amaron.
Esta magnífica película esta basada en la novela La pregunta de sus ojos del escritor Eduardo Sacheri, quien también escribió el guión con el director Juan José Campanella, tal y como lo hicieron al inicio de los años setenta Mario Puzo y Francis Ford Coppola con El padrino y se puede notar sin leer la novela, que reconstruyeron una estructura sólida, que permite disfrutar de los personajes, otro de sus puntos fuertes. Los diálogos permiten entrar en las profundidades de sus pensamientos y sus sentimientos. Y para lograr esto, las actuaciones han estado gigantes, y sin exageraciones. Ricardo Darín de quien dicen muchas veces que se interpreta a si mismo en todas las películas, representa con tanta humanidad a un obsesivo Espósito, que lleva sobre su piel todo el peso narrativo y lo hace con tanta fortaleza y delicadeza que se roba los aplausos. Soledad Villamil es la mujer de las miradas, esa mirada que va madurando, desde el entusiasmo, al miedo, pasando por la fe, el olvido y terminando en la esperanza. Esta película la hará inolvidable a ella. Guillermo Francella es quien tiene la reivindicación más grande en la obra. Actor de televisión, de comedias familiares, hace el papel de Pablo Sandoval, el alcohólico investigador quien con sus bromas, le da más verosimilitud a la historia. Además es quien tiene las mejores líneas de la película, en su diálogo acerca de la pasión. Por último, están Pablo Rago y Javier Godino, el primero haciendo el personaje más contenido y sorpresivo de la obra, el segundo, la encarnación del antagonismo sin sobreactuaciones ni gritos, ni tampoco discursos ridículos. Silencioso y mortal.

Esta es una película para apasionados, pero no para aquellos que tienen pasiones cortas que se incineran y se hacen cenizas rápidamente. Es para los apasionados que viven con la pasión diariamente y que les da su razón para vivir a largo plazo, así la muerte les arrebate gran parte de sus sentimientos. 
¿Quien no quisiera tener una gran historia de amor como esta? Si desde Colombia le hemos dado al mundo de la literatura una historia de amor tan hermosa y bella como El amor en los tiempos del cólera, Argentina le ha dado ahora al mundo del cine una historia de fe, que vence el tiempo y la distancia.  Con esta obra Campanella nos hace tener fe en el cine, una fe apasionada. Muchas gracias a Campanella y a su equipo por darnos esta obra maestra.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Celda 211: quien entre a esta celda, no saldrá con vida

(Escrito el 2 de junio de 2010)



La primera noticia conocida de Celda 211 fue su victoria en los premios Goya de España sobre Ágora la monumental película de Alejandro Amenabar que aparecía como la más favorita en las candidaturas. En su paso después por el festival de cine de Cartagena se llevó numerosos aplausos, y ahora por fin llega a la cartelera local, este sorprendente thriller, que cuenta una inquietante historia entre los muros de una cárcel española.

El cine norteamericano se ha especializado en este tipo de relatos con anterioridad empezando en los años treinta con Código criminal de Howard Hawks, a finales de los cuarenta con Fuerza Bruta de Jules Dassin y en las últimas décadas con películas memorables que incluyeron magníficas actuaciones, como lo fueron Cool Hand Luke de 1967 con uno de los mejores papeles de Paul Newman, Brubaker de 1980, con un soberbio Robert Redford y The Shawnshank Redemption con un inolvidable Tim Robbins en 1994.  Celda 211 penetra en este difícil mundo y lo hace de manera impactante.  No busca hacer cátedra de injusticias, ni resolver una realidad latente, lo que plantea es una gran batalla entre un grupo de presos maltratados y un ambiguo regímen carcelario, con un guardia infiltrado por accidente en el medio de su curso.

