viernes, 3 de diciembre de 2010

Avatar: discurso ecológico en grande

(Escrito el 9 de febrero de 2010)

James Cameron se ha vuelto a salir con la suya. No solo ha hecho con Avatar una película de gran desarrollo tecnológico, sino también se ha convertido una vez más el número uno en la taquilla. Pero el precio que tuvo que pagar fue muy alto.  12 años de espera, con mucha paciencia y perseverancia, a lo que se suma una cifra de producción con publicidad incluida, superior a los 400 millones de dólares. En cuestión de números incluso se superó a si mismo porque Titanic su obra anterior de 1997, parecía que iba a mantenerse imbatible como la más taquillera, pero como ocurre con algunos atletas de velocidad, solo el mismo podía vencer su récord, incluso incrementando los costos de producción.
Avatar es una experiencia de introducción al universo del pueblo Na´vi y su planeta Pandora que ha creado Cameron con tanta minuciosidad, que se entiende porque ha tenido tanta demora en exhibirse.   Cameron ha hecho una película para todos los públicos, y para hacer felices a  la gran mayoría posible, hizo concesiones en su historia, pero en tecnología fue intransigente.  Avatar recibe todo tipo de críticas porque su estructura dramática y narrativa ya se ha visto en muchas otras películas: en primer lugar con el héroe elegido por ciertos designios celestiales, ignorante de su destino, que es llamado por obligación. Esta estructura del Mesías ya se ha visto en muchas películas, solo con The matrix ya tenemos  un referente cercano.  

En segundo lugar, porque este héroe que padece un daño físico de parálisis en sus piernas, ha sido un soldado de alto rendimiento, que entra a un nuevo mundo para ser un infiltrado inicialmente, pero termina enamorándose de su cultura y su conexión con la naturaleza.  Esto sucedió de manera similar en otras películas como Danza con Lobos y El último samurai, con los nativos Lakotas del territorio norteamericano en la primera y con los legendarios samurais del Japón en la segunda, pero siendo aun más estrictos, esto ya se había visto tiempo atrás en 1970 en la película Un hombre llamado caballo, todo un tributo a los indios Sioux.   Esta fascinación con las civilizaciones conquistadas por parte de sus colonizadores no es nada nuevo, ya que le sucedió al propio Alejandro Magno cuando venció a los persas, o a los romanos cuando conquistaron a los griegos. Asimilaron lo mejor de ellos, para mejorar su propia educación.
El tercer elemento es Neytiri la hija del jefe de la tribu, el personaje que acompaña y educa en el viaje iniciático al héroe Jack Sully, de quien luego se enamora. Esto es muy parecido a la historia de Pocahontas de la tribu algonquina y su relación con el inglés John Smith en versiones que se vieron primero en dibujos animados en la película del mismo nombre y luego en El mundo perdido de Terrence Malick.  Y si se siguen buscando otras referencias, se encontrarán más, como el papel de la doctora Grace interpretado por Sigourney Weaver, muy similar al que hizo en Gorilas en la niebla como Diane Fossey la zoóloga que protegía a los gorilas de las montañas  en Africa o el papel de Michelle Rodriguez como la piloto Trudy Chacon, que hasta el mismo Cameron ya había creado con el personaje de Vásquez en Aliens el regreso.  Por encima de todo esto,  lo valioso de la obra de Cameron, es que a pesar de estas similitudes, las supera y los reconstruye en un mundo  en el que logra la labor más  difícil: hacerlo creíble.  A pesar de las concesiones, logra poner su punto de vista por encima de las convenciones que el público ya tiene referenciadas.  No está inventando nada narrativamente, pero si usa la tecnología al servicio del contexto de su historia para que la pueda contar, tal y como la tenía en su cabeza, y eso lo convierte en un coloso. Sueña más allá y puede convertir su sueño en realidad.
A pesar de que rápidamente el espectador nota su discurso ecologista de preservación del medio ambiente, Cameron lo ha contado tan bien, que se vuelve valioso y renovado. Además a su manera dentro de los límites del mundo del entretenimiento,  critica las políticas extractoras y ocupacionistas de los países llamados del primer mundo que se aprovechan de los recursos naturales de los países que tienen la riqueza y que inventan guerras para apropiarse de ellos, como lo que sucede en Irak actualmente.   Justifica la curva de cambio de actitud de su personaje principal que entendió las leyes de belleza de los conquistados y argumenta una defensa en guerrillas contra los propios humanos, tal y como lo hicieron los vietnamitas del norte cuando Estados Unidos los invadió en los años sesenta del siglo pasado.  Avatar seguramente será una de las ganadoras de los premios  Oscar de este año con  gran mérito y vale la pena hacer la reflexión - así sea corta- de su discurso de defensa de los recursos naturales y la sabiduría de los pueblos antiguos que han podido convivir con la naturaleza, pidiéndole perdón cuando toman algo pequeño de ella para la diaria supervivencia.

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