martes, 30 de noviembre de 2010

El arriero que cargó la mala fama en el festival de cine de Cartagena

(Escrito el 10 de marzo de 2009)


En el marco del 49 festival de cine de Cartagena se hizo la premiere de la película colombiana El Arriero de Guillermo Calle. Esta se hizo con mucha publicidad y ruido para que el público del evento se acercara a la ciudad costera para verla y empezara a hacer sus primeros comentarios. La fidelidad por parte de los espectadores colombianos hacia el cine nacional va en constante aumento y el actual momento histórico de cautivarlo puede perderse en el tiempo, si las obras presentadas no empiezan a mostrar una evolución en la narrativa visual y temática del producto interno.

El arriero vuelve al eterno tema del narcotráfico como contexto principal y de paso con el de la prostitución, porque no hay narco sin prostituta al lado, que desafortunadamente han sido ya usados y desgastados en muchas obras anteriores, solo que su director Guillermo Calle como lo dijo en la rueda de prensa posterior a la exhibición, quería hacerlo como una comedia, porque los colombianos somos especialistas en el tema, así como los norteamericanos son especialistas en el subgénero de los gángsters.  Si lo que el director propone es empezar a contar con el  narcotráfico como un género colombiano, el futuro del cine nacional estaría circunscrito a estar ligado a todo lo que tiene  que ver con este mundo, que en vez de criticarlo estaría más bien aprobándolo con todas sus desgracias.   
Para fortuna del público su director y guionista claramente expone que su obra es una comedia ligera sin más pretensiones que las de hacer reír rápidamente. Y en eso la película es sincera, hace el chiste fácil y cotidiano que los colombianos usamos coloquialmente, para ganarse el aplauso y la carcajada grácil.
Cabe preguntarse entonces si con este argumento se justifica la representación  de Colombia con esta película en el festival donde en general se destacó por su alto contenido de desarrollo del lenguaje cinematográfico, las propuestas con gran estética en fotografía y guión, y también por el trabajo de profundización de personajes con los actores, cuando El arriero carecía de todos estos elementos con actuaciones bastante risibles, en especial la de Paula Castaño, como Virginia, el personaje con mayor falsedad de todos.  El festival se caracterizó por la calidad de la gran mayoría de películas latinoamericanas donde se pudo percibir el avance que tienen países como México, Chile, Argentina y Brasil, pero en el que el país anfitrión no quedó muy bien parado al elegir mal a su representante en la competición.
El arriero tiene otros intereses distintos a los del festival porque su objetivo finalmente es comercial que no está mal para un público que quiere entretenimiento frívolo, mientras que el evento como en los grandes festivales del mundo buscaba hacer una radiografía del estado de producción, en este caso de los cineastas latinos que en líneas generales es muy positivo, pero que con esta producción nacional se evidencia que Colombia todavía está muy por debajo de los países nombrados, en los cuales se puede ver con claridad el trabajo conceptual de la academia como fuente de re invención y re creación de las historias del continente.

La puesta en escena de “El arriero” por momentos se ve falsa en especial en la escena en que aparece por primera vez Virginia la esposa de Ancízar Valencia el protagonista y su fotografía en general está ligada más al mundo de la publicidad comercial que al cinematográfico. Su tono de farsa se mantiene a lo largo del relato, asumiendo el riesgo desde el inicio de que el público la acepta o la rechaza, pero con respecto a este asunto hay que ser sinceros con la educación que se le está dando al público. Se está mostrando el punto de vista del hombre que elige, entrena, acompaña y recibe a las mulas que viajan con droga en sus estómagos a España y están volviendo muy superficial y light un tema tan delicado y triste como el del transporte ilegal de cocaína en los vientres. Pero aún mucho más grave que todo esto, es buscar justificación a la elección de vida delincuencial del protagonista en su pasado, cuando fue un niño desplazado por la violencia y rescatado por dos soldados. Aquí es donde esta película comete su error más grave, por encima de todos los anteriores, al meter en el mismo costal de lo superficial, la tragedia nacional del desplazamiento.  Como no encontró más argumento, le buscaron una historia de muchos colombianos para tratar de justificar las decisiones de Ancízar.  El arriero es una película para el olvido, de la que mejor no debe quedar ni el recuerdo de una tonta risa.

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