Juan, interpretado por el argentino Alberto Ammann hace una visita de reconocimiento como nuevo vigilante en traje de civil un día antes de su incorporación, y durante su paseo estalla el motín del pabellón más peligroso de la cárcel quedando este atrapado en la maldita celda 211. Para evitar una tortura segura por parte de los líderes de la revuelta Juan se hace pasar por un preso recién llegado y de ahí en adelante inicia un fuerte enfrentamiento a sangre y golpes contra el grupo de guardias que luego se fortalece con escuadrones antimotines y mediadores del gobierno. La elección de un actor nuevo como Ammann es un acierto en el casting ya que por su nuevo registro, logra encarnar a este hombre clave en el relato, que tiene la doble misión de ganarse astutamente la confianza de los reos y también informar a los oficiales los siguientes movimientos de los líderes.

El guión escrito por el propio director Daniel Monzón y por Jorge Guerricaechavarría, basado en la novela del periodista Francisco Pérez Gandul, está estructurado como una trepidante cadena de sucesos que cada vez empeoran la situación hasta convertirla en una trama incontenible para las partes enfrentadas. La restriccion en el uso de la tecnología para el fluido de la información tanto dentro como fuera de la prisión es otro ingrediente que le da mayor veracidad al relato  y evita el exagerado uso que muchas veces hace de este el cine norteamericano para resolver los conflictos. 
El desarrollo de las motivaciones, primero diversas y luego encontradas de los dos personajes principales, junto a la competida relación de poder entre ellos dos, logran una constante tensión en los diversos frentes de batalla que consigue mantenerse, incluso con las distensiones que provoca el humor negro del personaje de Malamadre, el mejor construido de la obra, como líder carismático y al mismo tiempo peligroso, que interpreta magistralmente Luis Tosar, en una actuación que ya obtuvo varios premios en España.  El contrapunteo entre el líder Malamadre y el infiltrado Juan, es la relación de mayor tracción en el metraje, llevando la película a un final muy emotivo y también consecuente con su construcción. La puesta en acción con los figurantes carcelarios, - algunos actores otros reales -, también consigue fortalecer el temible ambiente de encierro de este lugar.

Para los colombianos hay un elemento de vinculación con esta obra y es la aparición de Apache  un personaje fundamental quien se convierte en la ficha clave del juego de ajedrez que hacen internos y guardias. Este personaje es de origen colombiano y tiene también un buen puesto en el círculo de poder en la cárcel.  Sus palabras están bien investigadas y también sus expresiones, lo que falla un poco es el acento, pero en términos generales es una interpretación correcta la que hace el español Carlos Bardem, hermano del reconocido Javier Bardem. No hay que tomarlo como un discurso político ni mucho menos, más bien como otro poder interno, que desafortunadamente es real por un buen número de colombianos encarcelados en España. Lo mismo sucede con los tres revolucionarios del movimiento separatista ETA, quienes son parte significativa en la negociación, lo cual es algo sensible en el pasado histórico de España y que conviene tomarse más como un elemento narrativo.  

Celda 211 es un thriller español muy recomendado para ver en medio de la tediosa cartelera local.

La isla siniestra: Scorsese, el mejor director de los años setenta que salvaron a Hollywood

(Escrito el 19 de mayo de 2010)


Desde que ganó el premio Oscar a mejor película y a mejor director en 2006 por Los Infiltrados, el norteamericano Martin Scorsese esperó cuatro años para realizar su siguiente proyecto de largometraje, Shutter island (La isla siniestra).   Pero eso no significó que estuviera quieto y tranquilo.  En ese periodo dirigió lo que muchos soñaron con hacer pero no pudieron, como lo fue un documental acerca de los Rolling Stones, llamado Shine a light, en el que convivió con ellos durante dos conciertos realizados en Nueva York en 2006, y asimismo dirigió el piloto de la nueva serie de televisión de HBO de doce episodios Boardwalk empire, sobre los gángsters y la prohibición de licor en el desarrollo una ciudad pecaminosa como Atlantic City.  

