viernes, 3 de diciembre de 2010

Surrogates: pasemos a otro tema de ficcción

(Escrito el 18 de noviembre de 2009)

Ni el carisma de Bruce Willis,  ni la correcta dirección de Jonathan Mostow, ni la creatividad de la escritura de John Brancato y Michael Ferris, ni actores de reparto como James Cromwell, Ving Rhames y Radha Mitchell, ni mucho menos ochenta millones de dólares  son garantía de que una película pueda llegar a ser interesante.   Surrogates (Identidad sustituta) es la nueva apuesta por la ciencia ficción de la compañía productora Touchstonte Pictures, que deja un gran sinsabor de lo que pudo ser, pero que por intereses de solo entretenimiento se convirtió en una película para olvidar.
El punto de partida era la novela gráfica The Surrogates, escrita por Robert Venditti con dibujos de Brett Weldele, que proyectaba en un futuro más lejano, 2057,  una premisa que proponía que en el futuro mucha gente podía tener acceso a tener su propio sustituto para llevar una vida con más belleza y sin menos actividades desgastantes de rutina diaria en la calle, con una amplia posibilidad de ser uno mismo, pero en una versión mejorada. Todo desde el cuarto de la casa, controlado por la idea de la eterna juventud.  Lo que muchos podrían pensar como una vida con más dinero, pero dedicado exclusivamente a la vanidad.  La idea de por si es fascinante, porque el ser humano muestra parte de su crueldad cuando señala los defectos de los demás, pero cuando estos no se ven en la calle, cuando casi todos son bonitos, pues la vida puede llegar a ser más llevadera.  Claro que los problemas que acostumbre a crear el hombre se trasladarían a otros escenarios y otros pensamientos, porque es parte de la naturaleza humana inventar algo para sufrir.
En el guión de Brancato y Ferris, los escritores de la más que recomendada El juego de David Fincher y también de la honrosa Terminator 3, también dirigida por Jonathan Mostow,  el relato transcurre en el año 2017, un tiempo que está a la vuelta de la esquina, y en un lapso tan corto proponen un escenario mundial en el que más del 90% de la población tiene acceso a tener su propio sustituto. Ahí ya empezaron mal. Y tenían la oportunidad de oro, de hacer una reflexión profunda acerca de los costos del acceso a la tecnología y como esta discrimina más los grupos sociales humanos creando brechas insalvables que se acortan cuando el sector menos favorecido usa la violencia para poder ser tenido en cuenta.  La creación de esa reserva humana donde solo pueden estar humanos y no sustitutos fue un espacio desperdiciado, y que solo se convirtió en una estación más para la investigación del detective del FBI Tom Greer (Bruce Willis), para hallar un arma que estaba acabando con el millonario negocio, porque está podía no solo destruir al sustituto, sino también a su usuario.  Sería como si hoy al tener un Iphone, sus usuarios pudieran morir, eso sería impensable para sus comercializadores, en pleno crecimiento de este producto en el mercado.
La película en su montaje está recortada y depurada porque todo está al servicio de la violencia de las escenas de acción que proviene de la investigación y que con cada descubrimiento se hace más excesiva y rápida.  Acá el subgénero de la acción, acabó con el género de la ficción. Los personajes secundarios son solo empleados de estación de este depurado tren, por lo cual, su aparición y diálogos no dejan ningún peso real, podría estar cualquier actor más económico y con este ahorro, usar el dinero para mejorar el desarrollo de la obra. Se ve hasta postiza la barba de El profeta (Vhing Rhames) el líder de los humanos. Hay escenas risibles como la emboscada a la detective Peters (Radha Mitchell) en la que era más fácil ir hasta su casa a desconectar al intruso descubierto que llevar docenas de soldados para disuadirla de su acto terrorista. 
La reflexión del hombre y el uso de la tecnología con androides de reemplazo ya la había llevado a la pantalla gigante en 1982, con Blade Runner de Ridley Scott, una de las piezas de ficción más inquietantes de la historia del cine llena de intensidad y al mismo tiempo de meditación. Incluso fue hecha con mayor creatividad en El Vengador del Futuro de Paul Verhoeven, con todo y Schwarzenegger a bordo, con sus efectos novedosos y la exploración del naciente mundo virtual.
En cambio con Identidad sustituta esta vez Bruce Willis no pudo salvar a la humanidad. Seguimos condenados.

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