martes, 30 de noviembre de 2010

Gran Torino: Clint Eastwood está un poco cansado

(Escrito el 19 de mayo de 2009)

Clint Eastwood es uno de los directores más prolíficos. Desde 1971 cuando hizo su primera película detrás de cámara hasta la actualidad, ha rodado 30 películas con solo un intervalo mayor de tres años entre una y otra. En este momento se encuentra en la post producción de “El factor humano” su próxima película que posiblemente se estrenará en diciembre. A sus 79 años es considerado como el último de los grandes directores clásicos, porque su interés está centrado en contar bien una historia por encima de los efectos especiales y el exceso de planos en el montaje final.  Es austero en sus producciones porque no le gusta derrochar dinero y además no filma muchas tomas, porque rápidamente sabe pedirle a los actores lo que quiere de sus personajes, porque el más que nadie tiene una larga experiencia frente a la cámara.
Su última película estrenada en cartelera Gran Torino es parte de este proceso continuo e incesante de producción del californiano. En ella se ven toda su experiencia, pero también se ven sus defectos.  Cuenta la historia de Walt Kowalski, un hombre entrado en años quien después de la muerte de su esposa, - la única que lo aguantaba-,  entra en su mayor momento de amargura. Es grosero, rudo, mal hablado y malgeniado. Vive con sus recuerdos de la guerra de Corea, de su vida como ex empleado en una fábrica de automóviles norteamericanos, junto a su dócil perrita labrador y sus interminables cigarrillos. La gente que menos soporta son aquellos a quienes tiene que ver con mayor continuidad: sus vecinos, quienes vienen de la China, más exactamente del grupo tribal de los Hmong, y también al padre Janovich, quien es muy joven en su oficio y recién está empezando su camino como sacerdote de la comunidad del barrio de Detroit donde vive Walt.  Todo se complica más cuando por un incidente con unos pandilleros, Thao el más joven de la familia vecina de apellido Lor, se ve involucrado en una golpiza y Walt lo defiende únicamente porque han invadido su jardín.
A partir de ahí la película avanza por tres caminos: el constante contacto con los vecinos, el duradero enfrentamiento con los pandilleros y la presión de intromisión del padre Janovich.  En su planteamiento sencillo y poco pretencioso Gran Torino es honesta y sincera. Es una historia de barrio, de una comunidad específica y avanza en la búsqueda de la tolerancia como respuesta a tantos conflictos que se desencadenan en un espacio delimitado.  En este camino desafortunadamente empiezan a notarse los defectos a medida que corre el metraje: la caracterización de Walt es exagerada, los actores secundarios no tienen fuerza, el relato se vuelve predecible, muchas escenas son clichés y las secuencias de acción no están bien logradas viéndose poco creíbles. Eastwood hace una apuesta por la naturalidad en todos los aspectos, pero esto le resta fuerza a la obra, que por la sencillez de su historia, necesitaba de actores que se apropiaran bien de su papel. Sin embargo su final es maravilloso y además impredecible. Eastwood usa todo su historial como personaje de armas, tanto de ciudad, como del viejo oeste, que logran una gran sorpresa al final.  Con esta película deja todo un testimonio actual de su visión y diáologo con ese pasado lleno de enfrentamientos, duelos y frases mortales en sus films anteriores. 

El desgaste físico de Eastwood con la puesta en escena de obras tan complicadas en su arte, vestuario, diseño de producción y escenas de acción como los relatos que hizo de la segunda guerra mundial en 2006 con  Banderas de nuestros padres y con Cartas desde Iwo Jima y también con la ficción de época de 2008 con El desafío corresponden a su necesidad de presentar una película pequeña como Gran Torino, pero al contrario de las tres anteriores que fueron en grande, a esta le faltó más ambición en su propuesta con mejores actores y diálogos más elaborados.  En su totalidad se siente descuidada y también cansada y es una lástima que Eastwood hubiera dejado así esta obra.  Eso si, es entrañable la última canción, la que usa en los créditos en la que canta con su voz gastada y experimentada.  No se perderá el tiempo con verla, porque por supuesto, aunque es una película menor, es una obra de Clint Eastwood, uno de los más grandes del cine de todos los tiempos.

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