A sus setenta y siete años es uno de los directores más productivos, pero al mismo el más profundo de la generación de los años setentas que salvó a Hollywood en la que estuvieron Spielberg, Lucas, Coppola y DePalma.  De este notable grupo hoy por hoy, Scorsese es quien ha hecho más obras artísticas y explorativas en las últimas décadas en el cine de Hollywood, alejándose del interés comercial de estos y ha demostrado con sus recientes trabajos que cuando Spielberg, Lucas y Coppola le dieron el Oscar en 2006 por Infiltrados, le estaban dando el mensaje: “Marty, ahora eres el mejor de todos nosotros”.  Sus documentales de la vida de Bob Dylan, de la influencia del cine italiano y norteamericano en su obra y de la despedida de la banda de Bob Dylan, lo ubican como un hombre receptivo y humilde al aporte de otros grandes artistas.
 La isla siniestra no es su mejor obra, pero sin lugar a dudas estamos  al frente de una película concebida con un gran conocimiento del desarrollo de la historia del cine y usa muchas de las técnicas de la puesta en escena para hacer un relato paranoico y febril.  Iluminación expresionista en la desorientación del personaje de Teddy Daniels en el pabellón prohibido, surrealismo en los recurrentes sueños con su esposa, exploración en el thriller de Hitchcock con sus vericuetos mentales y también un aporte al mundo gótico con el recorrido a la fortaleza que es el sanatorio mental de la isla.  También hay algo maravilloso en esta obra y es la muestra conciente de las costuras de la producción y el montaje, casi como errores obvios que narran la versión que Daniels está construyendo en su cabeza. Son muestra de ello los saltos en raccord de las acciones en movimiento, la desaparición repentina de los personajes secundarios y también el rastro del uso del chroma key en estudio para las escenas de el arrivo del barco a la isla, y la llegada del precipicio que revelan el mundo onírico en que se está metiendo Daniels.  Además su maestría se despliega igualmente en la dirección de las escenas de la segunda guerra mundial, sin haber hecho ninguna anterior en el género bélico, en especial en dos momentos para la memoria: el plano secuencia de ejecución de los soldados alemanes y el descubrimiento de los cadáveres congelados de los judíos en los campos de concentración nazis.
Para hacer esta última película volvió a encerrarse en la sala de montaje durante nueve meses como el director neurótico que siempre ha sido y después de filmar varias posibilidades en producción, tomó las grandes decisiones en la edición.
Scorsese vuelve a trabajar con Leonardo DiCaprio en su cuarta película y en esta en especial, el actor despliega su momento de mayor madurez, ya que fue designado como el heredero de la corona que ostentó por mucho tiempo Robert DeNiro, el antiguo actor fetiche de Scorsese, quien se caracterizó por sus representaciones de personajes obsesivos, enloquecidos, y traumatizados en un espacio de tres décadas en grandes obras como Taxi Driver, Toro salvaje, El rey de la comedia, Cabo de miedo, Buenos muchachos y Casino.  Esta vez DiCaprio avanza en su carrera con mucha más experiencia superando su bajón con El aviador y dejando claro que la llave con Scorsese funciona y seguirá funcionando.

The hurt locker: discursos escondidos en las bombas

(Escrito el 5 de mayo de 2010)



La propuesta de The Hurt Locker sugiere dos puntos de vista muy claros que hay que separar muy bien. El primero de ellos con la entrega por parte de la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood como la mejor película de 2010, es decir un asunto de fama y reconocimiento. El otro, es el correspondiente a su valía como película individual dentro de los límites del género bélico. Empecemos con el segundo.
La película maneja con lupa la tensión que se vive en el complejo microcosmos de un grupo élite del ejército norteamericano que se dedica a desarmar las bombas que dejan los iraquíes en Bagdad contra los soldados extranjeros que están allí desde hace unos años. En cuanto a la dirección de Kathryn Bigelow, esta es absolutamente magistral. La escena inicial es inolvidable porque contiene  una serie de elementos que logran una gran tensión como la cámara subjetiva en el traje, la comunicación entre el equipo, la distensión del tiempo durante el estallido y el detalle de la explosión interna dentro del casco de protección del sargento Thompson en un plano general, cuando todo se destruye a su alrededor lentamente.  Todas las secuencias de acción transmiten la angustia del posible estallido e inlcuso hacen un gran homenaje al western en la escena en que aparece el actor Ralph Fiennes en el desierto cuando se desata un combate entre francotiradores. Las actuaciones de Jeremy Renner y Anthony Mackie contienen carácter, y en la investigación del guión por parte de Mark Roat estuvo su acierto al enfocar la historia únicamente en el escuadrón antibombas y las batallas que libran.
En el otro punto de vista como ganadora de seis premios oscar, la expectativa que había creado era muy alta, al vencer finalemente a películas como Avatar o Distrito 9, pero desafortunadamente no las satisface. Para que quede en los anales de la historia como una de las grandes películas bélicas de todos los tiempos, dista de serlo. Hay que decirlo, es una buena película pero obras muy superiores en este género como Apocalipsis ahora de Coppola, Nacido para matar de Kubrick, Salvando al soldado Ryan de Spielberg y La delgada línea roja de Malick, son muy superiores a The Hurt Locker y sin embargo, en su momento no ganaron premios como mejor película. Lo mismo va para el guión de Mark Roat, es un buen guión pero no es inolvidable. Son muy buenos en el diseño de las escenas pero sus diálogos son muchas veces clichés extraidos de las películas heroícas y belicistas que se acostumbran a hacer en Hollywood.
En la elección como mejor película se puede leer entre líneas un discurso político manifiesto de apoyo a la invasión de Irak por parte de la Academia que va por supuesto en contravía con el discurso de respeto y tolerancia por los otros y la naturaleza como claramente lo tenían Avatar y Distrito 9. En The Hurt Locker la apuesta está hecha para mostrar el sufrimiento de los invasores quitándoles el casco de soldados y mostrándolos como humanos. Difícilmente se podrá ver en este momento y en varios años, una pelicula iraquí contando su versión de la invasión norteamericana. Mucho se ha dicho acerca del discurso político neutro de la película de Kathryn Bigelow, tratando de disculparla, pero es claro que es una película que apoya la invasión, en especial con su escena final cuando el sargento Renner vuelve al combate, mostrando en la última toma, el heroismo de este hombre que se resiste a la vida cotidiana y que entra muy armado a todos los combates que sus superiores lo llamen.  Otra escena en que puede verse esto es aquella en que Renner juega fútbol con el niño iraquí que vende películas piratas.

Es muy forzado ese intento de empatía, así como el interés del sargento Renner por saber de la vida de este niño. Es de un sentimentalismo bastante  mentiroso, que al menos se vuelve más honesto cuando el niño aparece nuevamente después que se le creía muerto, y en el encuentro, Renner lo rechaza. Ahí es cuando el público casi dice: “Oh, niño tonto, nuestro héroe casi arriesga su vida por usted porque se había desaparecido, que desagradecido.”

También es claro su discurso bélico con la escena en que los tres integrantes del escuadrón beben, hablan y luchan entre ellos.  Ahí es clara la estupidez del agresor y como están entrenado para matar sin ideales, solo donde se le ordene. En definitiva The hurt locker es una película sobrevalorada para llegar a ser considerada como trascendente. Tiene una excelente realización, pero es una película limitada.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Furia de titanes: los dioses griegos vuelven a morir

(Escrito el 21 de abril de 2010)


La mitología griega contiene un buen número de relatos de aventuras de los enfrentamientos, muertes y liberaciones de la raza humana que tenían como protagonistas a diversos héroes, dioses, semidioses y doncellas.  Los relatos cinematográficos acerca de esta mitología empezaron en 1908 con el cortometraje Edipo Rey del fránces André Calmettes y tuvieron un gran auge en el denominado cine Peplum de los años cincuenta y sesenta en Italia, donde se dio rienda suelta a la gran mayoría de películas que tuvieron en especial a Hércules como protagonista, pero se desgastó tanto que este tipo de producciones tuvieron casi una desaparición total.  El traspaso a la narración audiovisual de los mitos a veces presentaba dificultades para plasmar todo el orden del cosmos que los antiguos griegos crearon.  Por eso los relatos tomaban sus licencias, para contarlos con mayor facilidad al público masivo, organizando los acontecimientos en un orden con mayor simplicidad.
En los últimos años los relatos míticos en el cine, han estado más cercanos a las hazañas de los pueblos nórdicos, sajones y celtas. Recordemos historias como El señor de los anillos, Beowulf, Robin Hood, y  El Rey Arturo.  La aparición constante y a veces repentina de poderes, maldiciones, pruebas y ayudantes que tanto abundan en los relatos griegos no encaja en los relatos habituales de Hollywood, porque en su afán mercantil se le dificulta entrar  en esas complejidades. Esto si lo logró hacer en la literatura la inglesa J. K. Rowling con sus novelas infantiles de Harry Potter que fueron llevadas a la pantalla grande con mayor facilidad.
En los griegos claramente estaban valores como la marca del destino, el designio de los dioses y la debilidad de la condición humana, que se contrapone muchas veces con los valores estadounidenses expuestos con harta reiteración en sus películas como la acción individual, la anulación de creencias legendarias y la fortaleza física. 
Por eso cuando fue hecha Furia de Titanes en 1981 tuvo una de las últimas referencias más o menos respetuosa, a las peripecias de los personajes clásicos de la cultura mediterránea.  En esa versión hubo un acercamiento con el destino de Perseo y se tomó su tiempo narrativo para mostrar la preparación del personaje para enfrentar a Calibos, conseguir a Pegaso, enfrentar los escorpiones, vencer a Medusa y finalmente al Kraken, que lo tomaron prestado de la mitología escandinava, porque en el mito griego realmente era Ceto.  Esta fue la última película en la que participó el legendario artista visual Ray Harrihausen quien hizo los efectos visuales con su famoso stop motion que hoy en día no lucen tan bien con tanto despliegue en post producción, pero que en su momento funcionaron en este relato que impresionó a los niños y a los padres que los acompañaron a las funciones.
La nueva versión de Furia de Titanes tiene una buena introducción con una animación no tan compleja pero muy acertada en presentar el mundo de los dioses, sus disputas con los titanes y su manipuladora relación con los humanos. Esta presentación avanza con firmeza en el rescate de Perseo como bebé, el cuidado por su padre adoptivo Spyros y el ataque del dios Hades a la población de Argos por la osadía de los humanos que derrumban la estatua del dios Zeus. Pero desafortunadamente desde que Perseo es identificado en Argos como el hijo de Zeus, la historia pierde todo este trasfondo dramático para convertirse en solo un vehículo de acción, en el que van encadenadas las pruebas de Perseo y su grupo de ayudantes como en el universo de un videojuego y no como el relato mitológico que inicialmente era.  Para construir un relato que el público puede digerir fácilmente junto a la crispeta y la gaseosa, las licencias narrativas son necesarias para la construcción de la historia en pro de dejar establecido el conflicto a desarrollarse.  Incluso en la primera Furia de Titanes la obra estaba construida de manera distinta al relato original de Perseo, pero mantenía ese respeto por el mundo en el que se introduce y también lleva con calma la introducción a las escenas de acción. Esta habilidad en la narración la demostró muy bien James Cameron en Avatar, quien tenía preparadas las espectaculares escenas de acción para el despliegue de efectos especiales, pero primero introdujo al personaje en el mundo de Pandora.

En Furia de Titanes las escenas de acción tiene la mayor relevancia, mostrando el carácter pragmático de la actualidad de Hollywood, en la que el fin justifica los medios, pero va a un nivel tan exagerado que la película tiene como único fin, sus medios, es decir las escenas de acción. Por eso se ahogan las posibilidades de ver unas buenas actuaciones de los dioses con actores de la talla de Liam Neeson como Zeús, de Ralph Fiennes como Hades y hasta de Danny Houston como Poseidón, quien fue más decorativo que las torres de Argos construidas en post producción.  Ninguno de los personajes llega a tocar ese carácter de divinidad con que fueron construidos en los poemas griegos y sus trajes de caballeros medievales lucen aún más fuera de lugar.  En las escenas realizadas en la mansión de los dioses, el Olimpo, es donde más se extrañan los diálogos y las actuaciones de grandes actores como Sir Laurence Olivier, Maggie Smith, Claire Bloom  y hasta incluso la de Ursula Andress quien tenía la belleza que se le atribuía a la diosa Afrodita, en la versión de 1981. Esta vez se perdieron todos ellos, no fueron entrañables, fueron de paso. Al fin y al cabo la propia mitología de Hollywood solo llega hasta el western, donde si pudieron contar muy bien el pasado norteamericano, pero al contar uno ajeno como el griego este quedo totalmente maltratado.

Al filo de la oscuridad: al filo de lo predecible

(Escrito el 7 de abril de 2010)


El último papel protagónico que había realizado el reconocido actor Mel Gibson fue en la película Signos de M. Night Shyamalan en la que interpretaba a un padre de familia, que además de ser sacerdote viudo, debía proteger a su familia de una invasión alienígena.  Este perfil de padre atormentado lo venía mostrando en otras obras anteriores como en la película épica El patriota (2000) y el thriller Rescate (1996).  Así que el papel de padre enfurecido por ofensas personales a su familia es parte del perfil que ha interpretado en los últimos años, pasando de encarnar a la figura del héroe solitario como lo hizo en títulos como Mad Max, Arma Mortal, Payback, y Maverick , a la de héroe protector.
De todos los papeles de padre golpeado que ha hecho Gibson hasta el momento, este último como Thomas Craven en Al filo de la oscuridad es el más débil de su carrera y no llega al nivel que había dejado en las obras anteriores.   La acción de la película detona cuando llega a visitarlo su hija Emma y es asesinada en la puerta de su propia casa con un tiro de escopeta delante de él. Este policía de la ciudad de Boston quien está cerca al retiro, inicia con su investidura una investigación individual pero a medida que esta avanza y encuentra personajes claves con revelaciones del pasado laboral de su hija, se va convirtiendo en soporífera, en lugar de tensionante.  Los diálogos son en su mayoría son clichés oídos una y otra vez con total carencia de tensión.    La gran verdad que está averiguando Craven, el espectador la puede adivinar con mucha facilidad, así que sus dos horas de extensión son innecesarias, después de saber que Northmoor, una poderosa empresa productora de armas, tiene investigaciones secretas de armas nucleares que vende a países extranjeros.
Originalmente Al filo de la oscuridad fue una serie de televisión británica de seis episodios realizada en 1985, que Martin Campbell el director actual también había dirigido. Esta serie tuvo un buen recibimiento del público y de la crítica, porque se tomaba su tiempo para contar la larga investigación de este padre que quiere averiguar por qué su hija fue perseguida y asesinada por la compañía en la que trabajaba.  Un personaje fundamental allí fue Jedburgh, un hombre de servicios privados secretos quien resolvía parte de la trama. En la nueva versión este personaje que interpreta Ray Winston no desarrolla su peso dramático y sus apariciones se reducen a diálogos cortos, pseudo misteriosos y deslucidos que queda en gran evidencia en la risible escena en el muelle en la que le dice a Craven que él es quien le permite estar vivo mientras bebe un costoso vino.  Esta relación que es clave en la resolución de la película no logra cimentarse y los motivos personales de la intervención de Jedburgh quedan más bien como un “Deux ex machina” desarrollado abruptamente en una patética escena final en la sala del senador donde termina la acción que el propio Craven no alcanza a concluir. 
Al filo de la oscuridad es una película inconsistente, que descuida a Jedburg como personaje clave y exagera en las apariciones de los testigos cercanos a las acciones que desencadenaron en la muerte de Emma,  como lo son su novio David y su amiga Melissa quienes sobreactúan en sus interpretaciones, pero tampoco sus diálogos les ayudan mucho.  La relación más sólida que se desarrolla en la obra es la que se construye entre Thomas y su hija Emma, quien va apareciendo en su cabeza con el recuerdo que el preserva con mayor recelo: el de la dulce niña que protegía, educaba y mimaba.   
El neocelandés Martin Campbell es un director que ha demostrado una gran habilidad para las películas de acción como lo hizo con anterioridad en Casino Royale la mejor película del agente James Bond en las últimas dos décadas, y también en el género de aventura con La máscara del zorro con Antonio Banderas como protagonista. Pero estas dos obras tuvieron un guión muy bien logrado que es precisamente lo que le hace falta a Al filo de la oscuridad. Las escenas de acción, en especial las muertes de Emma y su amiga Melissa, logran sorprender por su inesperada irrupción, pero no son suficientes para sostener la obra.   Esta es una obra que será olvidada con facilidad de la filmografía de Mel Gibson y de Martin Campbell.

Invictus: cuando las palabras son más poderosas que las imágenes

(Escrito el 24 de marzo de 2010)


Nelson Mandela es una de las figuras más importantes de la humanidad en el periodo que corresponde a la segunda mitad del siglo XX. Junto a Mahatma Gandhi, son dos hombres que se convirtieron en símbolos de pueblos oprimidos por los imperios europeos en Sudáfrica e India respectivamente, y ellos dos lograron un nivel de grandeza del cual sus opresores no habían tenido noticia. Un mensaje de paz, perdón y reconciliación, fue un golpe que no esperaban de parte de sudafricanos e indios, cuando lo más predecible hubiera sido una respuesta violenta y vengativa, como respuesta a las atrocidades que se cometieron por una auto proclamada superioridad racial, económica, educativa y hasta intelectual que se dieron los europeos. 
Mandela tuvo la difícil misión de tratar de unificar dos pueblos en Sudáfrica, una gran mayoría pobre integrada por  nativos africanos provenientes desde los pueblos Zulu y Xhosa y una minoría acaudalada compuesta por colonizadores europeos que desde el siglo XIX, fueron mezclándose entre holandeses, alemanes y franceses, que luego fueron denominados en un solo grupo, con el nombre de boers o afrikáners.
Un poderoso relato de la vida real, que escribió el periodista británico John Carlin radicado en Sudáfrica, con la novela El factor humano (Playing the enemy), fue la inspiración para el guión de  la película Invictus que fue escrito por Anthony Peckham. 
Clint Eastwood el denominado, “último de los directores clásicos” hace la dirección de esta película y su protagonista, el laureado actor Morgan Freeman, asumió este proyecto como personal, ya que hizo parte de la producción ejecutiva y contó con la venia del propio Mandela para ser su intérprete.
La película Invictus centra su relato en los acontecimientos que llevaron a Sudáfrica a lograr la Copa Mundial de Rugby en el año de 1995, un acontecimiento clave para algunos países del mundo que se celebran con un intervalo de cuatro años, tal como lo hacen grandes competencias como la Copa mundial de fútbol o los juegos Olímpicos.  Esta copa inició de manera organizada desde 1987.  La obtención de este título se convirtió en el símbolo de victoria para el pueblo sudafricano que durante mucho tiempo fue separado de todo tipo de competencias debido a su denigrante política de segregación llamada Apartheid, en la que limitaban los espacios públicos para los habitantes de raza negra.
A pesar de una secuencia inicial muy bien lograda con la liberación de Mandela y el nuevo destino para este territorio austral, la película Invictus con todo este peso histórico tras de si, queda más como un registro bondadoso y benévolo de este momento crucial para el país africano.  Su guión resalta la nobleza de sus dos protagonistas, Nelson Mandela como presidente y François Pienaar como capitán del equipo de rugby, pero la tensión que representa para el país el apoyo a un equipo de blancos que era símbolo del régimen segregacionista, no logra conseguirlo a pesar de las reiteraciones en diálogos y escenas.  Clint Eastwood ha tenido en la dirección de actores durante su carrera filmográfica como una característica clave de su obras, que proviene de su amplio pasado como actor, pero esta vez, las actuaciones son débiles, Freeman que interpreta a Mandela, se vuelve reiterativo en sus frases célebres y sabias, y la interpretación de Matt Damon, como Pienaar es débil y sin fuerza, lo que dificilmente explica la sobrevalorada nominación a los premios Oscar.   El interés de la película se enfocó más en la recreación de los partidos y la puesta en escena de la acción y relega la dirección actoral, que se nota aun más en los papeles secundarios, que por varias escenas parecían solo la recitación de los diálogos.  Este problema ya venía sucediendo desde la película anterior de Eastwood, Gran Torino donde la posibilidad de realismo de sus actores terminó siendo sinónimo de desinterés. 
Como el final de la película el espectador ya lo sabía antes de entrar a la sala, el reto estaba en la narración de esos hechos, y aquí la película pierde su carácter, y termina pareciéndose más a una película empastelada de deportes y no a un relato simbólico de la historia de un país. Los momentos más emocionantes de la película lo logra el poder de la palabra del poema “Invictus” de William E. Henley, pero sus imágenes de recreación de la dolorosa vida de Mandela en la cárcel no están a su altura.   Esta es una película que no trascenderá en la filmografía de Eastwood, Freeman y Damon.   Le queda mejor dejarla recomendada como una película más sobre la superación.
   

viernes, 3 de diciembre de 2010

Gigante: gigante de pies pequeños

(Escrito el 10 de marzo de 2010)


El subgénero de las comedias románticas en el que la obtención del amor se convierte en el objetivo final de la obra, ha tenido un profundo desgaste en las dos últimas décadas, porque especialmente en Estados Unidos donde  más películas se hacen bajo sus elementos formales, han construido relatos con situaciones y acciones que finalmente se ven forzadas, exageradas y a veces truculentas.  Por esa razón ver historias de amor con ciertos momentos cómicos se convierte en muchas ocasiones en un acto tedioso de dos horas.
Todo lo contrario sucede con la película uruguayo - argentina Gigante de Adrián Biniez, que le apuesta a la construcción de un sencillo relato en el que un vigilante de un inmenso supermercado de cadena se enamora de una aseadora solo porque su rostro entra en primer plano en las cámaras de vigilancia de su cuarto de monitoreo.   El detonante para la fijación con ella parte de un cómico accidente y a partir de ahí su historia se construye con tanta cotidianidad que la convierte en una de las películas más honestas que se hayan visto últimamente, al menos en Latinoamérica, dentro de los límites de la comedia romántica.   Los gritos y gags que tanto desgastan este subgénero, acá no aparecen ya que otro de los grandes valores de la obra es el silencio permanente en cuanto a los diálogos de los personajes, que convierten el acto de voyeurismo del vigilante Jara en una actividad cómplice para el espectador. 

La mirada de Jara, es la mirada del público, las preguntas elementales de Jara, son también las que el público empieza a hacer de manera reposada, porque su sosegado minimalismo da tiempo para ello.  Gigante es un homenaje al movimiento documental direct cinema de los años sesenta que  filmaba a personajes sin intervención del director, para que la realidad tuviera una fluidez y la cámara se volviera casi invisible. Jara es un hombre taciturno que además de ser el vigilante nocturno del supermercado es también guardia de seguridad los fines de semana en un bar de rock llamado Molotov, donde es requerido debido a su altura y corpulencia. Esta paradójica característica del personaje de Jara lo hace visible para infundir temor a los rockeros agresivos, pero lo vuelve invisible para demostrar sus sentimientos amorosos hacia Julia.
Gigante fue la película ganadora del reciente festival de Cine de Cartagena en su edición número 50 y aunque en técnica y presupuesto estaba por debajo de propuestas tan logradas como la argentina El secreto de sus ojos , ganadora del premio Oscar a mejor película extranjera y la española Celda 211 ganadora de 8 premios Goya en España, su narrativa sin tantas presunciones y ambiciones lograron merecidamente la estatuilla de ganadora y también tres premios más para su actor Horacio Camandule, el guión del propio Biniez y el premio de la crítica.  Este fue un acierto del jurado, ya que estas dos películas, son para  competiciones de mayor presupuesto, en las que han demostrado su alta valía. Un premio India Catalina puede faltarles en sus estantes después de lo logrado en Los Angeles y Madrid respectivamente.
Otro elemento protagónico en Gigante es la ciudad de Montevideo, que durante las caminatas en las que Jara espía a Julia, se nos va presentando con su arquitectura antigua y gastada, con sus silenciosas playas, con sus casas perdidas en el tiempo, que convierten a la obra en un pequeño viaje por la vida tranquila de esta capital del sur del continente.  En Cartagena y Berlín, Gigante ha salido aplaudida, porque lo merece. Los festivales permiten estos gustos, en este caso ver cine latinoamericano proyectado en pantalla grande y no en video como desafortunadamente es costumbre por los problemas de distribución,  que demuestra  la paradoja,  que estando cerca , pareciera que estuviéramos muy lejos.